Un telar de miel y luna en el pecho te florece

A María Angélica Lezaeta

 

 

 

(POEMAS)

 

1

De tus ojos humea hacia mi alma
como un perfume que resucitara
una fe infinita
Las palomas de tus manos
como veleros postergados
como vientres o candelabros de ritos
tienen en un gesto
el dogma perfecto de los pájaros
A ellos iré, sueño
árboles de diluvio,
un día como un ave cansada.
son los pianos que completan
la tristeza.
Ya tu imagen es un coral de mi alma
y la he izado como a un título
de la sangre peregrina.
El rojo sacerdote
estará eternamente arrodillado a tus altares.
Ya he esgrimido tus ojos
como ventanas verdaderas hacia Dios
He derogado en un instante siglos
Tú podrías ahora
inaugurar mi voz aún no estrenada
El eco de mi corazón es un rastro
de pájaros
Es un testigo de horas
Es un caracol,
un pájaro hace siglos cancelado,
que ahora ha vuelto a parpadear.
El pulso de las alas
es un rito de campanas
mi corazón es por ti un campanario
Las olas esparcen la misa de mi alma
Tú has clausurado
el nombre de Dios
Y me falta el tuyo para nombrarlo.

 

2

El arco tenso de tu voz de caña
el arco acalambrado.

 

3

El hueco de los teatros tras la gente
la cóncava soledad que sobreviene
los rostros infinitos que no fueron.

 

4

la soledad me sube a la
garganta de campanario vacío.

 

5

A pesar del mundo que te sube a la garganta
como una hiedra que te obliga y calla
tú serás mi bandera en la batalla
y el mundo el himno que aunque calla canta.

 

6

Manso,
quisiera poseer el aleteo de mis labios
con el peso sosegado
en tu boca
de un beso mullido y blando.

 

7
ESTRELLAS FIJAS

Cuando ya de la vida
El alma tenga, con el cuerpo roto,
y duerma en el sepulcro
Esa noche más larga que las otras

Mis ojos que en recuerdo
del infinito eterno de las cosas,
guardaron sólo, como de un ensueño,
La tibia luz de tus miradas hondas,

Al ir descomponiéndose
entre la oscura fosa,
Verán, en lo ignorado de la muerte
Tus ojos no destacándose en la sombra

...Dejadla gozar de la vida
Antes de caer, corrompida,
En las negruras de la tierra

 

8

Si tuviera fuerza bastante para sos-
tener la pluma, escribiría lo fácil
y delicioso que es morir.

 

9

La muerte no es quizá más que un
cambio de sitio.

 

10

Pero mudo y absorto y de rodillas
como se adora a Dios ante su altar
como yo te he querido... desengáñate
¡así no te querrán!

 

11

y aquella vez fue como nunca y siempre
vamos allí donde no espera nada
y hallamos todo lo que está esperando

 

12

...y desde entonces soy porque tú eres,
y desde entonces eres, soy y somos
y por amor, seré, serás, seremos.

Tal vez no ser es ser sin que tú seas
sin que seas en fin, sin que vinieras

 

13

Ayer soñé que veía
a Dios y que a Dios hablaba
y soñé que Dios me oía...
Después soñé que soñaba.

 

14

Si no quieres darme, si no puedes dár
melo deseando,
dame deseando lo que puedas darme
dame lo que quieras que yo tenga
Lo que quieras darme, dame.

 

15

Me falta algo, lo busco todo.
No encuentro nada pues me falta,
algo.

 

16

Tú serás siempre tú cuando te llame
Tú serás siempre tú cuando te escriba
Si tú no hubieras sido tú,
tú lo mismo tú siempre serías.

Tú serás siempre mi sueño cuan-
do sueñe
Tú serás siempre mi cima cuan-
do te ame.
Tú serás siempre mi pena cuan-
do olvides.
¿Acaso yo, no seré tú, cuando me
llames?

Tú eres tú porque ser otro no podrías
Dime pronto si algo tienes que
yo amo,
porque pienso que lo único que
quiero,
es el eterno tú con que te llamo.

 

17

Ven a embriagarte con el perfume de
las violetas que se abren entre las sombras

 

18

Un nombre un a veces quizás
un depende

 

19

Tu sangre nómada
una rosa derrotada, ciega,
con hambre ensordecida de silencio
como un pez atónito de azul
y el agua remotísima a la espalda.
Algunas piedras graves, grises roncas
Las mariposas del agua que tirita
Lomos de potros de mar
algo se cae de rodillas
y mucho más adentro
un mar domesticado

 

20

Me ha llegado una carta tuya
desde antes
desde un día en que podría haberte averigua-
do
Hoy es el día en que sé que podrías haber
llegado
Hoy es el día en que
creces con los instantes
de mi caída
a lo largo de tu tamaño de pozo.
Tú eres un sobre cerrado desde que
existes carta.
Aquí.
Hoy, tus ojos:
¡Querida tú!
tu boca:
esperada, llegada, tenida tú
mis manos mar y anclas
tus manos anclas y mar
tú: mar
yo: ancla quilla
En el horizonte, esta manera de
nosotros
esta forma estridente de decir
esta forma ajustada de ser.
Me he caído a las entrañas de
tu alma,
allí me quieres
encontré la bandera de mi
imagen
y un llamado que esperaba
que lo fuese a buscar
a escuchar
un candado grita su dolor
estático.
Se aprietan las voces de
tus cosas y no te entiendo
y se deforma tu imagen
simple,
complicada.,
Me abrazan los renglones de
tu abrazo.
Mañana seguiré la
estela de mis ojos
Me acantilé desde tus ojos
aludando a tus sótanos desde un balcón

y se encontraron mis dos maneras
de verte de escucharte de
hundirme
Mi conciencia está en tu alma

