(POEMAS)
1
Estoy en un café y está en una esquina. Tengo mucho papel. Traje todo el tiempo y tu imagen de plenilunio enterrado.
Escribí primero el sobre y lo miro como para ya haber llegado, como para ser antes que nada adentro tuyo. Conservamos las imágenes y todo crece alrededor.
Eso quiero contarte. Bajan relámpagos por mis venas a beber el día. Mis manos regresan del tiempo con copiosidad de palomas pero más de cerrojos, de clavos, de desesperación endurecida (madurada). Hace tantas caras, tanta sed, tanta presencia, tanta recogida luz muriéndonos, tantas cartas hace que no te escribo, o mejor que no sabes que te escribo. Hoy es tarde. El tiempo siempre ha sido tarde. Nosotros hemos sido siempre nunca. Hoy te escribo desde el peligro, desde el asco, desde la esperanza ciega. Éstas son palabras. Yo vivo contento. Sonrío todo el día. Pero siempre debajo, siempre adentro, retrocediendo raíces. Te recuerdo porque un día, porque tanto nosotros, y ahora que todo es nada te lo digo. No quiero romper los ritos, nunca tuve.
Transpiré estrellas, recorrí veneno, trasbordé el herrumbre, mis huesos que sostienen el mundo.
Yo no creo en mis ojos, creo en mis sueños. Y ahora me pregunto si habré olvidado del todo que por los ojos vos te pareciste a un sueño, y después habías sido siempre antes de la luz. Nos resbalaron las ventanas, nos inundó el recodo, nos retorció la hora pero fuimos salvajemente.
Mi voz se descalzó tantas veces en silencio.
Yo me dije que fuimos como los gusanos: infinitamente. Por eso nos reservamos para el final. No hay final. No.
El principio es un testimonio de repente. Se nos agregaron las bocas, las esquinas, la ferocidad metálica de los ríos. Ahora han pasado muchas palabras. No morimos con ninguna.
A veces admitíamos la tierra, nos besábamos, llorábamos, temblaban las raíces y tascaban piedra los volcanes arreciantes por adentro, se hinchaba la sangre. La luna espoleaba la espuma. Queríamos crecer, morder, gritar...
Callábamos.
La hora de la noche fue siempre la de llorar la mañana.
El tiempo no nos sirvió sino para morir. (Fijo denuedo de la nieve.)
Yo te escribo, asumo la traición, esgrimo el peligro. Digo que siempre te extraño, es cierto.
Las palabras a veces son más que nosotros. Yo sé que me extrañás. Yo sé que somos obedientes, accedemos a las cosas más duras, maduramos, nos pudrimos, nos caemos, siempre somos el tiempo de la rosa. La vergüenza, somos una torpe actitud humana. Inventamos dioses, perdimos la cuenta de nosotros. Todo eso pasamos. El canto se descalza mi sangre de guitarra, tu cara el hueco de mis manos.
Llevamos cada uno mil nombres colgados de los días.
Mi sombra se parece a tu insomnio o a tu sueño.
Todas las cosas crecen de las palabras.
Escribí de azul, hice sombra con mi espera, me alcancé en un sueño. Ahora me busco por si acaso en tus días quedé más de lo que hoy, de lo que yo, de lo que aquí.
Tanto anduve por la veta, por la voracidad numerando alquitrán o carbón final. El oxígeno se enhebró por mi corazón de molino sumergido. Recuerdo el tuyo como un cerrojo de oro, como un gorrión maduro agitándose y ciertos instantes en que el tiempo nos daba la espalda y no supimos crecer. Caminábamos, cruzábamos bocacalles y mil tal vez nos cerrábamos. Ahora tengo dos infinitos en la mano: esta carta o no. Ése es el único indesnudable rito. Elijo y renuncio. Descalzo mi silencio, arreo mi grito vegetal, levo anclas la piedra que remonté poco a poco asumiendo la perpetuidad con mis dientes. Ahora mi actitud es de azul. Mis palabras me parezco a todas las que fui, a todo el silencio, al carbón genital. Accedo a la veta desamordazada.
En el alta mar de la noche, tu imagen junto a las otras, recojo mis manos.
Yo quise verte pero eso habría costado sueños y los únicos castillos fácilmente derrumbables son los propios.
