Tenemos la voz cerrada entre las palabras y el alma

A Graciela Cristina González Reyes

 

 

 

 

(POEMAS)

 

1
NUNCA

Este rotundo espacio
es mi actitud de infinito
en un punto
adivinado un presagio de siempre más
allá
como una inmensurable longitud
circular
de historia vacía hacia mañana
siempre.

 

2

Yo soy la vez del mundo
Yo soy mi alrededor
porque todo empieza con mi
testimonio.

 

3

Este día total y circular
tiene dos relojes completados.
Todas las maneras del sol
repartidas en la eterna infinitud de
una tácita esfera.
Este día es de todos en alguna o en cualquier parte

 

4

Digo que te recuerdo ¿y sabes por qué?
porque todo lo recojo de tu nombre
esta tarde,
porque tengo la tristeza partida hacia
tu alguna parte,
Por eso digo que te recuerdo,
porque eres aún en veces que ya no tienen
ahora
y estás en el fervor de todos mis todavía
un poco de mis ámbitos consagrados
que en estas tardes grises
raspadas de trajín mundo y esquina
en un tango caliente se llaman
melancolía.

 

5

Con el vientre valiente
donde el rincón más íntimo
es un techo lateral o una trinchera
desollada
lacerado de algebraico ladrillaje
media res mural
y lepra improrrogable del acero
yace su resurrección sin derrota
ni embrión
tan sólo un pagano presagio de altura
un viscerado baldío
ronco de sólida sangre reseca
y rituales devastados
de espacios que ya no tienen medida.

 

6

Inconcebible encaje
coagulada música sin testigo
tan sólo para una tarde gris.

 

7

Entre el raspado y agrio gris vertical
otro gris de cigarrillo
cabido sobre el filo regular de los aleros.

 

8

Desde la noche total una luciérnaga
es la duda de no estar ciego
Hacia dónde tiro los anzuelos
si no tengo el rastro de la idea.
como una luciérnaga
no me queda sino un ciego de la idea.

 

9

Un gusto de suburbio se me vuelve
canto
cuando tengo entre las manos
un himno que es trofeo
traído de tu íntimo suicidio sin
abismos
como un eco o un aroma
sonoro de mar en los caracoles.

 

10

Sobre tu almohada se derriten
perros de infinito y sombra
largos pájaros de silencio

 

11

Mi silencio es un poco tu silencio
Mi voz es un poco tu silencio
donde mi mano es lejanía
o un tal vez no presentido
donde se congelan fantasmas
de remotos lenguajes

 

12

Ahora tú eres un largo tal vez
donde yo nada pregunto,
sólo te imagino sin pretender adivinarte
porque me basta para el sueño con soñarte

 

13

El trajín del lunes te doblega
tu libertad tiene costados infranqueables
y tu acero interior es de madera
con el acero de afuera
por delante
Un rictus de espacio te agiganta
(pero el largo sueño derogado)
sometida de esquinas y semáforos
y el albedrío ahorcado en la
garganta
con los ojos lastimados te confundes
tu verdad humana con costumbre

Y en el fragor del silencio cotidiano
has inventado una voz para la gente
otra manera de tu rostro equivocado
Y no te conforma el dogma de los
trenes
ni la obscena saciedad de los lisiados
y sucumbes a la consigna irremediable
de ser sin decidir dónde ni cuándo

Sin quedar nunca pasarás por todo
yo tuve tu vez, déjame que te lo cante
aunque sea sólo de este modo
porque yo tampoco quedo aunque tú
pases
te devora la ciénaga del mundo
con su alarido vertical de cal y luces
ya mi silencio de sótanos te
aturde
y te asestan su trinchera los balcones
y tú tienes un balcón pero qué importa
que los otros también sean cada uno
No es rito ser la gente de los otros
pero un poco pagana te arrodillas

el trajín del lunes te devora
como un ritmo regular de hacer el todo
en batallas sin pendón ni religiones

Pasarán tal vez tú misma pasas
por el diario lugar de la batalla
tu infinito final no tendrá nombre
porque habrás muerto en la guerra
de los
hombres
un huerto es el campo de la sangre
que será, pero nunca cementerio
y soportarás con la frente tu anonimato eterno
de haber muerto sin nombrar
cuándo ni dónde
y sin que nadie testifique que te has
muerto
aunque sea para ser dudado nadie

 

14

Éste es un canto para que tengas tristeza
de mis cosas,
porque yo tengo tu tristeza
y quiero que te quede un sabor a mis
palabras
como un remoto sonido de costumbres
viejas.