He despertado en tus playas duras
o como mi blandísima manera
de sentirlas.
el tú que pienso se infla de ti
Eres enorme
y eres tú
y te sospecho infinita.
Tú eres hasta donde son las cosas en que
existo en el instante último en que
estás llegando
Hasta allí eres tú,
pero hoy que lo sé desde allí eres
hasta donde llamo tú.

 

21

Escucha esta oración de siete versos
semana de amor desde un domingo sólo en que rogaba:
Dios mío si llega sabré que es ella y podré decirle tú
tiene la cara que tendrá, la que en este día,
mañana no ignoraré
Señor dame una llave para romper
el candado de mi silencio, de mi noche,
de mi tristeza circular que me anilla
como el vacío que ocupo.
Lunes de ilusión, de buscar mi sueño
en mis preguntas
de evitar mi piel por temor de despertar
martes de amor supremo de palabras
de piel de temor inmenso de convicción
tan fuerte como el amor sentido
Miércoles de pendiente, de alud
de involuntad de piedra
de escombros en los diques
de riendas mutiladas
de amor crecido de alma hinchada
y ajustada contra el abrazo de
donde cabe.
Jueves de embarazo de amor de corazón
inflado, de ruego, de amarte
más que ayer de muros superados
de martes insignificante
de miedo de mañana
Viernes de hondura de lágrimas
de miedo de tu primera palabra
de ahogo en la garganta de
mil palabras rengas de voluntad
ficticia sábado débil de los dos
gastados de los dos inmensos de Domingo
con cruces de Iglesias con los dos.

 

22

Pude, tal vez, echar un ancla en tu tormenta
resistir al mundo y la mentira ajena
Pero ya todo pasó. Zozobraste entre tus propias olas
Y ahora todo es muelles de abandonos a mi costa.

Haché durante siglos la leña que quemamos.
te esperaba desde siempre, como a un mandato presentido.
Ahora lo sé, ibas a ser eso: Lo perdido,
que se guarda eternamente como amado.

No puede odiarte mi odio, Nunca has sido tan
querida.
Pero eso sí, el silencio puede ser de tus cosas
Y la noche más oscura tendrá tu lejanía
y sólo tu recuerdo será melancolía.
Pude echar, tal vez, un ancla en tu tormenta,
resistir al mundo y la mentira ajena,
pero cerré los ojos y confié en los tuyos,
y me dejaste, ciego, frente a la mentira y frente al mundo.

Nadie es culpable, sin embargo. Esto es parte de nosotros
Ahora un olvido infinito es la manera de guardarnos.
Aunque a veces el olor del verano y de los pájaros
se puebla de ti
con la melancolía de las tardes en los puertos solos.

Tu nombre es un pedazo de historia inaugurada
tu rostro una manera de olvido paulatino
Tus manos dos palomas mensajeras no llegadas
a responder huecos silencios que aún cobijo.

Es la hora, pequeña, de mentirnos,
de romper la verdad que hubo en nosotros,
para que cuando lleguen los que serán testigos
No nos quedemos con un recuerdo solos.

Lloremos ahora con la cada vez más lejanía,
Todavía estamos al principio. Este día un día, será olvido
Y nadie llorará por nosotros, ni nosotros mismos
ni siquiera unos niños dormidos a la orilla de la vida
contra un sueño que soñamos, y dejamos dormido.

Todo tiene ya la dimensión de la mentira.
Tú sabes que a la noche, tal vez contra el silencio
nos damos la mano.
y presentimos ese olvido total, sin testimonios
y lloramos solos y nos olvidamos.

Teníamos un siempre, pero sólo uno
Podríamos haber sido siempre juntos.
Pero el nosotros yace en el camino bifurcado
y el siempre es el olvido sin fronteras

 

23

Estuve mirando largo rato
el infinito blanco del silencio
con la voz azul de guitarra sin dedos
como una calma sangre para el surco blanco
la voz hacía un remanso por dentro
agazapado el potro del grito de barro
y canté tanto y callé y callé tanto
que el alma se comía las estrellas como un
hueco
Era la tristeza estaba la noche de los otros
los gatos del viento peregrinaban su estopa
y yo seguía un poco loco y un poco...
(tal vez nunca sepa cuándo dónde y qué
a esa hora
turbia)
¿Quién recuenta el delirio o la cordura del que solo
no deja ni el testimonio del verso en la locura?

