Largas esperas a la orilla del silencio
1.
No quiero acarrear estos puñales
suministrar alas heladas
ni amputar sueños.
Todos somos el derecho de todos
mientras yo festejo nuevas anclas y brújulas nuevas
tú vas por la casa recogiendo fotografías.
Yo te quería tal vez
tal vez te quiero todavía
tal vez tantas cosas todavía.
Tú estás lejos enhebrada por pasillos y trincheras
por ventanas que la mañana moja
con sábanas infinitas
y yo estibo en mi garganta este árbol de clavos
yo llevo tu muerte
en mis manos que lloran y tiemblan
porque querían ser golondrinas.
Amiga
vieja compañera
mi amor no puede sucumbirte
pero se me escapa del alma.
Esta impotencia de redes
esta agua que se adelgaza entre los hilos
Cómo puedo morirte sin muerte?
cómo puedo vivirte sin morir?
Hay volcanes que tiran de mis ojos
como toros empecinados
hay timones que llueven sobre mi corazón.
Yo te quería.
Y hasta a veces me lamía sediento las heridas
y vigilaba anhelante las espuelas
de nuestras batallas.
Recuerdo nuestra cama
la última
como un barco
tal vez como una mesa sola en una casa sola
recuerdo tu espalda
tus ojos distantes
tantas veces mi mirada naufragada
mis huidos cuadernos
mi fulgor de ceniza
mi ronquera de rincones
recuerdo una por una
cada cosa.
La geografía de mi memoria
se echa a dormir en las bahías de tu cuerpo.
Y yo no quiero dolerte
yo no quiero las palabras del olvido
esas que amordazan los antiguos poemas
las que arrasan el amor con el nombre nuevo del amor.
Yo no quiero pisoteando borrar con pies desaforados
aquellos caminos esenciales
aquella amada piedra
el árbol sospechoso
el primer jardín de las distancias.
Durante tanto fracasado milagro
durante tanto extravío he querido quererte
tal vez lo conseguía
he querido juntar en un retablo amanecido
los pedazos indescifrables de mi alma en ruinas.
Y en ese inventario de turbias demoliciones
de escombros de suicidios a los que llegué tarde
tantas veces no encontraba mis pies o mi nombre
o equivocaba el orden de mis dientes
y ponía esa incriminada golondrina
en el lugar sonoro de mi corazón.
Estas páginas son siempre las sábanas del amor
las de los pies fugaces de mi boca.
Y en una ráfaga de agonizadas palomas
veo aquel denodado poema
la letra vegetal del amor que se hinchaba
veo aquella estrella hecha de beso
el muelle tanto pan y algo ventana de la espera
en que nos dábamos la mano para tantear al hijo
que venía
y vena
por tu cuerpo
con su inmóvil galope de duraznos
su naranja de terremoto
sus manos que se han hecho pequeños barquitos de papel.
Perdona que no ponga si lloro mientras escribo.
El canto de la muerte es en silencio.
Yo sé que a veces creías que por vertederos finales
y cerrojos
amainaban esas cartas y esos lejanos meses de lejanía
y esas fotografías ocultas que te dolían silenciosas
en algún cajón
donde se guarecían monstruos
y venenos
y nombres prohibidos.
Yo sé que a veces detrás de mis desnudos antifaces
sentías gemir
crujir
jadear
o suspirar los tallos que se iban despertando
y que contabas con genital paciencia
como las de aquellas plantas que eran casi flores
las hojas nuevas que recuperaban mis pupilas.
Yo sé de mis trincheras
de mis uñas
de mis agónicos recodos
sé de algunas palabras
que se escapaban como humedad o promesa
de esas intrincadas olas del asalto sin besos
de la espuma a veces solitaria
de los arcos iris que no tenían suficiente cielo
y de las otras playas extáticas a veces
donde entre viejas resacas íbamos reconstruyendo
con ansiosos dedos y clavos de saliva
el barco de nuestro primer naufragio.
Todo lo sé.
Sé que las flores serán las de un desierto.
Sé que te di una paloma herida que cuando trató de volar
abrió su tajo en llamas y te mojó de sombras.
Te dije que vinieras y te dije que no vinieras
te regalé las llaves pero clavé la puerta.
Qué puedo hacer.
Cuál es el primer día del fracaso?
cuál es el límite de la derrota?
hasta cuándo se golpea
hasta cuándo se uñas y muñones
en este derrumbado túnel
sin salir o morir?
No volvimos a preguntarnos por los anzuelos primeros
por aquel zarpazo de nombres que entró o entré
como una inundación en la casa de nosotros
derrumbando sillas y mordiendo retratos.
O mejor no volví a respondernos.
Fui de nube o peor de humo
anduve escabulléndome como un fusil
con la promesa debatiéndose y la traición furtiva.
Tu dolor me duele con páginas vacías
con días que no supe que iban siendo despedidas
tu dolor me sube como un candado y me muere
me escupe la voz con flores de raza equivocada.
Tu dolor soy delito y sacerdote del otoño.
Pero hay caminos que estallan las anclas
una marea de caminos
una marea alta
una noche de faros ululantes y tiniebla a gritos
y yo zarpo como naciendo o muriendo
y te arranco de cuajo la memoria.
¿Cómo pedirte perdón
con qué palabras
con qué caricias secarte la casa solitaria
con qué besos enjuagarte los besos que no quedo
con qué olvido no haber sido
con qué recuerdo quedarme?
En mí se trama una rosa de desiertos
un nudo de ebriedades sin Dios ni horizonte.
Tantas veces parto
tantas veces apenas llego y apenas parto
después de tanto apenas vuelto.