Ahora pienso que el secreto es menos doloroso. Me encomiendo a vos como a la tierra. Quisiera que me escribieras desde antes, por qué no. De todos modos no todo lo propio es un derecho y esto tal vez es más tuyo que mío.
Por eso te mandaré ésta en vez de romperla como siempre.
No quiero irrumpir con hachas. No quiero demoler tu sonido de naranja que llevo siempre en los bolsillos.
Un poco me volví caracol.
Ahora se me hace tarde. Siempre se me hace tarde. Es verdad que el tiempo siempre fuimos tarde. Chau, te quise, asumir los verbos en presente es siempre demasiado lámpara, demasiado ser. Chau Cristi lámpara, chau Cristi agua, Cristi nunca, perdoname si te hice sentir vino o veneno, yo siempre te guardo pan, y con los derretidos altares desmentidos hice un sagrario para la rosa y tu recuerdo.
Confieso desnudamente que me gustaría que esta carta te hiciera llorar, gritar o matar, porque todo eso soy mientras lo escribo.
Contame algo tuyo, y si tenés, algo mío. Contame los nombres, las manos, los umbrales, la vigilia, las caras que madura tu piel, tus vainas, tus lunas y tu savia. Yo no te hablo de ella porque no se merece mi brújula carbonizada, tal vez, veneno.
Espero a vos haberte hablado aguamente, limpiamente. En este momento me siento ciénaga o mierda, tengo tus manos roncas y el sonido amargo.
Quisiera poder secarte con palomas las sombras que esta carta pudiera crecerte sombras la sangre.
Sos tan eras y eras tan ventana.
Siempre es más tarde. Chau antes de que me pisoteen los relojes o que el musgo me pase su cuenta planetaria.
2
Sobre la tabla tibia y mística
de tu cuerpo
se agacha mi alma suavemente
y emerge de la niebla
como una mano de patena
con el sabor a tibio de
tu imagen rescatada
como un cachorro de
hostia blandamente
entre los dientes.
ése es mi recuerdo,
bajo con un vientre de
beso hasta tu gruta
en mí
y vienes detenida,
desde un instante que
guardo.
3
Me bastan
las dos teclas de tu pecho
para cantar sencillamente al amor.
4
tartamudeando de a sorbos la
poesía de la sangre.
5
cebolla: te pareces a los ecos de una
piedra sobre el agua.
6
Tu pecho de iglesia un día
tramará la misa
y tu alma de templo
7
Ahora que estás en mí,
recuerdo los días por las cosas
8
Poco a poco te vas pareciendo
más a mi alma,
(Los ecos de una cara sobre
el agua
se asemejan a la voz
de la cara reflejada.)
ya no pasas,
simplemente llegas
y creces
ya no tienes cosas parecidas
al silencio
poco a poco pierdo la noción
de no saberte
y va siendo suficiente
tu silencio
para el silencio.
9
El polen de tu mirada se esparce sobre mí
como un humo de
incienso
Nieva mi vertical como una hora de miedo
o de vergüenza.
Tu mano es un candelabro de alas
Tienes los dedos encendidos de alma
Siento el monólogo de mi amor
si pudiéramos hablar
El corazón, de frío
marea contra los muelles de una
puerta eternamente cerrada
Siento que a todo le crece halos de vapor
He perdido la forma de tus miembros
Ahora ya no sé dónde está la caricia
tu sonrisa cae a mi alma como un
helecho de nieve
La noche tiene un gesto de Dios
Tu beso me dejó un sabor de pianos
una líquida sirena comienza a
llegarme de tu alma como una ola
lejana
Cualquier cosa se ha vuelto obstinadamente
corazón.
empiezo a asirme ritualmente de tus barandas
(náufrago de aromática ebriedad)
otra vez vuelven los límites
tú que amordazas mi soledad
te petrificas
el frío ya tiene importancia
Tengo un murmullo dulce
arrumbado cerca del corazón.
Intermitentemente vuelvo del humo
a mis rituales muros
Qué soledad de los frascos del perfume
resucitado.
El viento se lleva el humo
como se diluye un escalofrío.
10
Como pájaros lentos de mullido estar
tras una hache afónica parecen ni volar
Tules blandos helechos desdentados
(simultáneo mundo
atrozmente bilateral
parecieran engrillados al silencio de sal
esto es una ventana a pájaros que no han
sabido bajar
11
Las lacias hebras del fuego
Se doblan sobre mil, itinerarios de
música
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siempre pienso con palabras,
porque las cosas no son para sino por
mi voz es la sombra de mi alma.
