Incendiada de sangre

(Colección)

 

DEMASIADO MUERTO

 

 

 

 

 

La siesta latía en un viejo reloj despertador. Era la hora densa y opaca de la tarde amarilla y caliente. Un calor opaco y fétido se espesaba sobre el campo.
El aire estaba desmayado, inerte como un mar impalpable, que se hubiera depositado sin poder olear.
Apenas había unos flecos de viento que arrastraban unos harapos calientes.
Imperceptiblemente pestañeaban las hojas del paraíso, y un aleteo más hirviente aplaudía en la cima de los plátanos.
La efervescencia del mosquerío se freía sobre las bostas y los huesos frescos del asado.
Una mariposa desteñida parpadeaba epiléptica sobre el pasto.
Alguna que otra abeja hacía su misa sobre el alfiletero de un cardo y otras siseaban la efe de su vuelo afelpudado y monótono.
(Un grito se me agarrotó en la garganta.)
El reloj se quedó dormido en las tres y veinte.
Serían ya las siete.
La tarde retumbaba de un ocaso turbio que se diluía como los pergaminos.
Las nubes, alargadas, eran humos de despedidas que empezaban soledades; perecían amortajadas sobre estelas que las dejaban atrás.
Los árboles mutilados parecían acalambrados en gestos epilépticos.
Había un pavor tácito en la hora.
El viento se enhebraba en los campanarios de la iglesia, y empujaba los molinos del oleaje de los árboles.

Ese día, pensé, podría empezar una novela. (No supe contestarme cómo terminaría.)
Las novelas siempre empiezan con cosas importantes.

Un grito endurecido y agrio rajó la quietud. Pensé en un relámpago. Luego de un instante el grito había sido de mi madre.
El espanto de la tarde se ahuecó en mi estómago y una lluvia me gateó por la columna vertebral.
Nunca me gustó el esqueleto de los árboles retorcidos como las manos de un muerto.
Eran candelabros del horror.
El grito de mi madre me había dado la espalda y dejó suspendido el silencio más intenso y cóncavo que antes, como la vigilia de los que presienten su propio asesinato un instante antes de morir.
Las imágenes y las preguntas se adelantaron al segundo. Esperé otro grito, deletreé la arenilla de mi escalofrío que me dejaba un rastro. Ni me había movido y otro grito más desteñido y roto como una sábana rasgada o un hachazo. Y tuve la noción del segundo y luego cuando lo estábamos velando me pareció como haberlo presentido en ese momento, y el miedo o el deseo de no querer saberlo para retrasar una certeza.
Sí, creo que lo había visto como una piedad y rezo tardío que quise adelantar al momento.
Papá estaba allí inmenso y de madera con la transparencia de los bordes en las velas, que le volvían mármol los dedos.
Los ojos cicatrizados como la boca.
Estaba muy muerto. Demasiado muerto.
Era la primera vez que se moría papá. Y yo ya estaba acostumbrado a verlo como a esos árboles que no me han gustado nunca, así, parado en el último instante como el reloj a las tres y veinte, acalambrado todo y frío como los vidrios de la ventana en el invierno.
Mamá había llorado mucho desde ese grito por la tarde.
Todos habíamos llorado, menos papá.
Pensé que siempre que alguien se moría los demás se quedan con ese vacío que es más que todo recuerdo como única manera de presencia.
Pensé que siempre los muertos que acaban de nacer a la muerte dejan esa duda de mañana en los que quieren suponer el futuro, y sólo logran llorar como a carcajadas.
Es muy lógico que papá no vaya a estar más con nosotros. ¡Si está muerto! Y es lógico que se muriera. ¿Por qué ahora? Porque siempre sería ¿por qué ahora?, en cualquier momento.
La noche tiritaba de grillos y descascaraba el chisporroteo de las ranas. La luna era un túnel de sombras blancas y las estrellas pestañeaban con pulso de reloj.
Había grillos en todas partes. El cielo mismo estaba lleno de grillos, mi espalda como el camino de mi escalofrío, que era un puñado de grillos, que era la lluvia de las noches desveladas en las chapas del techo, que era el chorro de arena de los relojes antiguos.
Mamá tenía grillos en los ojos. Y las velas que le sacaban la lengua a las sombras que arredraban.
Papá no tenía grillos. Estaba clausurado y más papá que nunca.
Yo me comía las uñas, y veía tiritar la sombra del cajón sobre el suelo que emitía la llama temblona de las velas.
Un día ya no sabré que hoy miré las velas, no sabré estas velas y supondré algunas, y habré olvidado el gusto acartonado y trapiento de la boca seca, y sólo recordaré que papá murió un día.
Y sabré que olvidé mucho.

 

PALABRAS PARA UN CANTO INEXPLICABLE

Poema 1

ensangrentado de silencio
resucito entre los escombros de mi última batalla

alguien pasa a comentar mis soledades
el caracol pierde su historia sin testigo
alguien lleva mi secreto de mar entre los vientres

ahora es de noche
y es el mundo
también es la tristeza y estoy al silencio
mientras el mundo
y los oficios se consagran a las paganas sepulturas
derogando viajes remotos sin relatos

los ojos se alzan sobre las brujas
y los niños asesinan al otro lado del miedo

yo tengo silencio
grito de silencio
muero de silencio

castillo de cristal
y sol afuera
porque mi soledad se obstina
en mis acechos

el mundo sigue siendo afuera
porque soy el necio
que enumera sus tristezas con tinta

 

Poema 2

un día mi tinta será
sangre
saliva de estrellas
congeladas más acá del invierno
como unas flores para siempre

nunca he dicho amor
porque no tiene rumbo
mis ríos mueren en mis
manos
y mi tinta será
o es un sueño
sangre
porque aún no digo amor
y el insomnio
me obstina la poesía

 

Poema 3

hoy me sobra voz para el silencio

el cielo tirita
y el corazón tiembla
lejano de mar y alto de sombra

por eso quiero alzar mi garganta
para lavarla con el viento
para completar el sacrificio
de mis oraciones

 

Poema 4

cuando inaugure mi historia
habré pasado la espera

hoy soy mi propio testimonio
el heraldo de mis soledades

y digo solo porque mi historia tiene un solo nombre

el mío

 

Poema 5

si tu rostro me sirve de lámpara
cuando tanteo el terror del mundo
extraviado de tableros
y geométricas consignas
en las guerras que derrotan sus
mismos estandartes
entonces habré vencido mi egoísmo
me habré encontrado el corazón
sepultado o crecido de las ruinas
sin plegaria

nombro las tumbas de mi cementerio
y rezo ante mi cruz

 

Poema 6

la gente rueda a mi lado
decapitadas las manos
consumando rencores laterales
y sumando fusiles amontonados
de sangre y de flores que vendrán
sobre los cementerios sin nombre

y yo no atino a suicidarme
y no resisto el terror de ser el último

 

Poema 7

todavía tengo tiempo para los juguetes
para embarrarme las manos
y dormir sobre mi madre mientras
fuera los hombres desenvainan las guerras

 

Poema 8

para embarrarme con tu sangre
porque quiero untar mis manos
con el vientre de la tierra
enjuago en el fragor de tus ojos
mis manos de largos silencios

 

Poema 9

tú te laceras contra los zaguanes
arrastras tu derrota alargada de días día a día

y luego la tristeza se te llena de ternura
y la piedad se quema en tus manos sin mendigo

yo digo tu dolor
un presagio presentido
se me vuelve sabor

y el mundo te pasa lateral
dejando un reguero de feroces carcajadas

yo digo tu dolor
y soy un poco el mundo
un poco
tu costado
y persigno la tristeza en tu espina
aunque no sepas nombres
aunque no sepas rostros
y aunque yo para ser más mi imagen
me acerque a tu bondad
y escriba

 

Poema 10

mis sombras se agremian en sectas de silencio
silencio adentro
como cotidianas razas de palomas quemadas

 

Poema 11

mi voz marcha por tus arrabales
esta noche de escaleras y zaguanes
de la sombra gutural y los mendigos
y la ternura acurrucada en los aleros
mi voz rueda como el ancho otoño tierno del rocío
desde lentas y ahorcadas cañerías
y la irremediable claustrofobia de los ciegos

este absurdo trajín de calendarios
siempre es siempre
el día es porque paso
me gasta o me completa como un árbol

siempre queda todavía
cuando ya no quede me encontraré
tendido sobre mi propia muerte

mientras mi muerte será
absurda larva
renuncia y
materia en un punto batallada

después de estas ciudades
estos espantos asestándome
balcones y oficios de engranajes

 

Poema 12

más allá de tu tristeza está tu olvido

hoy tengo tu tristeza
larga todavía de tardes vacías
con nombres rotos como cartas de lejanas
batallas
largos cementerios
tumbas que suceden
a historias sin respuesta
y estos domingos callados
sonoros de silencio
porque tu tristeza es mía
agregada desde la soledad a la tarde
o recogida de las cosas que son este domingo

más allá de tu tristeza está tu olvido
pero cuánto rastro
mientras tu tristeza todavía

 

Poema 13

la sangre se empecina en la sien de campanario
goteando sapos
como los relojes de los borrachos en la madrugada

 

Poema 14

para clavar en tu silencio la raíz de mi garganta
y derrotar las largas trincheras de rituales sombras
para desenterrar un pájaro de empeño que te empuja
y hacer con mi albedrío la libertad de tus alas
levo anclas de mi barco de destierro sin principio
y desboco de azul mi paloma de diluvios

al otro lado del silencio eres un poco el mundo
y hasta allí levanto el canto que se me vuelve grito

 

Poema 15

es la tristeza
estoy de noche como una raza de solitarios
y no conozco mis hermanos

desde lejos
en el olvido circular de los relojes
vienen aboliendo campanas
gigantescos ritos de mecanos y de álgebras

las abejas son un error de los insecticidas
y yo no tuve aún la hipocresía de morirme
y ser importante como los silencios

la ciudad es un panal de cuadradas soledades
tras de algunos muros se doblan las parejas
tanteándose brutal los cementerios

y yo erijo los lutos de mi historia
como un largo camino
canto monocorde de mi sola manera de cantar

es la tristeza
larga historia
de llorar sin testimonio
y olvidar de madrugada como un loco

 

SILENCIO NEGRO

Me descalcé el mundo me cegué los dedos
me desnudé el mundo
cerré cinco ventanas en muro
ciego por ciego
ya sabía silencio
ya sabía negro
por eso silencio negro
por eso todo silencio
y la vigilia en un punto
en silencio de silencio

 

AZULMENTE ROJO

Allí estaba, con el adjetivo en los ojos, sus piecitos tan manos, sus piecitos los de ella, porque también podrían ser los de él y él el asesino de tu padre o algo así, pero los de ella, ¿te das cuenta?, los pies en que era Buenos Aires cuando todas las cosas, porque solía apagar los cigarrillos, ¿te acordás?, con la punta y a vos te gustaba porque era como lo hacía el tano del taller pero como ella, ¿te acordás?, cómo no te vas a acordar, como ella, sí, cómo no te vas a acordar si se lo estabas mirando cuando descubriste que tenía sangre como cuando en el colegio se te cayó la gota de tinta en el piso porque te estaba gritando la maestra, sangre como la gota de tinta azulmente roja como cualquier cosa es cualquier otra y ese remanso como aquel pedo que te alzaste en la Navidad en lo de los tíos y todo se enrollaba, la sangre, la tinta, la gota de maestra y el pus apagando el vino y ya después del primer error nada es corregible, cómo no te vas a acordar, sí que te acordás, ¿pero matarla?, eso sí que no, yo no me acuerdo de cuándo la maté, no señor.