 

15

El tiempo inapelable. inexorable

 

16

futuros recorridos

 

17

Ahorcó un reloj y las manos
empezaron a girar con los
latidos del reloj muerto
como molinos

 

18

Tanto silencio he recorrido
Tanta soledad he sido
que hoy me bastan estas pequeñas cosas.

 

19

Estuve mirando largo rato
el infinito blanco del silencio
con la voz azul de guitarra sin dedos
como una calma sangre para el surco blanco
la voz hacía un remanso por dentro
agazapado el potro del grito de barro
y canté tanto y callé y callé tanto
que el alma se comía las estrellas como un
hueco
Era la tristeza estaba la noche de los otros
los gatos del viento peregrinaban su estopa
y yo seguía un poco loco y un poco...
(tal vez nunca sepa cuándo dónde y qué
a esa hora
turbia)
¿Quién recuenta el delirio o la cordura del que solo
no deja ni el testimonio del verso en la locura?

 

20

El íntimo trajín que medra
vertical en las vísceras de los tallos.

 

21

Quiero contarte que todas las tardes
son un poco tuyas
que alguna esperanza siempre se te asoma
como señalando el rumbo de la lejanía

 

22

Para comerme tu tristeza
para comerme el insomnio de tus manos
todavía se me acercan tus palabras viejas
donde fuimos y quedamos.

Para comerme tu alegría
Para llenarme de tu primavera
La misma paloma de las palabras idas
con un ramo de flores se me acerca

Yo quiero enviarte mi palabra nueva
para hacer un nido de sol con tus espigas
donde el invierno también es primavera
tal vez por tanto haber sido golondrina.

 

23

Y un pánico anterior de callejones
en la persecución alucinada en el delirio
arrollado por detrás de reflectores
como una ola que rompe al infinito
Suburbial acecho de zaguanes
el paso empujado por navajas
y la duda de morir en los umbrales
o chocar en una esquina con la sombra que
me alcanza.

 

24

Ah tu rueca frutal donde te enrollas
alrededor del hijo

 

25

...y seremos aún vaciados tantos ciegos...
qué puedo dolerte
el andén sin vigilia de tu vena
una lejanía que me alcance
un silencio que viva mis palabras...
tantas soledades te esperas en la gente
tu costado es alguien siempre
alguna vez alguna parte
qué puede morirte mi ciego
acortado por la gente.
Ni siquiera mi pobreza de pensar
que acorto un ciego.
qué puede vivirte mi ciego iluminado
qué pueden vivirte mis manos sin raíces

 

26

Manchas de luna llevas en tu
pan

 

27

Tengo la sangre llena de tus pájaros.
y la boca espumosa de piedra y nube

 

28

Estoy sentado en tu escalera y pienso que me estoy asomando a las mil posibilidades que son los tal vez que yo solo no puedo contestar.
No quiero desencadenar ningún tipo de conflictos que no me son derechos, por eso, y por un poco de aparente discreción apelo a los papeles en reemplazo del timbre.
El motivo de esto no es más que seguir adelante con nuestra charla interrumpida tantas veces o no empezada todavía.
Ya no hay "caballero de la Rosa", por eso tampoco hay mañana que no deba ir yo a buscar.

 

29

Al entrar, me acometió ese sonoro
hueco de silencio que retumba
en las iglesias. un fragor de catacumba
se levantaba remoto como un último coro
Las velas estallaban múltiples en el oro
reconocí el miedo infantil que me zumba
a veces como el presagio que me sube de la tumba
de las viejas armas o de los tesoros.
Entonces me debatía como los suicidas
Los espejos del eco me repetían en las naves
tuve en mis manos el número exacto de mi
vida
Me acerqué a un santo cualquier santo,
y pensé: señor he venido a que me laves
Se me alargó el suicidio por la sangre, y
me llené de espanto.

 

30

Me descalcé el mundo me cegué los dedos
me desnudé el mundo
cerré cinco ventanas en muro
ciego por ciego
ya sabía silencio
ya sabía negro
por eso silencio negro
por eso todo silencio
y la vigilia en un punto
en silencio de silencio

 

31

así estuve tanto tiempo
y después así
y siempre de alguna manera
Y nunca la verdad no era otra cosa que como

 

32

En el barro original
en el barro de sangre original
haremos la colmena
que nos sobreviva
Hay un mar
un mar que un poco somos
y otro poco nos naufraga.
en el punto solitario
donde el mar es un candado azul
de acecho giratorio
construiremos naves que se nos parezcan
que hablen de nosotros.
para echarlas a flotar
sobre el mundo que también
nuestras cenizas.