 

24

Alguna vez, tal vez,
pero mucho más un sueño.
Esta calle que se repite
sin olvido que cancelara imágenes
algún rostro de otras horas
encontrado
sin embargo su primer ahora.
Y la remota historia lo devuelve
sin un quien sin un cuando sin un donde
Tal vez un mismo instante
que sucede ahora, mucho tiempo atrás

 

25

A veces un viento de soledad me pasa
entre las manos.
y recoge de mis oquedades
esa larga espera y sueño
de aunque sea hacer buches
con las hebras de la brisa.
Es una manera de vejez.
Todo ha quedado
y el polvo
tiene en las cosas olvidadas
la extensión del más acá
después de una última vez.
¡Si las últimas veces se supieran
de verdad
dimitiendo sueños
y cerrando eternamente ventanas
de vigilia!...
Pero es una como todas,
con una espera infinita
que no espera.
Ya nada llegará.
El viento ha muerto
y las manos como hélices
de molinos acalambrados
están tendidas
, árboles mutilados
con rictus dolorosos y de asombro
en las ramas detenidas.
El mar ha bajado
aquí sobre mi arena
de playa con recuerdos que parecen
fantasía
los barcos secos
—que nunca echaron anclas
de renuncia y paz
pero que no auscultarán ya el
pulso de las olas—
los barcos muertos,
las manos
de tanto olvido
que casi ignoran los senderos
de la piel
las manos untadas de silencio y
delirio
que ya no podrán acariciar
que tienen para la caricia
la carraspera hostil
del pan viejo y la madera
y que sin embargo
revolotearán otras frentes
austeras como las vasijas
y aprendidas como la ternura
que mienten
los que ya no pero que deben
amar todavía.

 

26

Desde ti nada pregunto.
Ni un rostro sucedido ni la frente anticipada
Las doce de la noche es un recodo
mañana será entre dos recodos.
no pregunto mañana
Los árboles son hermosos sobre nosotros.
(¿Qué importan los ignotos muertos que tienen
cruz en ellos?)
Los pájaros no cantan para otros
Este día no tiene amarras
doblará el crepúsculo inminente.
Mañana serán otros los árboles.
aunque hayas dormido al pie de alguno
No recojas nada de este día
Déjalo todo
el olvido ha de ser sin testigo
¿no ves que tus pies hoy no dejan estelas?
también el eco será cenizas en silencio.
Y no me nombres
no importa mi mano
toma la mano.
y al amanecer, un rostro cualquiera te será cotidiano
no preguntes por mí. Tu costado será todos los días
y yo a una manos sin rostro, en algún día después de estas estrellas
sin nombrarla,
seguiré diciéndole tú.

 

27

Cuando a tu rostro de campanario asoma un domingo
detrás de tus ojos una golondrina retrasada
busca la salida o las alas.
Y esa tristeza limpia y buena de las tardes
azules
detiene tu horizonte
más acá de lo errante
¿Qué sujeta ese oficio de olvidar palabras?
y esos mismos barcos, otros barcos,
se suicidan ciegos al espanto.
¿Por qué tu silencio desbocado?
la mirada infinita
y tu sangre ahorcada en un costado

 

28

La espalda de tus manos
Los árboles llenos de párpados
se exalta tu corazón.

 

29

Las dulces hormigas

 

30

hondo sabor despierto

 

31

Por los muros de tu alma la hiedra de mi voz
te obliga, yo soy también el mundo que te crece
amiga. Mi voz es un faro también de tu
deriva. Puedes asirte mi mano es lo
primero. Se te arrodilla si ciega eres altiva
y te acompaña o guarda
cuando espero.

 

32

Porque a pesar de mañana
mi voz te sube con el mundo
y aunque el mundo yo te inundo
como un domingo tiembla de campanas

 

33

Era la hora de las arañas
de los grillos tiritando y de los pasos ciegos
era la hora del silencio ojos abiertos
limpiándose las tumbas, los puentes
y las cañas.
Era la hora ¡Qué secas estaban mis campanas!
la vigilia desesperada, un puerto muerto

y yo estaba ciego de las manos

 

34

Un presentimiento de tu voz de lana
mi sangre de topo se obstinaba

 

35

Si tú no sabes por qué para tus noches sin luna
dejo mi lámpara en tu ventana
Por qué quiero que tengas mi canto que
tal vez no sirve
si quieres saber por qué te acerco mi
mano de barro
por qué tras el rastro del silencio mi
fervor te sigue.
Si quieres saber por qué no ha sido tanta
la agonía de la tierra
que después de morir de sed tres veces
en algún lugar se sacude el invierno
y en una flor despierta,
si quieres saber por qué lloran los
soldados cuando la muerte los acosa
por delante
y aunque tengan un fusil una sangre y un camino
se olvidan de las balas parados al lado de
un cadáver,
aprenderás a acompañar a esperar y a llorar
por un amigo.

 