 

UN AHORA OBSESIVAMENTE SIEMPRE

¡Tantas veces! Y siempre importa una, aunque hayan sido tantas veces.
La única certeza cada día es un ahora obsesivamente siempre, porque ya perdí la cuenta sobre los calendarios.
Pisándome el tiempo, buscar la paz o huir de la ciudad sin encontrar nada.
El mundo inexorable es siempre un sitio implacable. El mundo siempre es dónde. Hasta allí, en ese último banco del lago donde puedo parecerme a los niños que me pasan por alto, o puedo ser monstruosamente extraño, remoto, diferente.
Hasta allí el acecho inevitable.

 

PÁJARO DE SAVIA DESARTERIADO

1

Voy tildándome la historia con rostros
como un camino donde clavo cruces
pero qué lado del espejo soy verdad
qué historia he muerto o vivo en los dos
infinitos que separa una tumba.
¿de qué lado del tiempo soy verdad?
Y tu olor en francés, y tus telas francesas
y tu mentira en francés, y tu pobreza sin patria.
En un púlpito de tu sangre me existe un espejo vacío
¿qué palabras vive un silencio como una sombra que no se ha cerrado nunca? Allí respira mi fuego
gato derretido de agua roja. buscándote la veta en el cerrojo savial que te vive. Todas las cosas son clausura de un nunca que se cierra la primera vez. De tu garganta me asume la eternidad de un caracol. Sonar en tus catacumbas como la última palabra hace la sombra eterna del silencio. Hasta que te hinches como un templo de oro
en canto con mi grito de sol.
Voy viviéndote el pie, pájaro de pan y caña
como la hiedra en la raíz hasta el hornero.

2

Y qué decir, cómo emprender este primer silencio que desmantelaré, que colonizaré, que invadiré y poblaré poco a poco como algún día tu sangre, una larga ciudad, sonando al doble rostro de nosotros.
Entonces ya me lavo todas las sombras arrojo el inútil peso de lo adjetivo para clavarte el embrión savial, la verdad sin actitud, sin manera sin vez y sin historia.
Esta verdad que no cambia, este inmutable absoluto en el intiempo de lo eterno. este infinito. Por eso echo al agua la sobrecarga de todos mis símbolos, mis fetiches mis dogmas mis ramas sin después mis rumbos oblicuos mi número lateral mi costado numeral, mi orden mi todo y este que, este lo esta única realidad incomparable sobrelleva mi costumbre de haberme inventado ciego.

3

caigo las palabras como barcos
con los fetiches de mis templos que viajo
pero el punto de partida no nos da
y yo apenas sé que nos
como presintiendo qué decir y digo
sólo es alguien en alguna parte.
pero tal vez. todo tal vez
barcos transparentes a mis manos
y tantos rezos como éste y tantos solos
y en ese caso sólo el mar
que no podernos testigos
porque cada uno sólo nos la locura porque ¿qué otra cosa?

4

Impotencia de ser poeta con palabras
enseñarle a imaginar a un ciego
ciegos todos, mutuamente todos
acomodando signos sin.

5

Yo dije que mi cara no tenía importancia, que es sólo un rótulo para que me reconozcan, también por los ojos.

6

no hay nada mejor que otra cosa,
sólo preferimos o es más útil.

7

como una hiedra,
pongo mi raíz en una vez
y parto con mis brazos hacia el
infinito del nunca.
Algún nunca sé que desde nunca

 

MUERTO PARA SIEMPRE

La luna nos seguía como un barrilete y a veces
entre las hojas se volvía de diario.

El día que murió el abuelo.

La luna me seguía como un perro redondo.

 

Si esto fuera una novela, supongo, no pasaría nada especial. Pero yo no soy una novela, y eso de pasar por cosas simples me vuelve maduro, me duele y me vuelve trascendente para mi rectilíneo argumento.
Tener y ya no, dos maneras distintas de una misma cosa, y eso es tal vez mi importancia, estar y no, o mejor dicho haber empezado la tristeza, inaugurar ritos lúgubres y extraños sabores.
El día que murió el abuelo muchas cosas no se movieron más. Era el primer día de un siempre que nadie advirtió ni quiso romper ni nada.
Nadie lograba penetrar la infinitud del nunca más allá de los augurios. Algo ya estaba decidido.
Es cierto que si lo que desaparece no hubo asumido el absoluto sentido del todo en sus días (como pasa con todo), no resulta tan extraño que la gente se acomode en las nuevas costumbres, que vaya aboliendo tristezas, lacrando círculos de historia resuelta y recogida ya y que después de delimitar la extensión final de las vidas de los muertos no perduren adoptando una actitud de nunca que ya no nombra nada.
El día que se murió el abuelo terminaron cosas, siguieron cosas y empezaron cosas. Pero el abuelo se había muerto para siempre, un día solo siempre, prolongado o arrastrado.
Solía presentarse cierto sabor de presagio, desafiando la lógica. A veces podía.

 

EL ESCUDO

Y le puse los anteojos (pensé que una sola de mis cosas puede ser más yo que cualquiera que no se me parezca en nada). Tenían un poco de esa esperada sorpresa de las cosas que son por primera vez. Ya al ratito, cuando tuve tiempo para hacer la imagen y poder recordarlo o retenerlo a ojos cerrados, sentí la costumbre de verlo con mis anteojos.
Entonces le di mi camisa (ellos me habían visto de lejos) y mi corbata, no iban a sospechar, después de todo de cerca y más claramente, era igual la misma que ellos no habrían detallado desde lejos. Y después el saco y se peinó como yo (se despeinó con cierto orden similar al de mi desorden).
Y marchó con su pantalón parecido que al fin de cuenta qué más daba.
Cuando no se está seguro de nada una sola cosa diferente comparte el anonimato de la lejanía; eran colores casi parecidos.
Otra vez pensé: 'Una similitud total pero al fin diferente es más equívoca que un evidente cambio donde algo se conserva'.
Y allí iba y ellos podían dudar que él era yo porque aunque no me conocían podían pensar que esa ropa era simplemente parecida a la del "tipo".
Pero es que era la misma, pero ellos delante de sus propias narices podían dudarlo porque nunca tuvieron la certeza, no tenían punto de vista de comparación.
Entonces pensé que si él se daba cuenta llegaría a tener miedo porque él no era yo pero nadie sabía que yo era y quién podía sospechar que alguien no es alguien si no sabe quién es ninguno de los dos.
Pero igual, él podía tener miedo, porque en verdad no era yo, y si tenía miedo iba a fallar, todo se iba a ir a la mierda. Y era la primera vez que íbamos a fracasar.
Después de todo, no había razón para que fuera él yo en vez de ser yo mismo yo, entonces corrí, y lo alcancé a tiempo y se quedó mirándome cómo yo era él como yo era yo, con mis anteojos y mi pelo que siempre había sido mío y mi saco y mi corbata, y ellos me vieron llegar y me miraron con los ojos que ponen los que uno no sabe qué están pensando, y sentí que comparaban con sus imágenes y que ponían a prueba mi saco y mi pelo y que acercaban al muchacho de ayer, de la escena que habían recordado, y le miraban los botones y los pelos de la barba y la trama del género, pero había un solo elemento y ellos lo sabían, porque en realidad lo único cierto era mi presencia con todos sus comos a la vista, pero la imagen de sus memorias no tenía certeza y yo lo sabía y uno me miraba y me creí descubierto, y recordé que de lejos, cuando yo había sido otro, no había tenido tanto miedo, y pensé que la segunda vez ya era necesario parecerme a mí y no al que debí parecerme la primera vez, entonces me di cuenta que tenía la mano derecha atareada con el botón de abajo del saco, y que me atoraba para pensar, y pensé que si me mataban yo nunca podría solucionar mi descuido, y que estaba a la deriva de cualquier cosa que yo no contase, entonces corrí, giré y corrí y me subí al auto y no me importó la cara de él, que no entendía, y abrí la guantera y saqué el 32 y tiré cinco veces y entonces los vi, sobre la otra esquina, cuatro o cinco, porque los montones nunca tienen número, y comprendí que cuatro o cinco camisas y cuatro o cinco pantalones pueden ser azules o no ser y ser, porque yo no los analizo, pero que el escudo de la chomba sí es en cualquier parte ese mismo escudo, y vi que se reían, sentí que me había confundido, como tuve miedo que ellos se hubieran confundido, ellos que no habían sido ellos, que todavía estaban quietos, demorados sobre la sorpresa de ser una tarde cualquiera un poco de su asesinato, y entonces vi que eran cuatro porque había uno al medio que era distinto y ellos se reían y me lo mostraban, y yo me sentí él, sentí que nos parecíamos más que nunca, como un espejo al revés, porque estaban muertos ellos, pero también él, ya, se estaba cayendo con el tiro en la espalda, y me quedé solo, el auto tenía todavía la radio prendida y la puerta que aquel cagón había dejado abierta y yo corrí durante un largo cansancio y cuando llegué a casa me miré en un espejo, me toqué la cara, los anteojos, el pelo que era siempre distinto y siempre igual, como el mar, como esas cosas que uno no tiene la certeza fija de cómo han sido, porque siempre es un difuso más o menos, y cuando uno las ve se conforma con pensar: como siempre, igual que como ellos podían confundirme, igual que como ellos no me habían visto bien y después me veían bien y no sabían hacia antes si era o no era así, igual como yo no los había visto bien y no había sabido que también ellos podían no ser ellos, y no sabía cómo habían sido y pensé que como eran, y por eso estaban tirados allí, con su para siempre todavía con su sorpresa infinita, ellos que al fin de cuentas no habían sabido nada. Entonces sentí que se amontonaban, que mil caras podían no importar, porque todas a la vez, y que alguien gritaba es éste y vi al del escudo que sabía calcular mejor el miedo que yo o que no pensaba que alguien podía darse cuenta que era él, que él era él, y lo vi al cagón que sí tenía miedo, que todavía tenía el miedo de haber sido, y se amontonaron y quedaron atrás del rastro que dejaba la sirena como habían quedado ellos fijos quedados, atrás.