13
Dormida eres como una guitarra dormida.
tu mano acurrucada como un corazón apagado
tu pelo chorreando ya detenido
como hebras de música.
Dormida eres pequeña
Dulce sin que seas dulce
Dormida estás callada
mía infinitamente
como un pájaro blanco muerto.
14
Porque el viento conoce el pulso de los pájaros
corazones con hojas.
15
Las palomas de tus manos
como tibios pianos de pan
gotean a mi alma como
guitarras de silencio,
ahora que eres eras garza de fruta
el campanario de tu corazón
es un reloj de puño
16
vienes a recoger el tú, lentamente
lleno de horas de amor
sin nombre.
guitarras de oro y cielo
de los ojos de agua
más allá de la mirada
tu alma transparente
tu alma transparente
se ha quedado en mí como
un perfume o un puñado de música
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Todas tus cosas y tus lugares
tiene de ecos del olor de tus ojos
más allá de tus manos
tu corazón de pájaro de piano
se acurruca
como una campana
de vientre
y más hacia mí de todo
tu silencio es un grito
redondo para mi alma
sin palabras
yo te miro a los ojos y tú
ignoras que te miro como
te miro
18
Toma mi silencio. Son tuyas todas
las palabras
toma el silencio como una mirada
o una mano callada
para poder decir mucho más que
una palabra
19
Tú me has dicho esta noche que no vas a
quererme.
Yo escuchaba a lo lejos
resplandor de voces.
Las cigarras y los grillos cribaban
de arena
20
Las palomas de tus manos
como tibios pianos de pan
gotean a mi alma
guitarras de silencio.
Ahora que eres, eras
porque todas tus veces vienen contigo
hasta hoy.
Garza de fruta
21
Me ha quedado tu perfume de poesía
como una mueca añeja de los ahora
ya antes
Diariamente tu imagen llueve
a mi alma
como un otoño ritual de muchos
siglos
y no me sorprende.
he guardado tus ecos como un caracol
Yo sé que te andarán otros barcos
otras quillas y otros remos te trazarán
nuevas olas
otras lunas de amor
otras gaviotas irán a indagar
en tus médanos
otras costas y tú que has llorado
por mí olvidarás la música
de mi sabor a madera
y yo que te olvidé
viviré con el rumor de tu sal en la
sangre
porque mi alma ha quedado detenida
en tus instantes
y mi corazón alcanzó la eternidad
como un caracol.
22
Es cierto que muchas veces
el mundo echó en el estanque
de mi alma
un nombre,
y la luna de tu imagen tembló
como una paloma desabrigada
pero ahora que el estanque se ha secado
el corazón hecho de luna
me amedalla el alma
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si alguien me pregunta por tus
manos
no diré como siempre: son palomas
pero puedo responder que ya han volado
porque yo las asusté con otros pájaros
pero si alguien insiste por tus manos
qué puedo decirme (si yo soy quien me
estaba preguntando)
sino que sin saber que eran tus manos
ahuyenté dos palomas de mi lado.
24
yo sé a quién pertenece el hueco
de esta ausencia.
Y eso es lo más triste
tener tu nombre y no poder
llamarte.
25
Debo decirte adiós sin que hayas llegado
Poco a poco todas las cosas de las veces van cayendo
debo clausurar tu imagen como un sótano
pero no encuentro un
candado
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Mi alma se amamanta de
silencio en tus ojos de
pájaro y de luna
27
Cuando se seca el río y deja desnudo el lecho
Como un rastro de plantas de agua
queda el cauce que repuja el suelo
como una cicatriz de aguas pasadas.
Y cuando en el suelo desabrigado de ríos
el filo de alguno socava una herida
cuando la primavera pasa se ve desvestido
el canal barroso, sangre dolorida.
Yo no vi tu alma ni me fijé en tu cuerpo
quizá ignorara tu fealdad o hermosura
y mientras no sabía guardaba en mi
silencio
la huella de ti como un racimo de espuma.
Nunca tuve tu imagen verdadera
Quizá no fuiste como te tallé en mi mente
te imaginé sin pensar nunca cómo eras
y el conocerte no me fuiste diferente.