36
I

Dulce mía. De las cosas más simples nos llega
la convicción de ser hombres. Como ver un racimo
de palomas temblando contra la mañana o que
maté mil hormigas inocentes corriendo el barco hacia
tu última imagen sobre el espigón.
Qué maravillosa tristeza me invade desde quererte.
Gracias por amarte, mujer, compañera.
En un instante somos la medida de nosotros
mismos. ¿¡Cómo entonces no sentir esta impotencia
de que todo lo que diga sea insuficiente!? Amor,
cómo no regalarte la historia vacía que me voy
llegando desde mañana, para que hagas lo que
quieras. Lamería tu indiferencia por sólo
ser tuya. ¡Cuánto, a la vez de exigirlo todo, acepta-
mos cualquier cosa, por el solo hecho de venir de quien
queremos...! Gracias por llorarte, gracias por mí
que golpeé desde el alma el hermetismo de mi coraza,
y enfrutecieron todas las estrellas que llevamos
en los ojos. Gracias por ser y por serte.
¿¡Qué puedo decir de mí sino que todo lo fui para
llegar hasta los días que seríamos!?
Ahora todo espero, pero ya nada me importa.
He vencido mi silencio porque sí, y ahora que conoz-
co las palabras, ahora que las he sido todas, me
queda este otro silencio de ya no tenerte. Ése es el
sentido de la tristeza. Una soledad por ausencia, y
no la inútil y vacía soledad que no tiene altares
ni nombres que rezar. Te quiero, te quiero y
me cago en todas las pioladas que podría hacer
para guardarte. Prefiero, ahora que ya la conozco,
abrirte el alma como un templo; aunque así sólo
me entrasen los gorriones a picotear las estrellas del
silencio como al trigo.

 

II

Todo me lo comí. Fui apilando en la garganta todas
las cosas. Y en un momento comprendí que irte sólo
podía aprenderlo en el instante inapelable
de cada vez más la lejanía. Aprendí a que te fueras.
Ay Chalita qué putamadre es la vida.
Yo sé que un día tejerás mis hijos. Los hombres sólo
servimos para que las mujeres. Pero creo que como un
día tu cuerpo acudirá a morir un poco en el amor de
la semilla, redondo sobre la raíz de la luz, hembra,
tu labriego entrañal que me propague por tu sangre,
así, virgen mía (porque además, y sobre todo, virgen de
mí), así, como tú, madre, te duplicarás en el
nosotros vivo que vivas; así, siento que el alma
es un país infinito donde oigo el rumor de las
raíces que me he venido el amor.

 

III

En el
espigón, también Gerardo era en ese mazacote de
brazos donde yo te gritaba silencio.
¡Qué heroísmo ser humanos! Todo empieza con lágrimas,
como tus hijos. Allí en las lágrimas, en el barro
del mundo y del alma que empezamos a ser, recoge-
mos nuestra verdad. Allí es fácil creer en Dios.
Por eso, gracias por Dios que es apenas un poco de ti.
Mujer, divina mía, ¿¡cómo no ofrendarte mi miedo y
mi valentía infinitos!? ¿¡Cómo no tocarte el amor
con la vida, y cerrar después todas las palabras!?
Sólo, no olvides que me poblaste el amor, que todo
es en ti como en el sol. De cualquier otro olvido,
te pido nada más que la vida.
Hasta nosotros, con el corazón boquiabierto
como un beso vacío que te esperaré siempre.

 

IV

Hace tres horas que empecé a perderte de vista. Esta carta
la quise copiar para mostrársela a tu hermano que me abrazó
dos veces.

 

37

La porfía ciega del agua secular.
Tengo la esperanza sin cuenta
del mañana vacío.
y digo sin embargo el sueño
el paseo en la locura
el vino desenterrado en el insomnio
el delirio de la sangre en voz baja
como el agua primera de los ríos
Todo lo digo
Todo te lo pienso
Todos los caminos te acuden, porque
Tu silencio está lleno de mí
como esta noche mía es un sitio
de tu silencio
amiga amiga amiga
¡el verso,
qué pobreza de aceros y de números!
cuánto huerto sofocado en las macetas
donde la tierra subsiste
cuando la ciudad se cierne como
una horca.
Ah! yo no tengo el odio; o mi fusil es redondo
o es pan.
necesito un enemigo para completarme
el alma
y ser más bueno después
tal vez como después de haber probado
el hambre.

 

38

Hace mucho que ermito en mi alma
como un carozo que isla sofocado de azul
Estoy ciego de toda la carne de mi alma
vuelta párpado
Y lo más triste es que veo
pero la mañana está acentuada por
el maquillaje de vidrios de mi ventana.
no me gusta ver tras las lágrimas
porque me aturde el estruendo de mi
silencio como un detenido remanso
de gritos
y la oscuridad me asalta de sospechas.
Yo no quiero estar solo,
pero he perdido el diálogo con mi piel
y estoy hundido en mi mente
como en una ciénaga de miedo a la
sorpresa de una voz o un rostro o una
verdadera palabra hace siglos perdida
o siempre ignorada.
Estoy engrutado en mi alma de tortuga
y el silencio completó su círculo de candado
como un vientre atrozmente inardiente
de mí mismo.
Ya nadie puede salvarme de estar solo en
mí.