 

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Nos cambiamos la ropa y él sería yo, pero igual tuvo la vergüenza de tener que ser yo y avergonzarse porque la gente no pregunta el nombre aunque sean ridículos.

Ella, la gente, cuando se llama con un pronombre asume la importancia épica de los que han muerto o de los que no están cuando se los espera.

 

LAS HABITACIONES DEL INSOMNIO

Por fin sonó el teléfono. Un escalofrío me llenó de arena. Cuánto puede asombrarme lo que termina con una espera.
Qué ajena sentí la inquietud o no del que llamaba.
¿Qué era el otro lado de un teléfono?
Y tres veces la chicharra. Un ritmo interior separó mucho la cuarta. Sentí la eternidad, la última campanada. Y ya no sonó la chicharra. ¿Era ésa la consigna que estaba esperando? ¿Uno que se dio cuenta que equivocó el número al tercer timbrazo, o Graciela que se volvía al rincón de su café para ordenar el mientras de mi colectivo? Pensé en que dudaría ella también de haberse equivocado. Hay timbres parecidos. ¿Y si no había sido mi número, y yo aquí, otra vez con el corazón estirado equivocando rumbos en qué sé yo qué venas, con el saco en la mano como un idiota?
Había sido ella. ¿Quién si no a esa hora, y por qué equivocarse justo con mi casa y por qué tres timbrazos? Salí, con el saco en la mano todavía.
Tuve miedo de contar más ritmos en el ascensor, como si se me pasara el momento de evitar el infinito en un cuadrado tan verde con una fecha rayada a moneda y un lugar sin espejo, que necesité en ese momento. Siete pisos. Fácilmente un segundo pudo ser más largo que un día. Tantos segundos en ese día corto que también pudieron ser más largos que un día.
¿Y si Graciela estaba llamando, sin saber de poder ser dudada con un equivocado a las 12 y tres timbres iguales?
Creo que los locos empiezan perdiendo el ritmo. Las habitaciones del insomnio tienen paredes móviles que están acercándose constantemente y nunca llegan.
La calle se me aplastó contra la piel distraída. Me recortó los contornos con esa exactitud con que el frío limita los miembros que pudieron parecer infinitos.
La noche caminaba a mi costado. Ahora el ritmo era mío. Aunque había otros. Aunque hubiera otros.
Estaba parada afuera soportando el edificio que se le apoyaba en la espalda. La quería con esa sensación a gusto rojo y salada.
Adentro de la confitería, qué me importaban las gentes que no existían, no esperaban teléfonos ni la querían con sensaciones ni la veían soportando edificios.

Yo no manejaba las luces de las ventanas prendidas. Las recogía así, mías en un primer u octavo piso, la noche era así, y ninguna tuvo las luces en el mismo orden, o yo no lo vi.
Graciela compartía la noche a mi costado. Era dulce verla sufrir. Sí, sufría. Pobrecita, me comía su imagen como acurrucando un cachorro con frío.
Era múltiple, tenía raíces clavadas por adentro, y no entendía nunca que me gustaba besarla entre las piernas o chuparle los pies o morderle el pelo.

El saloncito era cuadrado, color crema, con guardas, cuadros, sillones, revistas y una mesa debajo de las revistas. La imagen era más Graciela. Yo miré cosa por cosa y la imagen siguió siendo más Graciela. Luego desaparecieron las guardas, las revistas, el color crema, la llave de la luz o el lugar del enchufe. Nunca me voy a acordar, era un lugar, una sala de espera, amontonadas un montón de cosas para ser sala de espera. La imagen era Graciela. Espera. Graciela. Me miré los zapatos. Todavía a veces me miro los zapatos, sin buscar nada.
No conté cuántas baldosas miraba ni miré el dibujo. Ya no llevé la cuenta de ritmos. Todo era un mazacote espeso de cuadros y enchufes y silencio entre Graciela y Graciela.
Otra vez el doctor. Corregí la primera imagen. Era más pelado que cuando entré y otras cosas más. Era ése y mi imagen que pierde facciones en seguida era igual pero toda distinta.
Salimos en el ascensor viejo, repetía por dentro tres días el antibiótico, no se esfuerce y ya sabe...
Otra vez los sótanos y las cosas.
Eso debería ser el mundo interior, digo yo.
No había pensado que ya no me preocupaba de los tres timbrazos del teléfono.
El tapado de ella era rojo, siempre me sorprendían las cosas, eran un poquito diferente a lo que yo las había aprendido. Esos botones también y siempre me doy cuenta.
Ahí terminaba el papel, no me disgustó del todo.

 

EL RELOJ

Estoy delante de este cuento que todavía es duda. Silvia también está tratando de escribir. Debajo del afán de descubrir la posibilidad de un nombre, un hombre, un lugar y un hecho, nos azuza un afán de encontrar primero que el otro de los dos, el cuento que buscamos. Yo no tengo idea de cómo será o es. Por eso tengo miedo de pasar de largo, sin reconocerlo, cuando lo tenga ante los ojos. Silvia ha tachado algo. Mis hermanas se cagan de risa de no sé qué cosa y yo no encuentro el hilo de no sé qué cuestión. ¡Carajo! Voy a sacar la leche del fuego para tomar el remedio. Estoy ronco; claro, en la caligrafía no se nota.
El reloj late con la parsimonia de los | tacho | no sé con la parsimonia de los qué, tacho parsimonia | El reloj late con la | no sé con la qué late ese reloj de mierda | Con la qué de los no sé qué.
Esto no sirve como cuento. El reloj no late un carajo. Son las 8 y 10 y hace 10 que estoy con ese reloj de las 8 y 10.
Silvia ya lleva media página. Tomo el remedio. La mierda, la leche estaba muy caliente y dije mierda. Además, la pastilla es tan amarga.
Estaba predestinado mi fracaso como cuentista. Aunque, pensándolo bien, mi personaje tal vez está llamando desde la nada para ser, y yo bruto que no sé escribirlo.
¿Quién será?
Éste es un cuento sobre un cuento que no es. Por eso éste es un cuento que no es. Y no les cuento nada. ¡Qué carajo!

 

_____________________
(Lo que Silvia "a" tachado es la A sin la H.)

 

EL MEJOR CUENTO

Había escrito mi mejor
|
cuento
|
en el cuento una situación similar
aviso, sugerencia intuitiva
|
terminé de leer y al rato me di cuenta
de que el propio cuento podría
pasarme
etc.

Estuve grabando todo el tiempo, recité
y cuando terminé, estaba desenchufado.

 

ESA ETERNIDAD DESDE MAÑANA

Te he despreciado tal vez como si sólo pudieras ser apariencias y no obstante golpeé todo lo que pude para saltarte la pintura, para hacer un lugar en tu coraza y poder mirar el frío y el miedo que abuzan por adentro. Entonces me encontré. Como si tu segunda defensa fuera pintarte de espejo debajo de tu primera apariencia. Me encontré y me sentí solo rodeado del miedo de haber entrado imprudentemente, en el que comprendía era mi último minuto, mi último sitio, como alguien que comprende en un salón de espejos que lo acaban de matar.
Cuánto tiempo, tal vez la eternidad, para presenciar la propia muerte.

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Y qué estamos dispuestos a decir, sino nuestros propios parapetos. Hacer un caracol de grito y escondernos. Topos en nuestra propia garganta indescifrable. Y las cosas siguen en pie, fantasmas impalpables, como asir las ideas con palabras.
Y las cosas siguen en pie, mientras haya alguien que las piense.
(El pensamiento es una manera de existir que no se repite.)
Pero decimos diariamente como haciendo camino hacia nosotros que nunca termina.

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El silencio es un sitio para cualquier palabra. Allí esperamos siempre.

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Cada día te digo adiós, cada día me despido de algo tuyo, cada cosa nueva es un nunca para nosotros.
A veces no sé si contribuir a las ocasiones es imprudencia o no hacerlo es cobardía.
Abrir un ciego cuando todo lo visible es espantoso, en un rostro bajo la mano fundamental como una red o un buzo.
A veces se naufraga, se pierden los hitos, los árboles que numeran el camino, alguna cosa cualquiera que sea otra y nos pueda un rumbo. A veces se ciego todo como la nada.

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Qué más da si llego o si parto, si soy o me imagina. ¿Qué es una línea a partir de nada? ¿Qué importaba entonces saciar mi vez en dos? Me sentí transparente como una hache.