Por eso cuando pienso que te vi antes de verte
que sin recordarte, como eras, te había imaginado
me asalta la pregunta: sin saber que existías
¿te estaba yo buscando?
28
Con la harina de tu voz yo hice el pan de
un cuerpo
29
Tu fuiste un barco en el mar de mi mente
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porque quedarás en mí como la estela de
un barco
ya serás sólo la huella de un día
Porque fuiste tanto como lo que he soñado
Aunque quiera borrarte olvidar no podría
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Por eso no te olvido, ya te he olvidado
te supe tan poco que fuiste sólo una idea
y como la ilusión que has sido te seguiré guardando
como guarda aun borradas el mar las estelas
Por eso no pude recordarte y te olvidé
porque para tenerte cerca el olvido bastaba
porque el recuerdo tendría que coseché
y olvidando queda lo que yo soñaba
Yo no conocía despierto aquel sueño
todo fue ilusión hasta que conocí
por eso yo vuelvo a soñar y me duermo
y olvido tan sólo que un día te vi.
Ése será siempre mi olvido
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Yo nunca te tuve pero te perdí
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No puedo pedirte que vuelvas porque no has venido
No puedo reprocharte que te fueras, porque nunca estuviste
Pero aunque nunca te tuve, puedo decir que te he perdido
Porque a la meta de un amor no mío, fuiste.
Yo no pude hallarte
Yo te veo perdida pero no te has hundido
encontraste el puerto hacia el que tu rumbo hiciste
estás más distante sin haberme evadido
seguiste la lejanía, aunque no me huiste
34
Vistas de lejos las cosas son lentas
existen las demoras cuando las llegadas ya
fueron
sin embargo ahora que estás lejos fuiste
con todas tus horas, lo que esconde un
parpadeo.
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agregarme a ti como la lluvia
se envaina en los hormigueros.
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No existen entre los dos cadenas
no estás atada a mí sino lejana
más y te llevo puesta como piel
yo sin cadena te llevo cual medalla.
37
unos llevan el peso de una cruz.
la cruz del mandato: "No peques"
la cruz lleva el peso de los pecadores
de los que la olvidan y desobedecen
y ellos creen no soportar un yugo.
Pero esos mismos llevan el peso de la cruz
la cruz les pesa con dolor de sombra
De los buenos la sombra de la cruz es luz.
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Al horizonte se le helaban
los bostezos
y mi alma estaba también
nublada y llovida por
fuera, dura y fría y
valiente como un techo
y por dentro el cofre
de un hogar, donde tu
imagen se
deformaba y corregía entre
las olas y cabía con el
cadáver de las horas
y las cosas, con la eterna
estación que hay en la
tumba
burlándose de tu fugacidad
de túnel
llorando la brevedad
de tu cementerio
mi
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Quiero quererte porque existe lo que quiero
porque anclar mi amor es un río dicado
y me es tan fácil quererte que mi amor
no empieza en
mí
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se acostó, azotado sobre
la cama
el viento arrastra su efe
41
El tiempo arrolla desde el hielo al fuego
ayer es la hondonada que escala
hasta lo llano
lo llano es el presente el no sentir, lo humano
mañana es la llama el camino a la cima
que será llano y valle luego
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Eras un burbuja de cristal,
purísima,
y mi ceguera era cierta,
donde tú existías
y estabas tan cerca
como quiero que estés
y las cosas tenían tu forma
como quiero ser tu cincel
Eras tan grande,
que no te vi ventana
y me acerqué a alguien
y nos gritamos a través de ti
como separados por la voz
que descicatriza los labios
y nuestras voces de orilla
tenían el rumor de tus olas
como el fondo tiene
lo que el agua da
y gritamos tanto
que nos arrojamos a ti
como en un abrazo de presos entre
rejas
y luego del abrazo desatado
rescataba mis brazos
extendidos
y resucitó el abrazo al engancharme
con tus veras
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Me gusta tu alma de campana
porque puedes decir cuando quieren escucharte
el timón de un cadenazo
decide tu desdique
y se hincha tu
me gusta que pueda despertarte
mi golpe
me gusta que puedas lagrimear
mi hacha
44
Camino, digiriendo el frío
hasta que la sensación es un grito
y tengo gula de dolor
y sigo solo y sordo dentro de mi silencio
islando en mi pensamiento acústico
donde todos son ecos de palabras antiguas
lejos de las playas de las voces nuevas
lunando en el firmamento de un mar de
recuerdos
de palabras nuevas de recuerdos nuevos
de cosas viejas de recuerdos viejos
viejos como el día en que dejé de no esperarlos
45
Desde el cielo del suelo
nos desmoronamos
hasta el fondo del
cielo en una ascensión
como de burbujas
46
Los colores de las cosas tienen hoy
el gesto lustroso de los muebles viejos
y desde ellos el olor a antes transpira
como el alma se evapora de los
cuerpos
como la mirada se alumbra desde
los ojos
y la melodía de las formas
curvas
y la monotonía recta
de lo que se conoce en un instante
está rancia de herrumbre
como un canto agrio de
arena y espinas.
