Anchas comarcas de silencio nombran tu lejanía
A María Rosa Solsona y a Mercedes Giuffré
(POEMAS)
1
Sobre tu largo invierno levanto mi paloma para
hablarte de tu distancia
Anchas comarcas de silencio nombran tu lejana
lejanía.
Por eso atravesé con la sed mordida en la garganta
tus profundos desiertos. nadé como un ave de diluvios
con tesón de luna en la marea, hasta llegar a la otra
orilla de tu silencio.
Tantas veces digo golondrina... Mi golondrina alcanzó
la primavera.
Ahora tu historia empieza nuca atrás, donde la
luna era oasis y manzana, quieto corazón de pan
en la quietud de una ventana.
Alzo hoy mi grito de sol, como un tallo de voz
crecido desde el centro de mi tierra, para acercar-
te mi lejano fervor labriego que consagra todas
sus abejas en tu imagen aprendida, milenaria
canción de mar que ahueca en el infinito de los
caracoles. Ésta es mi lluvia, mi embrión, mi
primavera, mi tardío verano con sudor de surco
acercado a la vigilia, donde existe a un costado
nuestro huerto. Ya somos horneros o labriegos
y nuestro castillo de barro es catedral de nuestro
largo lenguaje de silencio.
En nuestros árboles brotan dulces palomas,
y ésta, caerá muerta, en una noche sobre tu
sueño para hacer que viva tu sagrario frutal
en donde existo.
El barro es de los dos; por eso la historia te nombra
con mi misma palabra.
Habitamos el nosotros como una manera de
deponer distancias, y aquí somos terminados,
empezados para siempre como una ciudad
de acero.
2
Mientras el corazón se reitera
sucesivo, como el mar.
3
La sien titila
como laten los peces contra el
infinito de las peceras
4
La cosa en sí es la verdad
la cosa es verdad
la verdad es la cosa
¿respecto de qué la verdad es la
verdad?
5
Tú; ésa es la siempre manera de mi costado
y de mi mano.
Hoy digo tú porque eres, porque desde tu
principio ya tengo tu historia y mañana
es siempre todavía como un sendero de
historia vacía que será tus veces que será
tu rostro que será tus manos.
Hoy te digo, mi voz se te parece, como una
comarca consagrada, en una actitud
de espacio para que existas.
Y yo me como tu voz, amamantado de
luna el corazón a una ventana.
Porque hoy he despertado con el sol sobre
mi fatiga, disipado el fragor del silen-
cio que arrecio, con un sabor de himno
presentido entre las manos, porque ya
fueron depuestas las tristezas y asumidas
las flores. Guardo para nombrarte,
un sótano con tangos viscosos y calientes
postergados, un rencor de esquina, de gris
vertical, y de altura recortada en el filo
de los techos, porque tú tenías el más
allá de mi ciego y ahora tu paloma revien-
ta de sol sobre mis países empezados.
Hoy es la alegría el sol anticipado a cualquier
parte, las flores aprendidas y tú crecida de
mi soledad con que tú existes, nueva y
siempre y flor y canto y yo mismo existi-
do con tus cosas.
6
Yerro cuatro veces lo que digo
luego te llamo y aprendo el silencio
7
Persigno mis cuatro soledades
Y me arranco un clavo de la frente
donde empieza el sol.
8
como la duda que asalta ante las puertas.
9
Oleadas de silencio y música se
retorcían como recuerdos de batallas.
La sonoridad de un polifónico colorido
se levantaba del paisaje
Unos agudos, otros calientes y remotos
verdes.
10
Sobre la árida ronquera del silencio que
me sube desde el vino
tu nombre infinito de esquinas y
costumbres cotidianas de hastíos
y ritos doblegados y que irá, al fin
a parar al fuego o al íntimo suburbio
de la tierra, tiembla como la luna
que se rompe sobre el agua que tirita.
¿Luna? luna porque estoy triste y porque
se me da la gana. En fin quiero decir
que leo un aviso que se abre paso entre el
diario anonimato de los gritos levantados
al mundo para que haya un testimonio
de nosotros, no importa dónde no impor-
ta cuándo. Por eso ahora yo también reclamo
un recuerdo, porque somos y la vez que
se recoge habla de largas historias ignoradas
y tal vez extendidos a mañana.
Yo soy, digo desde siempre (siempre
es el largo de mi tiempo), pero éste
es tu ahora tu aquí y tu vez en donde
empiezo
11
Siempre hay mañana y por eso si
hoy no, mañana.
Hasta siempre y desde siempre
porque siempre es la historia de los
que no tienen nunca. De los amigos.