 

QUERIDA GRACIELA

Mi querida Graciela, ya han empezado las cláusulas (estoy escribiendo en el colectivo, "explicativo de los borrones").
Desde ahora la consigna es nunca, porque así es el imperativo de tus cosas.
Yo estoy más acá de mi propia tristeza con tu imagen al hombro del recuerdo errante, callada vocación de destierro acatada a la distancia y la luna de los otros. Mi mar late de propio corazón, como los sapos, pero no tiene plenilunio que desbloque rebeldías porque el corazón es un galeote nómada, y es mejor si inventa solo el rito de nadar tanteando tumbas, pero tascando la fatiga y el y el vigor de ser su propio barco.
Un día eras de ritos silvestres. Los ojos de gorriones extendidos hacia el infinito de los túneles.
Y toda tu catedral de oro con el sol del mediodía multiplicado de ecos en tus ámbitos sin misa.
Después el mundo, la mano, la trinchera, la esquina ciega y el paso perseguido de navajas.
El plenilunio regalado, una manera más de hacerte profecías.
Pero el miedo estaba en los zaguanes y la luna era de pan y cal y tu corazón buche de savia en un punto de mediodía batallado, depuso la canción de hornero, el simple barro y el himno de presagio y mediodía que se comen los dulces asesinos (porque los niños nunca son desnudos).
Y allí no más esa tarde, derrotada, depuestas tus trincheras sin guerra y tus muertos sin sangre adherida a fervores sin canciones porque el miedo te impidió los héroes.
Yo soy un rasgo de silencio cobardía vertical sin asesino, pero me digo, me nombro y canto y sé el propio tallo de mis sombras, devoción crecida de las piedras como el submarino tesón que alza las hiedras con la obscena infalibilidad del cáncer.
Tu tú largo árbol azul, pasión de abejas sin la prostitución de las plazas a propósito, el mundo es un lento veneno que logrará tus mecanismos asestándote la ferocidad de balcones y engranajes.
Mueres, mueres, mueres, como las cosas que inauguran una nueva vida y pasan por el día sin alzar los hitos ni inaugurar las cruces.

 

Querida Graciela:

Dos cosas no serán en esta carta. Una, escribirte al final lo que vos misma dejaste en aquel papel, una noche que todavía importa aunque diga cualquiera; la otra cosa que no será es hablar de alguna carta que no te ha llegado y tal vez no te llegue.
Todos tenemos un tiempo. Ésta es la primera vez que te hablo del tuyo. Tal vez un día vos me hables del mío. En realidad no importa. Ahora me hago a la espera como un labriego que a la orilla de la tierra echa a andar un tiempo frutal.
Un día te tragué los ojos; ahora te los vivo como la tierra convocada en la semilla.
Por eso te hablo de tu tiempo, de los ojos; porque yo tengo un pedazo de tu tiempo y de tus ojos. En realidad todos tenemos los ojos y el tiempo de todos. Encontrarse es poner un costado en un costado. Por eso aunque tengamos el tiempo y los ojos de todos, no todos han sido por nosotros.
Aquí te alargo una hora para ser en los dos, nosotros que sí hemos pasado por nosotros.
En el escritorio de mi padre tengo un montón de cuadernos y papeles entre los que está tu letra.
Esta carta ya ha terminado.
No puedo cumplir (por ahora) ni con el formulismo de intercambiar lo escrito una noche, ni con el de pedir perdón. Por eso me limito a desearte suerte en los exámenes y tratar de volver a las cosas que no nos sobren.

Un gran beso.
Hasta mañana.
Tal vez te mande esta carta.

 

¿CUÁNTO FALTABA?

Entonces me preguntó que cuánto faltaba y yo le dije que dos años y me dijo que bueno, que gracias porque era feo quedarse con esa ansiedad indefinida de no saber cuándo. Entonces no volvimos a hablar, y yo no vine a escribir esto para verlo después.
Hoy es después y atravesé un largo olvido y ahora estoy ante mi precaución de hace... ¿cuánto tiempo hace? ¿Cuánto faltaba? ¿Para esto? ¿Para esto faltaba?
¿Cuánto faltaba para qué?

 

YO NO LOS HABÍA VISTO NUNCA

Yo no los había visto nunca, se me acercaron afables, ahora comprendo y digo afables, con un gesto que significaba eso, luego supe que era un gesto. (Ahora ya hace tiempo que he aprendido a saber qué significan.) Nunca me pregunté mi propio significado.
Entonces me tocaron, se atarearon con sus manos sobre mi piel repitiendo mecánicamente gestos iguales. Yo no sabía sentir, pero después del primero empecé a reconocer que había sido el primero y me hice amigo de los signos; fue mi primera idea del orden y supe que cuando las cosas son empiezan por ser primeras.
Y estuvimos siglos asumiéndonos empujados por tanta soledad. Entonces solíamos durante larguísimos inviernos dedicarnos a ser con la manera de uno solo de tantos gestos que después aprendimos o inventamos. Generalmente coincidíamos en la sensación interna y hacíamos muecas parecidas para remedar alguna cosa. Entonces ya fue la memoria y mecánicamente anudamos un signo a otro y nos empezamos a volver torpes y a esconder entre dos algún signo que no queríamos dejar ver. Ahora lo comprendo: ellos habrían dicho somos los amigos. Y también aprendieron el tiempo porque yo o cualquier cosa les pusimos antes el antes y después el después, y aprendimos cuándo.
Aunque yo digo un siglo de espera y en verdad dejé pasar creo muchos años o muchos días en que no sabía pensar después y no sabía contar. Entonces ya teníamos un signo cada uno como identificados, asimilados a nuestro propio significado.
Ahora comprendo, por eso dije eso de las cosas, y pienso que es necesario lo primero de algo opuesto para saber que algo termina y a veces como las otras veces (las que siguen) dan idea de la primera es menester que algo deje de ser o pasar para que uno sepa que pasaba. (Entonces todavía pensaba que ser era pasar, aunque no sabía que lo que era podría llegar a pasar.)
Comprendí que tantas aprensiones habían sido el temor de lo otro y cuando aprendí a durar y contar, aunque un siglo podía ser más o menos que un día, empecé a tener el miedo de cuanto temía todavía y la ansiedad de cuanto faltaba.
Ahora comprendo, ellos habían dicho somos los amigos, y antes de ellos yo no sabía que yo solo, y ahora después de ellos ya sabía que yo solo, por eso de las veces de las cosas, y ahora sí me sentía solo, y no le puse signo a eso porque no tenía a quién hacerle la mueca.

Si ellos miraban desde afuera, tal vez yo no sabría nunca cuándo porque cada vez que quería sorprenderlos tal vez se escondían. Porque a lo mejor ellos no son ni visibles ni audibles y son otras cosas, y tal vez me están induciendo sus lenguajes en sentidos que ellos ignoran que yo no tengo, porque creen que simplemente no les entiendo.

Entonces me di cuenta que había sido antes y después de la segunda tuve la idea del primero, alguien que sabía afuera mío me estaba tocando, enseñándome la piel que había sido mi duda, ese temor de tantas cosas, como un lejano, remoto pero inicial hábito de que yo me acomodara de alguna manera a cada toque distinto. Ahora pienso y tengo miedo de que no hubiera sido así, como si pudiera estar equivocado o debiera empezar de nuevo y ya no fuera tanta la suerte de reconocer una cosa en la otra. Porque en verdad yo no tenía más que los signos que me hacía en la piel (ahora sé y digo la piel), pero no sabía a qué se parecía, no sabía (ahora sé qué es eso de comparar) con qué debía compararlo, porque soy... y todavía no lo entiendo del todo a eso de que soy ciego. Siempre les pregunto cómo son ellos que no son ciegos, pero no entiendo lo que me dicen porque me vuelve a faltar el punto de comparación. En realidad no sé si alguna vez podré entender eso de que soy ciego.

 

DE LA BALA DE MI FUSILAMIENTO

Mi silencio hace un ruido infernal.
Sobre todo cuando intento abrirme para descubrir ese incierto grito que tal vez me falta un testigo para existir.
Entonces lo vislumbro entre el muraje portentoso de mis huesos desperezando los goznes de su obesa flotación. Como el vacío. Es el silencio mismo. Vibrando como la nada tiene un verbo distinto de existir. Y no la numeral intransigencia del concepto. Viene de huecos remotos que hago en la carne del silencio primero. Es decir.
Es como estar en sombras completamente (nadie se salva del terror que infunde la idea de no abrirse nunca más, descubrir que era la primera imbatible imagen inimaginable, de estar ciego).
Entonces como en latidos, como grillos sin cambiar de color, o de incolor, es decir sin número, pero vivo, vibran como luciérnagas. Desaparecen. Lucharé todo el intiempo, hasta que retengo una, es decir me detengo. Me acorto hasta la inexistencia del instante y la luz fugaz tiene un tiempo infinito. Es como un hueco en el silencio primero. Allí me instalo. Es el silencio segundo. Como el número 2 (cualquier número del infinito). Es un lugar en un pasillo donde moverme no tiene realidad de cambio. Es decir es un túnel en el instante. La eternidad.
Es decir allí puedo decir aquí. Pero si me traslado más allá sigue siendo aquí, es decir allí y no he cambiado de lugar y sí. Es decir ya rompí mi primera sujeción, el tiempo.
De la bala de mi fusilamiento. Tal vez en esta eternidad que se parece a tantas seguía escuchando el ruido que aún no había cambiado de instante.
Tanta es la urgencia o la obediencia de entenderlo todo que la humanidad, mi rígido montón de cosas que soy hombre comprende. En ese silencio inconmensurable que puedo abrir entre cualquiera de dos sitios del ruido de la explosión de los fusiles, tal vez eso es el alma, encuentro el insignificado absoluto, tal vez la nada y huyo a un verbo distinto por una puerta que me parece reconocer.

 

EL MEJOR VERSO DEL MUNDO

Libro: "Cuentos absurdos o de por qué todos ustedes son idiotas".

Cuento del mejor verso del mundo o de por qué la felicidad es estar convencido de uno mismo y no tener la más mínima idea.