Tú eras en tu existencia de espacio
posible de abarcar
y se te agregaba el tal vez de ti,
ocupada
y se arrastraron en tu suelo seco
los harapos de los ríos nunca
cantados desde las bocas de las fuentes
que existen en el alma que por ellas
existe.
Estoy comprobando la raíz del hacha
que nos sesgó
La nube desde donde llovió el
acento que disolvió el diptongo
en que nos tejíamos.
Hicimos un nudo sobre otro, ciegamente
y los cabos de la cuerda desanduvieron
aquello en que yació nuestra
lejanía
nuestro beso reversible
se rompió, y supimos entonces
su fragilidad de ceniza
así como el pellejo de brillo
en la madera ayer muda y opaca
se ató en nuestros
costados consecutivos una libertad
inevitable
de nosotros y estamos encarcelados
en esa libertad indesterrable
inabandonable y solitaria
que vimos amanecer poco a poco
en el horizonte de nuestras horas
ya muertas como el buzo que
vuelve desde el fondo del mar.
Y yo aquí estoy apilando la reliquia
de los momentos en que
negábamos este hoy
comprobando el talón de nuestro
abrazo, cerrando los ojos y
viéndote, porque me alzo
desde mis ramas caídas
como un olor vegetal
para besar tu lugar vacío
y velar el tuyo y mi cadáver
de hoy
y vemos pasar ayer hasta que nos
disolvamos en mis lágrimas
y nuestro juramento
naufrague en mi llamado
gritado y en el vacío que aturde
fingí llamarte, con la voz
ronca de callos
47
mis manos avaras extendidas con la sed eterna
hecha labio en la boca del que murió
de sed.
48
Tus manos suenan a flor
como los caracoles
y un día echaré a beber el rumbo redondo de
mis manos
(la fatiga del pájaro errante)
en tus manos de caracol
Doblaré recodos en tu garganta
Hasta encontrar mi cruz o primavera
entre el mundo que te has tragado
como una ciudad submarina.
Entonces te remontaré las horas
como un náufrago en delirio
buscándonos el canto o el embrión del
canto
en el íntimo rincón del caracol
Allí nos viviremos
como emprendiéndonos
como suicidándonos un poco
pero dulcemente
en el olvido que extendemos a la
espalda.
¿Cómo podríamos no tener antes?
Y sin embargo diremos por fin,
diremos ahora
sin mentir sin renegar, sin callar
Y sin nombrar ayer.
Sonamos a flor como la tierra
sonamos a Dios y a tiempo
como los cementerios o los vientres
(sólo un ciego de por medio).
Sonamos a flor como la tierra
e invadiremos
a lluvia y sangre
la soledad que nunca
se cierra del todo
hasta irnos por la flor como la
tierra
que ha sido flor alguna vez en todas partes.
Echa tus manos aunque te duela el
día
detrás de toda senda se cierra la tierra
hasta que el olvido ya no duele porque no es recuerdo.
49
De tus piernas crezco
como el agua que grito
en las venas de la tierra
De tus piernas caigo después de
remar en tu locura como
un náufrago. Hasta allí me acerqué
con mis palas de sangre y madera
con mis arietes desbocados como el
mar. La luna nos empuja. En la
vaina se rompe tu soledad de altura
la flor alas de campana existe en la
abeja convocada.
y luego bajo por tus piernas como los dedos
de la lluvia a besarte los pies
JORGE LEMOINE Y BOSSHARDT
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