 

33

Ya nos estamos remontando el silencio
el acecho nos acorta los ojos por atrás
tenemos la voz cerrada
entre las palabras y el alma
y nos estamos secando
como peces desterrados.
(Ya nos vamos buscando el adelante
cada vez más inmediato)

 

34

Asómate a mi voz
como a una rama donde están preparados
ya todos los veranos.
Todas las palabras hacen el silencio
como una tierra marina
donde mi insomnio echa redes
de campana.
asómate a mi voz
como la íntima lluvia
total sobre la tierra
mi garganta de semilla se
desquicia
grito de flor en el cuello de la tierra
Todo será dicho sobre ti
asómate a la tierra
a beberte mis veranos de voz baja.
mi silencio de caña se destapa
(como un espejo)
esperando los dedos que eres viento
para que abras mis palabras
como un testigo.

 

35

Iré a buscarte los días
a poblarte las horas
a urdirte la sangre
como una ciudad nocturna

 

36

Historia es tiempo. desde ti
anticipado el rostro a cada día
anteponiéndole rostro a cada día

 

37

Tu imagen revolotea como un remanso sobre mi arena.
Los pájaros de tus olas navegadas vienen a recoger sus plumas
pero mis botes no pueden encontrar tus alas.
El mar revolea una ola.
tú tienes olas detenidas
con himnos de peces disueltos como hojas en el viento.
Yo lluevo sobre ti y ocupo tus intersticios
La noche revolea nuestro beso, segrega una palabra lenta
que queda revoloteando como el remanso de tu imagen,
No necesitamos buscar el beso
Es una chispa que emiten nuestras piedras
El beso simultáneo de nuestras indiferencias cae como la noche.
Nuestras bocas se toman las manos,
nuestras manos se besan
mientras somos mano o bocas y voy a comprobar
en ti los dientes de mi forma,
mis límites exactos, y tú te empapas de tu realidad
de valle.
Tu imagen revolotea como un remanso, mientras los
dientes del cántaro
depositan su presencia tácita, como el eco que revolotea.

 

38

Eres silencio, sin embargo, te hablo a veces
como ahora.

 

39

Las sombras son testigos
de las cosas

 

40

la noche está desorbitada

 

41

te trastabilla la garganta para mentir
que no

 

42

Desde aquí y ahora
medraré en los pasillos de tu savia
para que cuando yo, que también soy el mundo,
pase por tus hojas como el viento
a recoger el eco que te dejara latiendo mi alarido

 

43

A ti que estás llena de sol
como una iglesia de oro a la mañana

 

44

Tú que eres la otra orilla de mi silencio
Ese rumbo milenario que me empuja desde razas
y tormentas

 

45

Para tu voz de madera y tu corazón de casa
mi silencio se hinca,
como una devoción de rezarte sin palabras.

Porque un púlpito supremo te señala
mi vela sin timón se te arrodilla.
y la mejor manera de mi mano te la alcanza
Y ese rastro que dejamos a la espalda
esa estela dimitida
es testigo de una mano inaugurada

un lanzazo de sol le clavaré a tus sombras
y arrasaré luego tu silencio
y te clavaré mi luz con una antorcha

Y por tanta soledad que ahora te empoza
te encenderás por dentro
para mitigar una espera de mil horas.

Y para tu mano de paloma y de guitarra
y para tu carne de miga
este fervor de raza

 

46

En el fragor de la tristeza lenta y tibia
suelo llorar y nombrarte,
y agitar los brazos de mi corazón como las hélices
de un molino borracho de tormenta o una golondrina cansada en el medio del mar.
La noche ya me llega al cuello
y nado para llegar al otro lado de la noche
con el silencio clavado al medio de tu rostro;
Nado como ninguna tarde en tu boca
en el pájaro nuevo que aprendía a volar el beso
Si tú supieras lo que es cruzar ciego y a tientas
los inmensos territorios de silencio y de soledad
por las noches sin luna y sin barandas
mordiendo los ojos con los párpados
apretados de fervor sin fe
Y las manos cerradas sobre el lugar que no tuvieron
las tuyas.
y el nombre tuyo dicho a veces
ronca e inconscientemente como susurrando: Dios mío.

 

47

Tú que pasas a recoger mi poesía sin rostro
que desmantelas un ídolo que es mi apostasía
tienes hacia mañana mi azul melancolía

 

48

Recuperar de algún espejo mi cara dejada atrás

 

49

Ésta es una nave al silencio

 

50

Esta ciudad cualquiera
de remotos rostros cotidianos
resueltas todas las maneras del cuadrado
con digestiones de nafta en las esquinas
y la garganta progresiva de motores

 

51

Campanecido

 

52

Un arco de sol que se suicida
una curva de canto que se rompe
una mano desbocada de gacela
algún tigre sospechado y un espanto.
un agobio de garganta,
alguna caña obligada hasta la tierra
Un campanario solariego sin domingo
al medio de un rostro ya infinito.
¿quién llora tanto en mi recuerdo
que mi tristeza es un olvido?