Yo no tenía la menor sospecha que me habría de enterar después, al desatarse la lluvia, que había estado nublado. Que había estado todo el día por llover. Como que me enterara de que podría haberme muerto, por ejemplo, porque un hecho de mi costumbre ya no contase con las mismas circunstancias, y al llegar yo la casualidad lo volviera a las características que eran mi normalidad. Supongamos una canilla de agua que tiene electricidad por un cable de la azotea roto en una tormenta producida después que yo me fui y que al llegar yo a lavarme, para sorpresa de los que podrían estar viendo esta película, no me electrocuto por un fortuito corte de luz.
Enterarme de eso sería medir la ineficacia de la vida, como, y al fin y al cabo esto es lo que importa, enterarme con la lluvia que estuvo nublado el cielo.
Es decir, y me asalta la duda de siempre y esa insaciable condición de preguntar cosas y la maniática irrespondibilidad que les obliga el tiempo. La única certeza de las cosas es que han sido.
Enterarme de que no me he muerto no tiene sentido. Es lógico que no me haya muerto.
Pero esto es trágico, y no por lo de la muerte, sino porque tal vez nadie sabe que se ha muerto y, peor aún, la duda de eso que tengo ahora deberá esperar hasta morirme, y si no sé que he muerto, menos sabré que no resolví mi duda. Y qué atroz morirse con la duda. ¡Pero qué duda si no estoy enterrado! El embrollo de siempre. Meterme en un pasillo redondo, que vuelve sobre sí mismo, y de repente perder de vista la puerta. Tengo la manía de empezar a escribir cosas que no sé hacia dónde van.
Es como ponerme un par de skis. Siempre, cada vez, por primera vez. Y echarme pendiente abajo.
Lo catastrófico es que, por lo menos en el caso de los skiadores neófitos, la solución está en un árbol al que, a pesar de los huesos rotos, se le puede agradecer en nombre del "si no, no sé qué hubiera pasado".
Pero ponerme una lapicera y un escribir, y una nieve que no sé con qué nombrar, es otra cosa.
No sé... la locura no nos avisa ni tiende la mano con árboles.
Es decir, el que va al sicoanalista tres veces por semana, es seguro que no está loco.
El caso es que, en este mismo momento, skiando pendiente abajo de la tinta y la vigilia, hablo de skiar.
Es como me pasó una vez, pero exactamente lo contrario, que escribí entre paréntesis que lo escrito entre paréntesis no tenía sentido. Lamentablemente yo lo había puesto para indicar que no había agravio en cierta anterior frase puesta entre paréntesis.
No perdí un amigo. No había entendido mi sutileza.
Aquí digo es decir, como la gente que se siente inteligente. (Es decir como yo.) Es decir, era como el niño al que obligan a pedir disculpas y que en cuanto lo sueltan se retracta y reitera el insulto: "¡No te pido perdón una mierda, gordo chancho!" O cualquier ejemplo de su infancia, señor, vamos, no se haga el bueno, y menos el maduro. Que no hay snobismo más barato que aparentar ser no-snob.
Bueno, el asunto, para que se entienda (brutos de mierda, ya llevo una página explicándoles), es que yo decía: "(Lo que está entre paréntesis no es cierto.)" Por lo tanto, y no me vengan con que se habían dado cuenta de la jugada, les dije en las narices "Brutos de mierda". Bueno, así le hice a mi amigo.
Jódanse por comprar este libro.
¿Quién les mandó creer al camelero del Jaron cuando les decía que era "Buenísimo!"?
Qué gracioso. El Jaron lo decía porque yo, que no lo había previsto (otra vez el túnel circular), lo nombraba antes de que él hiciera el comentario.
Jaron... sos un boludo por no existir.
Mejor les explico esto otro, B. de M., que es más fácil: dije "jódanse por comprar el libro". Pero lo escribí. (Antes de que fuera un libro.) Como si yo esperara que ustedes fueran tan pelotudos por comprar un libro en el que les decía, aún antes de que el libro existiera, que eran unos pelotudos por comprarlo.
Yo los preví. Ustedes a mí no. Porque eso es lo que hago: cagarme de risa de ustedes.

Ah!,
¡el verso!... El mejor del mundo... Era...

La lluvia tirita sobre el techo su
cabellera de cristal.

Me di cuenta cuando empezó a llover.
Ya nadie podía convencerme
de que llover no fuera eso: tirita sobre el techo su cabellera de cristal. Como el tri-tri de Lugones. Los que no sepan qué es el tri-tri de Lugones, no habrán tenido el tupé de ofenderse por lo de brutos de mierda, ¿no?
Ah!: Lo de que la felicidad es estar conforme con uno mismo pero no tener la más mínima idea. Es una linda frase. Cómoda para ustedes que no la entienden pero que se ponen siempre palabras en la boca que les quedan como un clavel en el ojo del culo.
¿Qué? ¿No entienden mi conformidad? Después de haberlos cagado, la única conformidad posible es la mía.
Ahora, díganme, ¿quién carajo me puede cagar de ustedes?

CÉSAR BRUTO

(En el medio de la firma y el final, un dibujito tipo Mafalda skiando con soltura.)

Otras veces puede pasar que en la primera prueba nos enteremos de que éramos grandes skiadores.

Contratapa del cuento:
(Dibujito de un skiador que se cagó de un porrazo.)

Fin del libro:
Éste es un libro de cuentos que se traman cuentos y se subtitulan cuentos y cuentan cuentitos donde se cuentan cuentitos... Etc.
=
(Igual:) = 100 dividido 3 = 33,333333... etc.

Es como ir al cine donde dan una película en que se va al cine y dan una película en que se va al cine (acá la tinta va empalideciendo gradualmente).

Ah! O si no, como eso del tarrito de Royal (*), en que hay una vieja con una escoba y un gato. La vieja y la escoba me importan tres carajos, pero la vieja tiene un tarrititito de Royal donde habrá otra vieja que seguirá sin importarme tres carajos, y así hasta que el boludo que pinta los tarritos de Royal se dé cuenta de que en su puta vida va a terminar de pintar uno, porque pintar uno adentro del otro es como avanzar siempre la mitad, y es no llegar nunca. (La proporción entre un tarro y el pintado dentro, tal vez no es de 1 a ½.)

—Dibujito:
Un tipo grita los tengo, tengo todos los tarritititititititi...: (aquí la letra va achicándose gradualmente).

[Esto es un dibujito de un tarrito de Royal que tiene un dibujito de un tarrito con tarrititito con 100 divido 3 = ..., etc. Va justo aquí.]—

(*) Esto es para vos Graciela, Chela, Gache, Chelita, que te ponés claveles en el culo y te quedan como el ojete, y yo ya no me los pongo ni siquiera hombres (no me decoro las palabras con nada, ¡O SEA!), como ese amigo tuyo tan puto.
Además que ahora soy famoso.
Por lo menos te rompí las pelotas hasta el final del libro y ahora estoy en tu biblioteca.

(Dibujo de un tacho de basura. Va justo aquí): ¡Boluda! ¡Tirándome a la basura!
No podés evitarlo.

_____________________
Ahora que me conocen:
¡Compren mi libro de versos cuando aparezca!
Los desafío a que me entiendan.
No importa,
la posteridad me dará la razón.

De más está decir que no hago la salvedad de que los nombres, sitios y hechos que aquí aparecen no tienen que ver con la realidad y que cualquier semejanza es pura casualidad, porque sé que no me van a creer.


A María Mónica Collazo,
que me sacó de la cárcel.

Porque no sé cuándo hubiera salido de la cárcel. Nunca en la vida, posiblemente. Y esta criatura de veintiún años me sacó en seis semanas. Me sacó de la cárcel adonde me mandó el Poder Judicial por escribir. Expediente 32.666, Juzgado Penal 3, Mar del Plata.

 

VIAJE POR EL REZO

Si tuviera
podríamos cambiar de religión
meternos en un barril lleno de aceite
aprender el lenguaje de las flores
saber cómo se llora en marte.
No sé cómo se fundan
las cosas importantes como ésa.
Y hay tantas otras cosas más
que ignoro
No sé cómo se evita emborracharse
cómo sueñan el amor los sacerdotes
por qué se suicidan
los insectos.
(Ahora me doy cuenta
de que la naturaleza no estaba
preparada para los
inexpugnables faroles)
No tengo religión
pero quisiera cambiar de algo
de verdad podríamos hacerlo
¿Quién inventa las cosas importantes
Quién anda instituyendo los profetas
Quién decidió las alas del gusano?
¿y el instinto de beso en los sonidos?
No es que quiera
cambiarme las desconocidas raíces
Es que contigo podría hacer un viaje
por el polen, arrojarme a un cielo
subalterno por la boca de un sapo
enamorado. Remontarme por el aire
con mis párpados por únicas alas.
Derrotar todos los dogmas de la
arquitectura universal.
Podríamos invitar a un ateo
imaginario a fusilarnos con burbujas
de sonido hasta dejarnos huecos
como una llama.
O hacer un viaje por el rezo. Para
eso sería necesario que nos escondiéramos
en un molino apretando los dientes
para no gritar cuando la piedra nos
enreda con la harina. Nuestras
manos juntas serán el mismo grano
después tal vez nos harían pan
lingote cereal, ladrillo, altar
del hambre y con forma de
luna un poco amapolada
en alguna suburbana iglesia
nos repartirían. Tal vez nos
tocará esa vieja, la que reza
casi con afán. Descenderemos
por su esófago (sabremos
casi algo de los hormigueros)
y veremos el corazón de la fe
el pabilo que sostiene historias
el pedestal de tantas guerras.
Después, un poco como los feligreses
saldremos del recinto sagrado
y nos dirigiremos a los andenes
suburbiales empujados por
la corriente de la derrota.
Allí habrá un túnel mucho
más oscuro.
La salida será lo más difícil.
Creo que prefiero no cambiar de
religión, quedarme con mis palomas
y mis trasnoches de páginas.

 

ALFARERO SIDERAL

Quisiera cada gesto innumerable de las
moscas
cada mínimo amor de este planeta
cada polen de arroz
cada hormiguero
cada lluvia que se enguanta por la tierra
cada rayo de luna en el océano
cada faro derretido bajo el agua
la hondura total de las insondables cuevas
cada beso fugaz de cada boca
cada constelación de saliva que destella
cada arruga dactilar
en las piedras colosales de las cordilleras
cada rayo cayendo cada brasa
cada escama de ceniza cada huella
el número total del desarrollo
la molienda de las olas, cada ala
cada cosa en fin para ponerla
desnuda e infinita como harina
en tu cuerpo y tu alma y en tus piernas
en tu memoria hasta el éxtasis que huye
y se agazapa
a cada gramo cada instante de tu vida
para que sepas el completo abecedario
de planetas de sal y de rugidos
de gemidos de galope y de colmena
con que junto a tu nombre catarata
construyo el del amor como alfarero
sideral en esta pieza.