 

39

A la orilla de tu silencio fundé una
ciudad que me soy.
Llevaba un barco de larga sal
(la vela larga quilla en las olas del
viento)
Pero traía el hambre de no haber
tenido puertos, el hambre de ser
alguna vez la espalda de los barcos
Pensé en los monstruos de toda la
tierra y tuve miedo de bajar por muchos
días, yo podía seguir, pero tus árboles...
A la orilla de tu silencio, fundé
una ciudad que me eres.
Después fue el hambre impostergable
y los ojos que quería enredar en tus
parajes.
Todo lo temí la primera noche
alucinando fieras despertaba
acosado por tu silencio
como el último vivo.
el fuego latía como un pájaro
de sangre de música
una mano cada vez más remota
que se tragaba la tierra
quemaba tus propias muertes
manos secas que claudicaban
en tus árboles.
Y un día no pude soportar la
fatiga de mis centinelas.
Al despertar
tus pájaros tiritaban gotas de sol
que canto.
entonces confié en ti
le arranqué mi barco al agua
Y viví días como una tortuga
pasando las noches bajo el
bote.
Todavía sabía que las lluvias
y el frío nos duelen de noche
y un día que ya había quemado
casi toda mi nave,
quise hacer una choza con tus
cañas (tus dedos de caña)
entonces conocí tu voz
No sabías por qué yo decía techo
y frío y lluvia
entonces aprendí que llovías
agua de otra raza, como tallos
de música que se volcaba tu techo
de estrellas, y entonces aprendí
que no debía extirpar los ojos de tus
ramas que yo decía frutas,
porque estaban vivas, y tú no existías
el escondrijo del hambre.
Entonces aprendí a haber llegado desde
siempre
A perder los símbolos de los asesinos
a calentarme con la noche misma
a hablar con el silencio que era
un país de palabras sin lenguaje
de palabras sin cosas
de palabras sin espalda
desnudas de significados
de palabras infinita

 

40

Y nadaré tu pelo
música de madera
espuma de pianos derretidos
bajando la cadena subterránea de la espalda
Mis manos, dulces cangrejos
roncas como las nueces
te serán la piel
como la tierra existe en las raíces.
Ah! nuestras manos
raíces, (manos en sed)
raspándonos la ruta de los ciegos
hasta poblarnos de gritos calientes
las guaridas
hasta volcarnos estrellas en las gargantas
descifradas
hasta aunarnos las fieras
hasta bolsillo hospitalario el cubil de
espanto ritual.
existidos de sol
emergidos de himnos
convocados en el cerrojo sagrado que nos
responde un espejo
arrastrándonos las lenguas del pelo
como a una fiera muerta, derrotada
con el barco entre los dientes
y los ojos plenilunios en el vientre de los
caracoles.
Ah! el mar
obstinado de dulce furia
y la luna que lo empuja.
arrinconados en la locura que nos
emerge sirenas
agua caliente de sirenas
y violines que la savia diluye
como una sombra pesada
como un sol que se nos clava entre las manos.
.....
Laten los barcos subsistidos
existidos de tormentas
en el aleteo del mar contra las murallas
de los últimos pájaros
ajustándose en los árboles.

 

41

Debía conformarme
Allí estaba ella
tendiéndonos mi desorbitada impotencia
de palabras
abarcándolo todo
con actitud de infinito
respirándolo todo
como el último silencio.
Tal vez no sea que a veces
van más allá de las palabras,
la piel y los ojos.
Tal vez sea que somos mucho más
la piel y los ojos
y nuestros gestos grotescos
porque nos movemos.
Pero allí estábamos
midiendo el asombro
de trasponer infinitos
mucho más de gritarnos con gestos espantosos
que morimos por afuera
Y nos mirábamos
no nos alcanzaba
flotarnos la piel de los ojos
poblarnos el pobre testimonio
tocarnos los números vacíos.
Ella se movía
como era.
Somos distintos al movernos.
Pero nos paseábamos desmesuradamente
por el lenguaje sin lenguaje que
nos entramos.
Ahora yo escribo eso mismo
porque después sólo puedo todo
palabras.
No nos es dado medirnos lenguajes con los perros,
pero como con mi perra.
Todo es más contigo.
Porque habitamos más en
el silencio.
Y nos bastamos en la imagen.
Aunque me sienta grotesco
moviéndome palabras
y diciéndote que no te digo nada.
que como mi perra.
que mucho más te quiero
y nos somos que cualquier otra
cosa.
Y no olvides
que todo lo que no haya dicho
no ha sido inexistencia nuestra
sino silencio
porque todo lo que callamos
tiene palabras
pero las desborda
y por eso cuando nada te sea
ya te amaré infinitamente.

 

42

A veces te pienso
dormida
(porque siempre te pienso cosas fáciles)
en una playa cualquiera
lacia como un pájaro
tu boca de gaviota como un puerto vacío
y yo llego
(en los sueños hago lo que quiero)
pienso que tus ojos cerrados se parecen
a redondas flores de silencio
y te los beso
o busco no sé qué polen
en mi ciega sed de zángano
y no te despiertas
y juego entonces
como enjuagándome las manos del mundo
en tu pelo ronco de arena
y te miro la boca
como una gaviota frutal
tu boca lacia en la mansedumbre del
silencio.
Cuando hayas leído esto
sabrás que ni siquiera en sueños
bajo a beberte la sonrisa.