12
En el aire de esta tierra
flota un sabor de sabor de silencio
un tibio aroma de zamba
se hace nudos con el viento
un presagio de infinitos
es un ala desde el cielo
que calla versos de historia
que nunca han tenido tiempo
levantado desde el suelo
un rumor de cementerios
en el aire de esta tierra
viene trenzáo al silencio
el quieto canto del cardo
un gitarra sin dedos
es un pájaro dormido
en el dolor del desierto
Ese dolor solitario
13
el tiempo es corto cuando tiene
número definido, como
que lo es cuando tenemos concien-
cia de él.
14
acercar a un huerto la vigilia
acercar a tu vientre la vigilia
15
Ya no hay tiempo de haberlos
sangre muerta, rota
solucionado.
16
tantearte el espanto.
17
El hambre ahueca
Las vísceras hacen buches de música
caliente, de vergüenza o miedo.
18
Me afanaba en tejerte la poesía como alfombra
para que tú caminaras sin hollarte las plantas
Con tu mano entre las manos, tiernamente
acurrucada
19
las gárgaras de arena de las cigarras
20
La mano en el espejo se me vuelve zurda.
21
La hebra digital de la guitarra
Gotas de guitarra como la lluvia
en los techos de lata.
22
las estrellas tintinean
23
El otro lado de las ventanas.
las uvas que gotea la guitarra
24
Esta noche la música se arrastra pesada y resbalosa como un
tul que arrolla. Ésta es música recién descubierta, no se copia de su
propio nombre. Nadie podrá recogerla.
25
En los suburbios laterales de esta noche, corren ríos subterráneos del
silencio. El silencio está constelado de grillos, o de chispas sonoras
o de lluvia deletreada. Las cigarras chisporrotean, tal vez titilan.
La música impregna el aire, como un aroma melancólico.
Desde esta noche a mí no hay música. Lo sé. De mí a la noche
yo escucho la música de esta noche. Pero no puedo estar seguro.
La música es mía. Pero tal vez no la ponga yo.
26
Cuando regrese de mi alma, pequeña y niña, recogeré de sus ríos
calientes algún caracol que guarde perpetuas, las olas de la música.
engarzadas en un rincón, como el mar.
27
Definida alguna cosa, cualquier otra
existe relativamente, pero si cierro un
hombre cinco veces qué continuo mío de
ser tiene, el inefable absoluto
28
cuando yo te habite madurará tu saliva
savia de sol que entonces llevabas dentro
por eso esta carta es
como viajarme por
dentro preguntándome
como por cualquier
algún viaje, porque tú
nunca.
porque somos tiempo y no
podemos quedarnos dete-
nidos y entonces para
qué en realidad tiempo
nos vamos cambiando
en las cosas y tú te despier-
tas en ojos nuevos en un
tiempo que aquí es nunca
29
en la manifestación
el genio está en el
receptor que comprende
genio es dinámico
lo manifestado es
estático.
La manifestación no
es en sí genialidad
sino estructura.
Para el genio no es menes-
ter el testimonio.
30
innumerables distancias nos ahuecan de
silencio.
un ciego nos azules todas las esquinas
y el nombre que perdemos en cada orden que
no significamos
nos destituye el inexistible todo.
del sitio que pierde el número
atrasado
el inexorable ritmo del orden sucesivo
el infinito acortado no sé dónde
nos culpa de humanos.
31
Aunque tengo miedo de
perderte aquí donde
te estoy queriendo
te deseo ayer donde
no estás conmigo
32
Esta noche, no necesito amarte para decirte
amor, amor.
Busco las sombras del silencio
para ordenar las nuevas palabras
sobre los rostros nuevos.
El silencio es un fugaz o un eterno
territorio
donde se puede derivar sin rumbo
y cualquier puerto está en cualquier lugar
del otro lado.
Es una hora, como la mañana,
en que las abejas del verso
tejen con el polen de tus imágenes
el tibio y frío recuerdo.
Tienes algo de miel y algo de flor,
y eres abeja
y eres la mañana y el polen
y el rito de la mielde vidrio derretido
silvestre y dorada como las abejas contra
el alba.
33
oquedad tambor
inexorable
farallones riscos
34
Para pensar en ti buscaré entre las uvas de la espuma
alguna de sonoros silencios
—para que puedas mirarme desde el
pensamiento—
te haré los ojos huecos, con burbujas
porque los tienes infinitos
con acceso a la mañana
35
Los sulfuros son difíciles de filtrar.
se recurre al vacío o presión reducida.