 

ILUMINACIÓN VACÍA

Desmantelando naranjas
demoliendo pianos
triturando caracoles
como a fetos de flautas
voy y vengo entre pies
e iluminación vacía
besando la íntima piel de algún espejo
con reflejos de lenguajes diferentes
De esta peregrinación por el aire
de esta torre de saliva
se pueden decir tantas cosas
tiene tantos nombres la soledad

Y el tuyo, el más atroz

 

SUEÑOS DE DEMENTE

Te llamé por teléfono.
era el silencio en punto de tu ausencia
en mi pieza sin tiempo
Te llamé con insistencia
la llamada se extendía por el aire
la llamada sin respuesta
como un grito agonizante
inundaba el vacío callado de tu casa
y sonaba tristemente a nadie
Colgué. hice otra llamada
la misma cruenta voz que se partía
la misma temblorosa campanada
Me pareció que tenía algo de risa
recorrí en mi memoria todo el ámbito
un silencio sonoro que dolía
Volví a cortar. Estoy pensando
Ahora en los venarios corredores, en la puerta
en los discos quietos y callados.
en la paz tranquila de la mesa
en el pasillo aortal que se derrama
y que pasa delante de tu pieza
Al pasar me fijo en la ventana
Tu mundo de misterios escondidos
y me siento de recuerdos en tu cama
Se me sube a los ojos el vacío
se encarama tenaz a mi garganta
me siento encerrado en el delirio
Ahora pienso y se me anega el alma
que tal vez cuando te llame nuevamente
me responderá el silencio de tu casa
Y mañana y después al día siguiente
y también después de una semana
y otra más y después ya para siempre
Hasta que yo sepa de verdad qué pasa
: que sólo existes en mis sueños de demente.

 

LA NOCHE QUE NOS DESENVAINAMOS

No he lavado la ropa que tenía
la noche que nos desenvainamos
y desnudos como la miel que cae
de los higos maduros a la siesta,
nos anudamos acuáticamente
como dos lagos o dos gotas de agua
que se juntan innumerablemente.
No voy a lavar esa camisa.

 

ESTOY ESCRIBIENDO TU NOMBRE

En esta noche aquí en esta ciudad
hoy, cualquier día un cualquier nunca
en esta ninguna parte rescatada
yo: este nadie de cosas y almanaques
de resecadas rosas y poemas volados
aquí en esta ciudad yo ahora
estoy escribiendo tu nombre
con dedos de niebla
roto contra el aire encallado
en la noche triste y sola de esta ciudad
donde hay tantos que tal vez recogen
su memoria, su alma, su tristeza
para llevársela luego a algún poema oscuro
en una ciudad cualquiera, solos.

 

LAS ANCLAS DE TODO MI DESTINO

I

Que estas puertas de llegar
sean las de partir
si no encuentras tu vida
en mi sendero,
si tu memoria me renuncia
si tu amor
se descalza de mi nombre.

II

Tú mujer,
tú amiga, luz,
tripulación total de mis espigas,
tesoro en llamas en la boca
de la madrugada
tienes las llaves y el timón de mi vida,
las anclas de todo mi destino.
Eso te lo doy. Como una mano,
como una manzana.
Pero no debes tropezar
con mis pies.
No te sientas encerrada
en mi libertad
que te regalo.
Quiero ser tu camino
no tu calvario.

 

CLARIDAD HECHA PAN

Está visto
Está sabido que
Está sido que yo
Está vivido que yo nunca
Hubiera sido uno
de esos solemnes o terribles señores
con anteojos y joroba.
De esos que se mueven por
sus bibliotecas con la familiaridad
de un pez solo en su escueta pecera.
A veces creo que tienen algo de
dromedario, que guardan litros
de páginas en la joroba de la espalda
y las de los dedos. Los infaltables juanetes.
Porque casi todos tienen cabeza
pequeña, tal vez para tener los ojos
más juntos, —la nariz no es importante—
nunca se muerden la boca; y las orejas
a veces son alas deterioradas, grandes
como paraguas, a veces un poco chamuscadas
y otras veces se les caen por el mismo
camino de la calva.
No sé si hay alguno que se coma
las uñas, ancestros de roedor no les faltan.
Algunos chupan de la pipa con invertida
frustración de flautistas y oyen una
inédita música con los catacúmbicos bronquios.
(espero que no hayan leído nunca
la palabra catacúmbicos) ¡Qué volutas
de abortadas melodías!
Asunto corbatas = me abstengo;
casi todos la tienen sucia y otros la dejan
para marcar una página remota, donde
el torturado trapo convive
con las migas de un irrecuperable
sandwich. (quién sabe cuánta
sombra ha recorrido).
No! definitivamente,
porque yo no dejo migas
ni tengo orejas migratorias
porque sólo me como las uñas
cuando espero en las estaciones ferroviarias;
porque no sé nadar como el
alegórico pez
ni soporto el olor satánico de los
libros añejos,
porque entre una flauta y una
pipa prefiero una guitarra
y mucho más soplar en la caña
innumerable de tu aliento
y porque no uso tiradores,
(olvidemos la boca que yo también
me muerdo cuando quiero
imaginarte)
porque mi única joroba es un
dolor de caminos
y no recuerdo cuánto leo, sino tus
cartas,
por todo eso y un montón de otras
razones, no soy uno
de esos solemnes o terribles señores.
Además, si lo fuera,
cómo hubiera hecho para darme
cuenta cuando pasabas y tenías
la boca encinta de palomas.
No! definitivamente no lo soy.
Y si lo fuera
me cortaría las manos y la boca
y trituraría mis dientes
y después me escondería
con esa sucia corbata confundido
entre las migas
por haberte amado
y profanado con derrota y otoño
tu cuerpo de claridad
hecha pan.

 

MARES ANUDADOS

Quisiera que fueras sucia alguna vez
con el olor bullicioso de los rinocerontes
que en ti habitaran
duendes diminutos
una constelación de piojos
labriegos y mineros de tu pelo
y de tu piel
ellos me podrían contar de su amor planetario
de los hormigueros luminosos
de las madrigueras amadas
donde mi lengua no puede envainarse
y pasa a veces como un glaciar quemante
como un mar al galope.
Ellos me podrían decir las diminutas rosas
las quebradas los terribles
cañones de tus huellas dactilares
los aljibes insondables de tus poros
ellos conocerían los remotos senderos
las vertientes los guijarros
las olas enterradas de tu pecho
tus pezones como cúpulas sagradas
sagrados como templos
todos los jardines
cada cementerio.
ellos acamparían bajo el trébol
fresco
el que crece en la desembocadura
de tu cuerpo continental
ellos ordenarían
tras nuestras enamoradas batallas
los húmedos minerales de la savia tibia
las herramientas exhaustas del amor.
Quisiera recorrerte
como una lagartija
esconderme bajo cada piedra
mirarnos a los dos
crepitando como mares anudados
y ser a veces mar
y a veces caracol.

 

VELAS PARA AGRANDAR LA OSCURIDAD

He apagado todas las lejanías
he decidido que estás aquí conmigo
detrás de alguna puerta,
lavándote la cara
amasando un trago de ventanas en un
papel, o bebiendo un chorro de mariposas
en alguno de tus libros amarillos.
He decidido que la soledad no nos cabe
Somos demasiado para los enjutos territorios
de la nada.
Y si alguien no lo cree puede leer
en los legajos de la primavera sobre nuestro
encuentro desde los parietales de la tierra
de nuestra insobornable brújula de equinoccios
Sí! Estás comprando el pan para nuestro desayuno
Un par de velas para agrandar la oscuridad
ese esmalte multicolor para pintarnos camelias
en los brazos y hacer el amor como las enredaderas.
No encuentro la nota que me escribiste
mientras dormía
Te habrás olvidado de dejarla.
No importa, sé que la has escrito y que
decías que volvías en seguida, que no
querías despertarme.
Ahora me voy a meter al baño
voy a demorar un poco para darte
tiempo de volver e irte otra vez.
Me gusta tu forma de estar
tu presencia vacía, llena de sospechas
tu ausencia habitada,
tus constantes salidas.
Ah! espero que no olvides traerme
el bloc de cartas y los sobres.
No puedo estar sin escribirte cada día.

 

ADULTERIO

No te quiero más le he dicho
y una andanada de dedos aullantes
me han empujado contra la pared
oscura de los mínimos delitos
Pero si hubiera decidido hacer
de mi vida otro instrumento de culto
pavoroso, ir a la guerra tal vez,
hacerme sacerdote empasillado en
conventos insondables, dedicarme a la
sonrisa, sacarle fotografías a la muerte
profesionalizarme en un espejismo
cualquiera, entonces tal vez
escogerían mi nombre entre palabras lustrosas
y desde el héroe al santo desde el mártir
al mentiroso acomodarían mi pedestal de nácar.
Pero el amor es mi bandera mi altar
mi alquimia mi pincel. Por eso soy un
delincuente.

 

ORDEN DE PALOMAS

Entre acordes esparcidos por
el aire, vuelan, giran locamente
algunas palomas suburbanas
Me parece tan justo que estén
navegando en el cielo de esta
mañana que no imagino
dónde viven por la noche.
De la iglesia abierta emanan
ráfagas de música
el aceite melodioso del órgano.
los árboles enjuagan en la música
sus crispadas cabelleras.
yo camino plaza abajo.
Quién sabe si alguien se pregunta
qué hago pasando por aquí,
quién soy, de qué huyo,
en qué colchón de quién sabe
qué historia voy a revolcarme.
No, hay demasiadas alas en
el mediodía. Yo y cada cual
somos parte de la casualidad
O de un aglomerado manojo
de indescifrables voluntades.
¿Quién indaga un profetizado
orden de las palomas,
el justo cántico que se derrama
los dedos del organista
el culpable arrodillado
el pisoteado cigarrillo del asesino
nocturno?
No nadie se pregunta por mí.
A quién le importa saber adónde voy.
Y, después de todo,
¿adónde voy?
Tal vez ni siquiera estoy pasando por aquí
Ni siquiera aquí. Ni.