 

43

Remontaré tu sangre como un expedicion-
ario en tus túneles iluminaré animales
clausurados abriré ciegos,
en cada antorcha arderá un grito
caliente
toda tu sombra acudida en una
lámpara
En la sien azul tiritarán grillos
de nieve
tú dirás cielo yo atinaré estrellas
en la sien azul tiembla la
rama como una paloma redonda
El agua viene cantando desde la
historia
serte un día un rostro que ya
no cualquiera existiendo tu
mirada.
La luna azuza el mar topaje
invacional de la lluvia
enguantada en un hormiguero
late el topo
vena de sombra embestida
ariete de toro
vena calada en sombra
águila vertida en música
dolor occipital de nunca
el antes es siempre en un día
cualquiera

 

44

Pero un día sonó un grito en tu
sangre
toda tu sombra se abrió en un relám
pago. y el caos comenzó a dividirse.
yo entonces estaba viniéndome
con una actitud de silencio
entre las manos
y un grito desocupado
cerrándome el relámpago.
y allí nos vivimos
cavándonos la entraña de la
sombra en la garganta
apagándonos la sombra
con lámparas con cóndores con
olas
con anclas de pan en la madera
Allí nos vivimos como las hormigas
como dos golondrinas y media lejanía
pierden la raza que las dejó un verano
atrás.
Entonces vinieron los himnos
llegamos a los días
nos creció la sombra en la
garganta descalza
y no nos pusimos de rodilla
y no nos pusimos la sonrisa
y nos dimos la sombra sin
recodos
andándonos la historia sin
esquinas
Entonces renegamos

 

45
NUNCA

1

Tú me regalaste un disco,
hace mucho, cuando aún tenía tu voz
yo no quería estelas, el barco
quise, que las marcó.
yo nunca escuchaba nunca
todo lo que escucho hoy

hace mucho, cuando aún tenía tu voz,
tú me regalaste un disco
yo quería de tu boca
y me emborraché de ese vino
la borra del disco, tan sólo
me queda desde que te has ido

Hoy este disco es un manto
un manto mojado y frío,
es un eco de ti perdida
es semilla del llanto mío
¡cómo lloro cuando se calla!
¡cuánto sufro si está en mi oído!

y ese es todo mi destino
llorar con disco o sin disco
porque tú has partido.

 

2

Qué fácil es llorar cuando se ama!
Los ojos se hacen lenguas y se habla.
La boca se vuelve ojo y dice lágrimas;
tan fácil es llorar, como que partas.

Qué fácil es llorar qué fácil irte!
Qué difícil comprenderte cuando dices:
ya nunca! Qué difícil ha de ser poder decirte:
yo sé que nunca adiós podrás decirme!

Qué fácil es sufrir queriendo al viento!
Qué difícil te ha de ser sabiendo
que eres viento, quererte como quiero!
Tan distante como tú está mi consuelo.

 

3

Antes de salir, curioso me miré al espejo.
Estaba bien el cuello, la corbata, el pelo;
pero, como la luz más brillosa de algún fuego
miré algo en mi cara, y dije a mis adentros:
Qué cara de esperanzas llevo!

Te vi. De vacío interrogante lleno.
Acabo de volver, abrí recién, ya entro.
Está oscuro todo y negro;
tomo la llave de la luz y prendo.
Iré a que me conteste de mi cara el espejo.

Soy tan poco fuera, siento tanto dentro,
que no sé cómo será mi aspecto.
La remedona cara del espejo, tengo miedo,
ya escucho que me dice, ya me veo/
Qué cara de dolor que tengo!

 

4

Y tú te irás con la carga de un pasado.
Y cuando a alguien quieras, quizá le digas triste
te perdone, porque antes sin saber que vendría,
cuando fui feliz contigo, lo mentiste.

 

5

Tengo pequeños parpadeos de olvido.
A veces sin pensar en verte luego
aunque no sepa que ya no estás conmigo,
se borra tu adiós de mi recuerdo.
Entonces sin trazar ningún mañana,
hablan los otros de ti y yo los escucho,
con la misma quietud con que escuchaba
cuando oía, sabiendo que tu adiós aún no era tuyo.
Es como un sueño que desfigura el triste,
el infinitamente triste desamparo que me hiela.
Es como el recuerdo de agua en que se tiñe,
de momentáneo consuelo la realidad desierta.
Por eso cuando sé que me consuelo en parpadeos,
para olvidar del todo quisiera ser ya ciego.

 

46
SÓLO IMPORTA LLORAR

1

Yo soy quien te oyó decir: "yo nunca olvido".
yo soy aquel que un día cosechó promesas:
yo soy quien tú no olvidarías nunca,
¿acaso ya no me recuerdas?

Yo soy aquel que un día embodegó tus ruegos
aquel que un día te secó una lágrima.
yo soy aquel a quien pediste un juramento
¿acaso olvidaste qué rogabas?

Yo soy quien dijiste que te olvidaría un día
quien te dejaría llorando para siempre de amor,
yo soy aquel que olvidaría luego,
¿acaso ya no sabes quién soy yo?

 

2

Está ardiendo de frío tu mirada,
mas, helada de fuego está la mía.
Ruidosos de callar están tus ojos,
y están mudas de silencio mis pupilas

Te he tendido mis manos, como cuerdas,
para hacer con las tuyas un gran ruido.
Tú encerrabas las caricias en las tuyas;
en tus manos, ya no manos, sólo puños.

 

47

Tú no te has ido
Tú te me has ido
porque esa presencia tuya
era tu presencia en mí
porque tú estabas en mí
por eso te has ido de mí,
te has desgajado de mí
Si tú has querido un día que te besara y no te besé
porque no pensé en un beso o tuve timidez de pensarlo
quisiera volver a vivir aquel momento y sin saber
que pasó de nuevo por un beso, dártelo.
Si no quieres darme, si no puedes dármelo deseando,
dame deseando lo que puedas darme
dame lo que quieras que yo tenga de ti
lo que quieras darme, dame.