36
Los coloides no se filtran ya que el filtro no retiene
los gránulos infinitamente pequeños.
37
Con tu sola vez hice un recuerdo
han bastado tus primeras cosas,
, ahora amor mío,
de aquella última vez, primera.
38
En las aristas de un grito
los pájaros feroces de la noche han
hecho un nido.
39
la lluvia
crepita, chisporrotea.
40
Grito contra la noche,
como blandiendo un grito
enarbolando una antorcha para
amedrentar las sombras del silencio
y asesto un beso en un fantasma repudiado
y una feroz estocada
es un solo mastil contra la tarde
bato las alas, como olas,
remo,
como un murciélago sordo
que busca una salida
Y las hélices de los brazos,
como un molino borracho,
ya tienen maduro el estertor
con que temblar y gemir
cuando la locura duerma.
41
Anoche mis manos, garabatearon
pájaros inválidos,
—como tanta lluvia caída sin testigo—
no sabrás que lloré.
42
Como un murciélago ciego busco el acceso a la mañana
de este pozo de sombras.
Es la hora de nacer y el primer miedo
me asalta, despavorido como una campana loca,
cuando el vientre candado no se abre
Empozado en el último rincón inaccesible
como en una gruta que se ajusta, con mi solo
tamaño, a la espalda quizás el sol emite
la mañana, pero la noche está disuelta en
la mirada como un párpado infranquea-
ble, más extenso que mis pasos
y el silencio estruenda y no me deja tal vez oír
las quizás palabras.
A lo mejor todos se van decepcionados
por mi coraza de pozo, con sus preguntas
vacías y mi silencio en las manos,
y yo que no los supe llegados,
los ignoro también partidos y vencidos.
43
A la hora de recordarte, acomodo las mejores cosas
sobre tu nombre, para poder pensarte.
Alguna vez no fuiste muy hermosa, pero te
agregué tu propia belleza,
ya la había aprendido de ti,
¿qué importaba que un día no fueras hermosa?
Yo te amaba tibiamente,
como esas cosas que se hacen fácilmente
como ser de una manera o estar en silencio
o rezar.
Desde ti emergía un túnel para
que los húmedos murciélagos no
interrumpieran palomas.
Todo lo tenías de alguna manera,
como una ventana
y yo aprendí sobre tu cántaro
a callar
como contando lluvias
sobre el agua antigua que me remedaba
Podríamos habernos dado la mano
cotidiana
y guardarnos toda la inmensa mañana
de las plazas
Todo se volvía fácil contigo
como descifrar la música ignota sobre un
piano laberinto, y la adivinábamos.
Podríamos habernos mirado ritualmente
y como constantes extraños cada vez menos extraños
Podríamos habernos amado al margen de las
cosas que envejecen
Habernos abonado al silencio
como a un lento país donde no hay lejanía
para las palabras en voz baja.
Podríamos haber callado con el mismo silencio
Pero buscamos la forma de recordarnos
tristemente.
Por eso a la hora de recordarte,
busco las cosas de mi tristeza
y te construyo fácilmente como eras.
44
En los rincones de tu mano de paloma
mordía el halcónico amor de
mi mano de mandíbula
En el vértice apretado bebía tus
intensas mariposas liberadas
y tiritabas como las estrellas y ni el
frío ni el temor te alcanzaban
45
El frío me limita.
Desde allí soy solo
46
Para pensar en ti,
clausuro una a una las palabras viejas
inauguro algún silencio
y acomodo los nombres, sobre las cosas nuevas
Tú tienes el pelo como infinitas
guitarras relajadas
como lacios y tibios violines de
mañana
con el flojo vuelo de las gaviotas
dormidas
y la silvestre hebra de los helechos
o el musgo de las piedras
Te acorralo contra el sueño, dulcemente
y una mano se acurruca en una mano
y la otra enjuaga la ternura
en tu pelo como el tuyo.
Azul y dorada te pareces a la
primera mañana.
Eres lo que me faltaba para ser nosotros.
por eso tu nombre es el tú que me faltaba
por eso te pareces a mi alma.
47
A la hora en que las estrellas tiritan
con los latidos de los grillos
48
He quedado. Por eso estoy solo
como el último en morir.
Todo he perdido.
Nada es solo, todo es desolado,
49
Llamé por teléfono y estaba ocupado
pensé que tú estabas hablando con él
me apretaba el alma la sospecha cruel
50
Y la mañana me entra por la boca,
tibia o gris
dorada o espesa
como los lentos o quietos silencios sin costas
avisadas
JORGE LEMOINE Y BOSSHARDT