 

NAVE PARA TODOS LOS DILUVIOS

Como un desaforado labriego
enterré mis palas en los surcos
de este cuaderno.
He ido despejando el cardo
peinando la tierra
la encía fecunda
la cabellera vacía
soplando en la fragua del delirio
hasta hacer saltar la espiga.
Éste es mi pan
mi harina enamorada
mi sudor de anhelos que te buscan
mujer ecuatorial
templo definitivo
altar de la fertilidad
A veces el silencio
a veces ciertas fotos viejas
arqueológicos naufragios
como sarmientos
mordían el arado infatigable
de mi lengua.
Esta siembra insucumbible
no teme la agresión de la pezuña
pueden invadirla los dientes del olvido
puede intentarla el fuego y el rumbo
lóbrego del pus
no hay silencio para el verso escrito
si ha pasado por tus ojos
por la siega de tu mente
por la molienda vigilante de tu alma.
Yo no quiero tener nombre de poeta
prefiero llamarme jardinero
pastor de rosas
timonel de savia
No hay en estas húmedas colinas
de papel, una sola piedra de aridez,
El sumergido mineral es todo de campanas.
No hay un solo fusil bajo la tierra
porque éste es mi prado de amor
mi arsenal de palomas
para tus ojos y tu sonrisa.
Ahora bien, mi pequeño horizonte
Amiga de mis horas lejanas
Es posible que los cuervos
del tiempo, los gusanos
tenebrosos que a veces
tenemos en el subsuelo de nuestra
memoria, pasen
a dimitirnos, a esparcirnos, a disipar
la semilla a barrernos con uñas
de huracán enfurecido.
Es posible que se desaten de
lejanas cumbres, desde destejida
nieve de recuerdos, algunos rostros
que traemos puestos, y que el agua
turbia del hastío alague nuestros
campos de besos y de veneración
trasnochada. Por ésas y por todas
las otras muertes posibles que
podrían sumergirnos yo quiero
dejar un dolmen eterno
para todas las expediciones
para todos los testimonios
para obligar los astros perezosos;
y ese monumento indemolible
lleva nuestros nombres y el del amor
en este cuaderno que es una
nave para todos los diluvios.
Así, tal vez para siempre
el talón de la atmósfera
será una lámpara custodia
para que no se nos echen encima
las escobas de la nada y nos sumerjan.

 

SER POETA ES MUY FÁCIL

Ser poeta es muy fácil
hace falta una distancia
una imagen que a veces
confundimos con la almohada
Hacen falta muchos besos
en la boca solitaria
y el silencio desnudo
acostado en nuestra cama
Es aún mucho más fácil
si se posa en la ventana
una paloma perdida
o una trémula guitarra
Se necesita una hoja
que se parezca a una sábana
y después cerrar los ojos
y arrojarlos en el alma
Y empezar a dibujar
con silencios o palabras
los caminos de los dedos
por el cuerpo que nos falta
Hay que estar enamorado
por eso hay pocos poetas
la poesía no se atrapa
con ávida red de letras
Hace falta algo de rezo
vivir con el sueño alerta
llorar al ver una rosa
y andar desnudo en la guerra
Si esto no da resultado
se compra un libro cualquiera
la poesía está en los ojos
del que pasa a recogerla

 

EL SAGRARIO DE MIS NOCHES SOLAS

Déjame haberte dicho cada cosa
cada terrón clamoroso de esta tierra
tu imagen fue mi guía en el trayecto
y mis pies vocación de primavera
Has explorado cada grieta de mi pecho
cada válvula cada seña de mis venas
sabes mis palomas, sabes mis espejos
sabes tu retrato cuando eres la ausencia.
Todo te lo dejo como un sagrado diagrama
para que viajes tus ojos por mis sueños
para que en la primera estrella de tu ventana
encuentres junto al tuyo mi deseo.
Éste es el sagrario de mis noches solas
guarda en él tus ojos y si quieres tu alma
echa a volar los hondos ríos de tu boca
o agrega las tuyas a estas alas,
si no basta mi miope fantasía
para los paisajes suntuosos de tu entraña.
Ésta es toda, amor, la geografía
de mi mente un poco enmarañada
Te lo doy como a un país como a esa isla
como a esa mano o también esa manzana
Te lo doy como te doy mi vida
como en esa canción que te gustaba

 

ITINERARIO DE MIS MANOS

He llegado a la cima de mi boca
a la cúspide de mi insomne empresa
he trepado al final de este cuaderno
con las redes ávidas y con el sueño alerta.
Si ahora puedo echar al fuego
todas mis guitarras y ver cómo se queman
y vuelvo a empezar la golondrina
por aquella primera primavera
Es que este itinerario de mis manos
siguió sin perderse su avisada estrella.
Tengo otro desierto que emprender para tus ojos
otro mapa de páginas y estepas
para construirle nidos a tus pestañas
y a tu corazón una extensa madriguera.

 

ESTE AMOR CALIENTE

Gracias por mi alma desnuda
por mi mente con fuentes
donde surgen lagartos de diamante
Que hacen el amor como suicidas
hasta evaporarse
Gracias por este dolor
insoportable por esta dulzura
incandescente
Gracias por poder volar
como un demente
con los pies atados
y los ojos pisoteados por la gente
Gracias por la palabra gracias
por este amor caliente
por este cuerpo mío
de praderas enamoradas
Gracias por poder pensarte
por poder creerte
por imaginarte
con locura candente
por besar el aire
o arrancar estrellas
o explotar en mil avispas
de repente.
Gracias hembra constelada
por tus abismos de amor
que me perduran
Gracias por tu boca sin fronteras
habitada
Gracias por tu aliento donde viven
mil planetas
Gracias por tu mirada
innumerable, incontenible
que todo lo bebe
como una infinita ciénaga
Gracias por estar locos
por poder descalzarnos
los dos juntos
para entrar a un templo
donde entran solamente
a casarse las estrellas.
Gracias por mi alma desnuda

¿cómo podría si no
decir cosas como ésta?
Usando ademanes de poesía
con mis torpes manos de madera.

 

ME GUSTA VERTE PASAR

Me gusta verte pasar
decidiendo el espacio con tu cuerpo
derramando nadas que no eres
hiriendo a muerte al tiempo
con tu sonrisa inagotable
Me gusta verte pasar
decididamente no hay nada
que me guste más
Ver tu pelo a chorros que lame
el espacio. Verte
elegir la silla donde te vas a sentar
o buscar un libro cualquiera.
y no es por ninguna de estas razones
que me gusta verte pasar
Es sólo que me gusta verte
saber que estás viva
contenerte con mis ojos lanzados
insaciablemente hacia ti.

 

AMULETO

He hablado con el reloj de las medidas
con el fogonero de todos los tamaños
con el chofer de las dimensiones absolutas
Él me ha dado un brebaje de ocultarnos
un talismán de desaparición de hacernos aire
una medalla para ser como queramos.
Así podremos irnos a vivir bajo los hongos
a edificar un palacio entre las alas del trébol
a enseñar un Dios cualquiera a las hormigas
a que los besos nunca sean más pequeños
a tener miedo de las gigantescas cucarachas
podremos domar una luciérnaga
y luciernagar como jinetes de una lámpara
podremos domesticar al terremoto
y hacer temblar la tierra con tu orgasmo
haremos el amor como dos gotas
que se juntan en un beso innumerable
sobre el terciopelo infinitesimal de las corolas.
Y después cansados de ocultarnos
podremos frotar nuestro amuleto
y saltar como relámpagos que emergen
y tapar el sol con nuestros cuerpos.

 

¿CÓMO NO AMARTE EN UN DÍA COMO ÉSTE?

El sol se ha subido a su púlpito
celeste y derrama su discurso de luz
sobre la tierra
Hay pájaros anclados en el aire
tembloroso de la mañana
Cómo no tener yo también algo de flor
cómo no amarte en un día como éste
Cómo no haberte escrito estos jardines
a pesar del atuendo ceniciento
de este día,
si tengo tu recuerdo en mediodía
izado en el cenit de mi alma?

 

INSTINTO DE SISMO

Era la inmovilidad total, la nada
el silencio inmemorial, todo infinito
de repente un temblor, un párpado, un ala
la soledad que estallaba en un latido
Tal vez dios no ha empezado todavía
Yo sé sólo de espigas y raíces.
sé de mis cuadernos y de tu poesía
de lo que te digo y lo que tú me dices.
Pero a veces pienso que llevamos
en el alma un instinto de sismo
que acarreamos la raíz de los relámpagos
el ovario primordial de los destinos.
Y se me ocurre que dios es la burbuja
el equívoco de la inmensidad desolada
que de repente se levanta y desoculta
como el amor que hasta el encuentro nos buscaba.
La eternidad la entiendo por delante
por detrás es un desierto que atropella
pienso en el extravío que nos precedía
como una jauría de rostros y de puertas
Y me parece haber tenido acceso
por tu boca a la ruta profética
a mi primer pie y a mi primera huella
Y con todos mis insomnios en suspenso
me parece que en ti dios se cumpliera.

 

SILENCIOS ELEGIDOS

No sé qué silencio usar
para hacer el monumento del sonido
tal vez el fragor de las cascadas
en las vísceras del hielo contenido
tal vez el del zumbido
derramado
de un caracol triturado, hecho añicos
o el silencio que queda en los abismos
después que cae un pájaro herido.
Puedo usar el silencio de los astros,
que se apagan en la carne de los siglos
—no quiero el silencio que sucede
a las balas de ningún suicidio—

puedo usar el sonido de tu boca
cuando en un beso infinito nos hundimos
o el silencio del silencio cuando saltan
por el aire los desollados ruidos
de la ciudad que se debate en mi ventana.
Hay otros sonidos de martirio
que dejan silencios mucho más dolorosos
esas trompetas con que nos derretimos
volando como evaporados pozos.
Ya elegiré bien con cuidado los ladrillos
de mi torre para construir la anatomía
de la música donde tú y yo vivimos.
Ahora me preocupa el pedestal
la base donde quedará erigido
la palabra que diré para ofrecértelo
Porque de tantos silencios elegidos
si digo el término equivocado
podría derrumbarse mi obelisco.
¡Creo que he encontrado el material más adecuado!
es el silencio de la palabra olvido.
Ahora puedo cantar ¡canta conmigo!
el monumento cantará callado.