No te pido nada más que eso
Si me das lo que puedes y quieres que lo tenga
nada te costará, como si no me dieras nada.
será un regalo tenue y una fácil ofrenda.

 

48

Cierra tus ojos pero abre tus ojos
ciégate sin lámpara en la sombra
y ensancha el alma, con el mundo a la espalda
y socava uno a uno los hondos laberintos
hasta morder como una hembra con las manos un ara
Rómpela aunque abras la puerta de tu muerte.
yo estoy detrás del mundo
como una fe de templo, que no ha tenido rito,
y aunque mueras con mi verdad estrenada,
entre los dientes, como rescatándome de tus tinieblas,
y aunque ya no puedas decirme lo que no dijiste
y no pueda acurrucar nunca mi paz en tu silencio
y aunque tú ya nunca
con esa ausencia conquistada,
creceré hasta el sueño cortaré de alguna rama un pájaro
con olor a silencio
y lavaré los huecos de mis manos con tus manos
porque no habrás muerto.

El mundo que te desnudes
hereje de tanta fe pagana
tendrá una fecha y una cruz sin religión para nombrarlo.
Nosotros seguiremos sin sombra
Encontrados y comprobados,
porque seremos como nuestras almas
con el tú aprendido y recogido
para ser nosotros desde siempre.
Cierra tus ojos,
ábrelos al alma,
deja mientras tanteas la ciega incertidumbre
que te alumbre mi palabra.

 

49

Amo tus dedos de mimbre que he visto
latir como palomas
y tu silencio sin principio
al que no pude asestar una palabra.
Amaré tus cosas (ya lo sé)
una por una mientras sean,
y amaré tal vez, el quizás odio
con que te nombre a lo mejor mi abandono de mañana.
Te amaré como cumpliendo una lejana
profecía,
te amaré y sabré ese desde siempre
con que se esperan sin saber las
cosas que serían
Amo tus mil quizás con que supongo
tus cosas,
y tu tiempo a la espalda que me duele
porque ahora sé que era una espera
que ignoraba.
Amo tu vida azul que no me has
dicho
la piel de tu voz nunca tocada
y esta duda de todo que te vuelve incierta
Amo tus ojos de luna quemada
y de ombligo y remanso o caracol ausente
Amo el lanzazo o la ternura de tu
dedo que apacigua
tu pelo de tormentas y de olas amansadas.
Y esa dócil entrega en que mis mejores
palabras se hacen tuyas y esta
primera manera de hachar como
un náufrago un muro de silencio.
Amo este rito de mirarte a la distancia
y tu tal vez lateral sospecha de miradas.
Amo el estruendo de silencio
en que te callas
y esta aún lejanía que te acerca y te
hace sueño.

 

50

Para que también tus mariposas
retocen en esta mañana infinita
para que seas sonora y transparente
como una iglesia de cristal
Para que te hinches de sol
como un sótano que se despierta sorprendido
a una mañana
Para que el cielo no te falte nunca
y tu corazón tenga en el techo una
ventana
para asomarte a la noche
cuando quieras
para lavarte con sol la soledad de tus
ojos
y encenderte las flores
en tus jardines sin lluvia
y para que entonces también tus mariposas
puedan retozar en esta mañana infinita
ven, acércate a buscar el sol que guardo con tu
nombre
y toma estos pájaros que apacigüé con la espera
para que canten y se llenen de nidos
tus árboles abandonados y vacíos.

 

51

Quiero desenredar la música
en tus manos de piano.
resucitar de las algas de tus dedos un tesoro
largamente enterrado
Y luego deletrear cada hebra de mi bandera
de amor
Y habré escrito un poema
para los pentagramas de tus
manos
A los costados de la sangre arbitraria
andenes del viento
tenderé mi velamen cansado
como un árbol o un barco que sabe
sin haberlo aprendido, el misterio del
mar o del
pájaro.
He dicho que quiero,
ahora pienso,
y no sé si pensar es un ruego callado
el corazón de miga deletrea párpados de piano
cinco velas de tus manos apagaron la noche
de mi alma
Quisiera estos versos para un candelabro,
y no sé si un poema más que él es un
rezo

 

52

Arrasaré tus territorios de silencio
con teas de alaridos
y amansaré tu hermetismo huraño y temeroso
como inventando contigo algún lenguaje
primero
y esperaré sentado ante tu tierra
como un labriego
Lavaré de sombras tus recodos
y responderé con tu verdad mi incertidumbre,
y ahuyentaré el pájaro de miedo que te
habita para que, niña, llores o
retoces instintiva
Acurrucaré una palabra tierna en tus
zaguanes
enjuagaré una mano en tu pelo
silente
Amamantaré tu silencio que yo mismo
clausuré, y callaré con él,
porque habré arrostrado tu manera y arredrado
tu hermetismo,
y todo será mi país,
como una isla conquistada.
Al pie de tu sangre vertida,
erigiré los momentos de principios,
y ante mi sudor llorado,
blandiré mi tesón que será fervor y devoción
mañana.
Aprenderé a Dios en ti que lo descubres en mis
cosas,
y seremos mutuamente tú,
en un nosotros completado.
Luego diremos el amor y el tiempo,
clavaremos estacas
y las proas desenterrarán las oquedades del
hambre,
gritaremos en las bocas de las catacumbas
y anticiparemos historias.
Tildaremos planisferios,
el beso sedentario aprenderá la ruta
del salvaje y místico calvario
El viento o río blanco se enredará
en las cúpulas de ventisqueros.
Se enrollará como una bandera de la
espera o un primer heraldo del otoño claudicado
correrá un barco de víspera
por la sonora vena,
y la vigilia tendrá un rostro imaginario contra un
puerto.