 

53

Pregunto una mano tuya.
¿Por qué la ruta de la primera golondrina?
Desde una costa remota
tal vez una respuesta no se pueda golondrina.
Pregunto tus manos
como escrutando con un grito el vacío de
una iglesia
sonoros de silencio
los hondos huecos me contestan
Tu mano es un lugar para tu mano.
Pero tus dedos

 

54

La onda bucólica que es humo desde el vino
un pavor de sombras y molino ciego

 

55

Cuando leva anclas la luna de tu sueño
y el barco de tus ojos está en la medianoche
esgrimida la mano más íntima
lista, como una abeja, para tejer con el humo,
un telar fantástico es tu libertad
y tus alas infinitas tienden velas.
A veces yo también abandono mi ciudad
olvido la carne contra un gesto último
y algunos pájaros que no tuvieron tiempo
quedan auscultando silencio.
Los ojos acantilados
, puertos de nave sin testigos,
siguen su vigilia olvidada de centinela dormido
Ya las consignas del mundo no me alcanzan.
mientras braceo entre ciénagas de niebla
con un remanso que me llega al cuello,
abiertos ya los cepos de mis ídolos
que se sacuden el olvido de dormir mientras el mundo.
Una noche te aprendí,
un ciego me enseñó a mirarte
y cuando los duendes del sueño volvieron a sus cuevas
y la carne sorprendió mi lucidez atónita
te pregonaba un canto con tu nombre
y ya todo el día fuiste oficio.

 

56

Siempre recojo las tardes desde más atrás de los ojos.
mi voz está antes del mundo
y ése es mi silencio
una ventana empañada
o tal vez la tarde siempre sucia.

 

57

y en telares de guitarras sin testigos
tejerte una estola de silencio que te abrigue

 

58

En las tardes desteñidas, melancólicas,
me siento a un telar, quizás de poesía
y desde embriones remotos florece un huerto
con cierta vaga ausencia de otras tardes limpias

Esas tardes espesas de silencio tibio
y la tristeza azul, sin pena, que redime
tanta farsa feroz que fue alegría,

 

59

lejanos barcos de bruma
de las tardes azules
a lo lejos como espuma.
las nubes son blancos tules

Tal vez es la tarde más profunda
sonora de silencio hueco y redondo
crece en todas partes la melancolía
amarilla tibia dulce todo inunda
su música remota, azul de fondo
y la siento casi como si fuese mía.

 

60

Con los ojos huecos crudos fijos. sordos
como una mano tendida pero muerta
y mucho más aún una ventana que se ha vuelto
muro
casi zafio, por altivo, acechaba en la puerta

Una caja vacía su pedido, un bastón blanco
su bandera
y una vigilia lenta fija indiferente
su implacable y constante actitud de espera

Con voz raída y turbia, pregonaba su ceguera
asestando su harapo por reproche amargo
Cada uno que pasa deja un peso en la caja
sin pensar siquiera dónde duerme el pobre
por la noche

lavan el agobio de tanto despilfarro
el de la abundancia que no se ha compartido
¡y creen pagar tanto egoísmo
con una altiva o cobarde limosna de
domingo.

y ante tanto me pregunto ¿quién es más justo?
el ciego que se aplasta y echa en cara su defecto
el rico que compra su paz con dos monedas
o yo que los critico como si fuese perfecto?

 

61

Qué es el mar
es una ráfaga un aliento
una palabra que acomete sin acento
que sentados y en silencio podemos escuchar

 

62

Si te acompaña la soledad
y del lugar de mis palabras
el oleaje de un silencio te acomete
si llevas la cuenta
de un pájaro en tu sien
y el techo es testigo de tu mirada vacía
Si los ritos al sol pasan
y llaman en vano a tu hermetismo
impávido
si olvidas tu mano en algún rictus
y la descubres esperándote
cuando recuperas la carne tras el sueño
si una vigilia no responde
y un silencio de siempre
empieza a ser silencio
si escuchas que callo
y la tarde se hace mucho más azul
sin ser distinta
si sientes un miedo inexplicable
de barcos cancelados para siempre
si como tu mano
olvidas tu boca
como un puño asido de mi nombre
contra el íntimo buzo de ese sueño
cuando vuelva a hablarte,
después aún de tu lejanía
aunque te trastabille la garganta
para mentir que no,
vuelve a negarme.
Luego, cuando vengas a buscarme
yo te habré esperado.

JORGE LEMOINE Y BOSSHARDT



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