 

¿QUIÉN VIENE A DARME DE ALTA LA SOLEDAD?

¿Quién apaga la tiniebla
quién me lava estos rincones
quién me enseña algún idioma
que no tenga la palabra silencio
Quién viene a darme de alta la soledad
A decirme que me vaya a una guitarra
Quién viene a mostrarme una paloma
a decirme que he nacido
A enseñarme a pronunciar tu nombre
con mis manos
Quién viene a decirme que no soy
un delito
Quién me indulta de todos los perdones
quién me dice que estoy vivo
Quién me dice que mis pies hacen caminos
Quién me dice que me llamo
número siempre
quién me paloma
quién me cambia por un beso
la palabra Dios?

 

SOLES SUMERGIDOS

A veces no entiendo los huevos
esos soles animales sumergidos
en una placenta de tiza
No entiendo sus ovalados silencios
se parecen tanto al silencio
todo lo que son lo son por dentro.
De verdad no los entiendo
No sé por qué no salen volando
por qué no se van de un suspiro
al firmamento
Ahora que pienso,
tal vez están volando por adentro
Tal vez lo que me pasa
es que quisiera ser huevo
brillar en la penumbra,
acumular mis cielos
E irme volando hacia dentro
hacia ser cada vez, mucho más,
infinitamente pequeño.

 

O PEOR AÚN

Nunca querré parecerme a una papa
no tener dedos
ni tener lengua
No sé siquiera de qué lado de sus
ninguna parte mira
si tiene boca,
sólo un nido de ombligos
no, no quiero transformarme en papa
Siempre he odiado los tenedores
y no soportaría tener que odiarlos más
y sobre todo
no soportaría que me comiera
cualquiera que no fueras tú
y a pesar de que querría viajar
por tus entrañas;
tal vez, si tú me tuvieras
en tu plato, no tendrías apetito
o te llamarían por teléfono
o podrías incluso no comerme todo
o peor aún no darte cuenta
de que era yo

 

PRINCESA BOREAL

Para adornarte con diamantes
que respiren
con piedras de viva transparencia
como a la reina de todas las edades
emperatriz galáctica
yo elijo temblorosas gotas
de agua o de saliva
y a veces de lágrimas
un poco opalescentes.
Busco por los ríos
infartados de la noche
por los lagos insondables del silencio
por las olas del tiempo sin llaves
y esparzo por tu cuerpo
de continente y de peligro
esas frutas sin nombre
esas maduras estrellas animales.
Así te quiero a veces
mojada y temblorosa
como un mar malherido
que tirita y se deshoja
Algo antártico en el fondo de tus huesos
un poco de cal de luz dormida, adormecida
de miedo a las ventanas solas
Un poco de rincón en tus pupilas
mojada y entregada
entre el aire y la sábana
que te sostienen
como una voraz corola.
Por quererte,
te quiero de mil formas
pero a veces quiero hacer
caminos
y como tendiendo entre las estrellas
al azar algunos hilos
con astronómico delirio
trazo rumbos de besos por la tibieza
de tu cuerpo infinito
y dejo los pasos de mi lengua
con pisadas de esmeraldas
de diamantes latiendo
de ópalos y perlas
y así condecorada
con el agua primaria de mi boca
con el sudor que emerge
de mi carne espolar que te tripula
con algunas lágrimas
que son parte del rito que nos vive
parte de esta vertiginosa locura
te dejo hecha de cielo
princesa boreal collar de aurora
mojada con el agua
enamorada de la hondura.

 

LOS PÉTALOS DE LA POESÍA

Como las primeras hojas del otoño
jugando a haber sido mariposas
los pétalos de la poesía planean
Y caen a mi corazón.
Allí reposan, y se hunden
por densos hormigueros
y recorren mil vetas laboriosas
relámpagos de hondura que las llevan
hasta una desembocadura de rosas
Yo andaba como un túnel escapándose
tenía la mirada fragorosa
Se han volado de mí aquellos acechos
se han volado con tantas otras cosas
Ya sé tu nombre y un culto de labriego
me empuja por las cosas más hermosas.

 

EL TELÉFONO

Tiene algo de buda o
perro echado, de tintero
de cabeza de toro
o zapato abandonado
misterioso caracol
si está callado
contiene en silencio todos los senderos
A veces se despierta con voz de grillo austero
y entre venas atmosféricas y magia tamizado
me trae el sonido más amado
la canción vegetal que yo más quiero.

En esta soledad él es mi compañero
cueva del silencio y corazón alado
a veces por el aire me lleva hasta tu lado
como un instantáneo y ferviente mensajero.
Él, que toca tu voz con quieto aliento
que contiene en palomar tu melodía
en su boca la anuda con la mía
y nos lanza hechos aire por el viento

Yo amo a este teléfono profundo
a su prolijo intestino casi vena
a su cráneo carbónico que drena
que me lleva por las glándulas del mundo

Es el único antídoto del tiempo
único cerrojo del silencio

 

TERRESTRE ANATOMÍA

Creo que podría ser profesor
de geografía
Conozco cada río del aire quieto
cada costa cada labio
cada abismo del silencio
Mis alumnos no usarían
anteojos.
Tal vez calandrias
en las manos líquidas
tal vez mirada de mordaza
Todos lloraríamos juntos
al empezar la clase.
Hoy por ejemplo
enseñaría los desiertos atroces
con esqueletos blancos
de luminosos caminantes
Allí han establecido
sus cadáveres titilantes
algunos poetas que nacieron ciegos.
Dejaríamos para nunca
los oasis
Alguien habría inventado
la palabra teléfono
Si no fuera por esta hora
en que todo el mundo duerme.
Creo de verdad que podría
ser un mal profesor
tengo todo que decir
podría asustar a mis alumnos
Dibujar en un pizarrón de lágrimas
cordilleras de besos
cordilleras con diamantes
que se quedan atrapados
en la boca
ay los volcanes
ay la nieve y la llamarada
y la lava en soledad.
Conozco este planeta de callar
con manos de viento
con garganta tormentosa
con huracanes de cuadernos.
Les aconsejo que no se inscriban
en mi curso
Podrían hacerse adeptos
a la poesía
y en alguna última página
a un primer suicidio.

 

UNA FLAUTA PERFECTA ENTRE TUS LABIOS

El amor me condecoró la boca
con esta urgencia de versos

no quiero suicidarme de silencio
puedo besarte eso sí,
permanecer callado
como una flauta perfecta entre tus labios
la canción nos crece por adentro
y la escribimos con galope de relámpagos.

 

LAS FOSFORESCENTES TROMPETAS

La música desordena manantiales
en mi pecho
desata relinchos
sopla los molinos de mi sangre
y hace saltar tu rostro
como candente
mineral eyaculado

amo su rastro de gases derramándose
su lacio paso de pez o de gaviota
amo sus manos de tules y de oxígeno
su cuerpo gaseoso y llamarada

amo las trompetas de metálico
vuelo
cóndores de oro transparente
flechas huecas de cristal fosforescente

 

CADÁVER GENERAL

Dónde han dejado el resto
de estos cadáveres
el expoliado cuerpo del alquitrán
esta sangre tenebrosa de planeta?
Miro en estas calles
el pedregullo engarzado
un poco como un desmentido cielo
constelado de las pequeñas
y las múltiples muertes de los hombres
tapas de botella
cristales de choques irrecuperables
cigarrillos retorcidos
indescifrables gotas de café
orina o sangre.
Esta selva para gatos
y vientos invernales
estos jardines para que paseen Dioses
de hielo
estos cementerios para que nadie llore
me recuerdan que nunca he pedido
auxilio
No quiero que los restos
las plumas los párpados
los rotos dedos de mi grito mutilado
se queden enredados
a este cadáver general desatrapado.
Mejor me voy
hay una plaza a la vuelta de la esquina.

 

EL NOMBRE DIVINO DEL AMOR

Quiero apostar con todos los poetas
con todos los juglares y todos los
mentirosos de la tierra con todas
las bocas suburbanas de la historia
con todos los tinteros trasnochados
con todos los suicidas y los gatos
con los conejos las moscas y los peces
con todo lo que ha estado enamorado
quiero jugar contra ellos mano a mano
boca a boca, solo contra todos
a quien ha dicho más veces la palabra
el nombre divino del amor.
Y luego quiero llevarte el trofeo hasta
tus manos, para ti, la hembra
más amada de la tierra.

 

ES EL AMOR

Empieza en los dedos de tus pies
deltas de pan y de firmeza
el continente donde desembarcan
mis besos como exploradores y
suben por las dunas perfectas
de tus piernas de subterráneos océanos
Empieza en cualquier poro
en cualquier centímetro de piel enamorada
en el agua vegetal de tu cabeza
en tus párpados donde no hay nada escondido.
Empieza en tus manos a veces
en tu aliento donde vive la sospecha
en el olor melodioso que dejas cuando pasas
en tu nombre si no estás, cuando te nombran
empieza, empieza y sigue
empieza en mí, porque te traía conmigo
como un hambre de milagro antes de hallarte
antes de que hubieras sido siempre
como una cueva sagrada.
Empieza y es la primera gaviota de la tierra
el primer amanecer sobre la nieve
y mi corazón reconoce su demorado nombre
desde su hondo trayecto de extravíos
como un ciego de manos luminosas
Empieza constantemente, siempre
como empezaba antes de llegarnos
igual que una exhaustiva geología
que preparaba la fertilidad para la rosa
Empieza en cualquier cosa, a la mañana
en el cuaderno que me llama blancamente
en tu imagen que es el primer recuerdo
como un faro en la niebla
Empieza siempre interminablemente
como toda el agua de la tierra
de innumerables raíces en la atmósfera
de infinitas arterias hasta el mar.
Empieza y me lleva hasta las vetas
de tu cuerpo templario de altares y escondrijo
allí enumero la redondez de las naranjas
mido el olor total de los jard