 

53

El acoso de mi imagen
te propaga en los
lugares infinitos que te ahuecan
hacia el sueño
un murciélago de sombra
te descifra los suburbios del
miedo.
Donde el paso fatigado claudica
la persecución del infinito
comienza la duda de tus márgenes
y más allá el eco te responde
como un pájaro de diluvios
que averigua tus orillas.

En tus recintos con palomas resumidas
el grito va a buscar sus alas en el
eco
recoge las viejas alas y canta.
Eres sonora de silencio como un templo
y en ti hace casa y puerto mi
palabra.
Un día apoyaré el fuego en la leña
de tus manos.
y la sangre que se alarga y medra
en tus laberintos
tiritará con palomas de campana

De tus dedos de caña humeará
el olor del pasto
como un incienso bueno
y el pelo silvestre
tendrá nudos de agua

Los caracoles de tu oreja
tragarán tormentas
porque desde ellos
tocarás mi alma.
Seremos poco a poco
entre los dos nosotros

y dejaremos el rastro de las veces
que nos morderá la espalda.
Hasta que un día un hijo
de miedo te ensanche el
pensamiento,
y yo apague

(para culminar un
rito)
un dogma de fogata,
y me arranque
el pasado de la
espalda,
y te deje con cenizas en
las manos.
y campanas sin domingos
en las venas.

 

54

Desmantelo tus altares
estatua por estatua.
vez por vez

vuelvo un solo antes arbitrario
la historia renegada
Y dejo tu imagen
como sólo un hueco
donde pensar un rostro
nuevo
Pero la noche
recupera
tu rostro de exilio
que merodea
en mi recuerdo sin destierro

 

55

Cuando seas apóstata del mundo y yo sea la verdad
cuando desde el pie del alma yo te crezca como un himno
y te desnudes del pagano rito de fingir ante los otros
cuando me hables con la voz descalza y con los ojos limpios
Cuando tras la espera sin barcos seas capaz de buscarme
abolida la mentira de callar con mil palabras
cuando un imperativo presentido te pregone en la sangre
un índice divino: es la persona esperada.

Entonces amada mía arrasaré tu coraza
mutilaré tus candados y venceré cerrojos
y amansaré con ternura tu marea desbocada
para clavarte mi rostro al otro lado de los ojos.

Y arrodillaré mi voz a tu silencio azul como una estaca
para que amarres tus primeras palabras como barcos
y amordazaremos el mundo que nos gritará por las ventanas
para aprender a callarnos con las manos

Y tus manos de pan y tus manos de gaviota
y las mías roncas de remar en tu mutismo
mitigarán tanta espera clausurada y rota
con esa mansa ternura que nos hará uno mismo

Ámame entonces con devoción de abeja
encenderé mil velas en tu sótano que es templo
y enjuagaré en tu pelo mis manos, para amarte
como quiero que me ames; en silencio.

 

56

Tal vez porque al morderte los ojos sangras savia
Y aletea la imagen en el agua enolecida
porque las alas de tus manos intentan
mariposas

y el caracol de tu oreja se traga las
tormentas
porque hay pianos en tu boca de incal-
culable música
porque en tu ojo intermitente
giran molinos de sombra
porque tus puertas murecidas ya no
serán abiertas
y tus ventanas ciegas
son desconocidas tumbas
porque el rictus del relámpago
te enseña a morir espantos
y el tic de las estrellas es un latido
de párpado,
porque no resuelves sombras sin las velas
y tu boca es ola o pájaro
que tirita hacia una orilla y nada o
rema
porque supones Dios y clausuras ídolos
y porque al final de todo
mueres como el pez, de una pregunta
tal vez porque no sepa qué decir de ti
y tú seas sólo tú porque te pareces a una
imagen
pero más que todo amiga mía,
porque un silencio basta para dos silencios
y con una sola soledad somos dos
solos
me paro frente al ídolo que nombras
y te nombro tú porque tú ocupas mi
costado.

y porque tuviste principio y compartimos
el idioma que
inventamos

 

57

Te pareces a una guitarra sola,
como un templo de silencio,
y una soledad de muelle abandonado
mordiendo tu vacío.
Estás llena de imágenes sin nombre
porque nadie se inclina sobre tu ara
a encender el fuego de su misa
Un día te arrancarán la savia,
quemarán tus manos secas
y harán rosarios de rezos
sin palabras
con las cenizas de tus manos.
Y en tus ramas vivirán los pájaros
llegados
que estuviste esperando tanto tiempo
Y las antorchas ahuyentarán la
oscuridad de tus sótanos
y descifrarán el misterio de tus
rincones.
Como las páginas cerradas de un libro no escrito
que nunca leyó nadie.

JORGE LEMOINE Y BOSSHARDT

 

 

 

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