Tantas veces mi hijo me ata la sombra
con sus atroces juguetes
y me fusila con su voz de colibríes
con su voz pequeña de candentes precipicios.
Tantas veces.
Tantas y estas fotos con que me suicido de a poco.
Este minucioso veneno
qué puedo hacer
cómo quedarme este espantoso equipaje de cuevas
metido siempre hasta los ojos
en mis cuadernos de pozos o trincheras.
Yo quisiera llevarte la mañana
un racimo cotidiano de canciones
y esas rosas que hablaban rojamente
como un pan de velas encendidas
pero te llevo la ronquera de mis manos
mi voz que tropieza
y un espejismo de días sin bandera.
Quise fundar mi memoria
deponer mis lejanías
redimir mis huellas
rendir mis salados recovecos
decirte un día
después de tantos días
que ya había vuelto
darme cuenta de tu mesa congregada
y apreté los dientes y cerré los puños
y contuve el aliento de mi arreciante podredumbre
pero te clavé de desertadas canciones
te crucifiqué de desmentido herrumbre
con altares disfrazados
con cadalsos que tenían voz de sirena.
Tal vez dos muertes no sea bastante
mis pezuñas criminales devastarán cada cúpula sagrada
cada almena depuesta
cada arco de rosas que se te haya caído en la batalla.
Y yo quedaré herido con tu espera
con tus rosas de nuevo
con tu traicionada primavera.
Y yo quedo herido pero no me muero
y mi herida es culpa
y mi dolor tendrá sonrientes espejos
cuando no quiera verme frente a frente
con el cuchillo ensangrentado de luna
y el poema ensangrentado de silencio
cara a cara con el crimen.
Un día en nosotros fueron todos los ovarios de la tierra
telares de alba nos buscaban la lengua
carcajadas de lava levantaban nuestro aliento
desatados ríos acarreaban
la primavera hasta mi cama sin cenizas.
En el pan nos encontrábamos y en la campana
y el aburrimiento no andaba socavando ni enmoheciendo.
La rutina no lamía las cosas que sostenían el día.
¿Cómo decirte que ahora sí.
Dame tu herida como una sonrisa
para poner mi puñal como una rosa.
Cómo puedo no terminar esta carta
con aquella misma estrella
cómo besar la frente de nuestro hijo
yo cómplice de la noche
polizón de la puerta.
Cómo martillar su mirada desnuda
con mi espalda turbulenta de nuncas?
¿Cómo cambiar tu nombre por el de una hermana
cómo darte de beber estos andenes
cómo asestarte este puñetazo de lágrimas
cómo decirte estas equivocadas brújulas
cómo pedirte que guardes
los zapatos viejos de mi historia?
No me voy de tus altares a otros templos
mi boca no trasborda nombres
mis sueños no se visten de nuevos lenguajes.
Me he quedado sin Dios
eso es todo.
Ahora ya sé que no puedo construir a Dios con sólo rezos
a pesar de que nunca tuve palabras suficientes
ni manos apretadas suficientes
o que ahora nunca las habría tenido.
Pusiste en el teléfono tu voz
como una ofrenda
como una mansa llamarada de campanas.
Yo les arranqué el domingo
les amputé las alas
te escupí la lengua con ronquera.
Siempre el mismo labriego de flores venenosas
de cosas con las que no se puede hacer pan.
Ahora necesito quitarme la coraza
ser mucho más víctima
decirte que lloro
ser menos culpable
estar un poco loco
tener olor a sonámbulo
pasearme por nevadas cornisas
abrir la boca para que entre
alguna herida a raudales.
De par en par el silencio
para tener alguna lápida
que llame a los que vendrán a perdonarme.
Y sin embargo no comprendo el perdón.
No sé siquiera si edifico en esta página
un espejo
si le escribo esta carta a mis insomnios
a mi conciencia
si quiero demorar la copa clandestina
la azotea que se derrama sobre las sirenas
los sueños desterrados.
No quisiera ser el turbio sacerdote
la ritual cicatriz
la canción que se condensa y lava.
No quisiera ser mi absolución.
Quiero bayonetas ladrándome
jardines ladrándome
arrojándome puñados de sequía
conminatorios hermanos
sin sillas para mi destierro
un inventario de soledad para mi culpa.
No soy un emigrante
prófugo de la tierra
gangrena planetaria.
Pero antes de irrumpirte esta carta
antes de estallarte la boca
de hacharte los ojos
y machacarte hasta la última ceniza
quiero dejarte el mapa de mi cueva
el itinerario de mi despavorido escondrijo
para que si un día
amaina mi crimen en tu carne
y puedes enterrar también
las cruces de tu cementerio
vengas a mis costras sobrevivientes
a encontrar al amigo que también fui
nube
que tampoco claridad
que ni siquiera pañuelo.
He releído esta carta durante la que mi boca
no tropezó
ni acampó para secarse el sudor.
Apenas alguna ventana del avión
el tórax americano
disminuido bajo la altura
como una dentadura de piedra.
Montañas desencadenadas
cráneo
mandíbula geográfica.
No podía detenerme
borbotones de lámparas envenenadas
se me desmoronaban por dentro
y caían al renglón amigo
al silencio ordenado
e inventariado en blanco.
Hay en los hombres la misma
fatigabilidad de la tierra.
A veces se cambian las semillas
a veces se amamanta el polvo
con sus propios hijos
como las gatas que se comen la placenta.
Y a veces a pesar del sudor
de las tempranas fatigas de las lluvias
y las nobles semillas
la primavera sopla en la flauta terrestre
pero la canción de espigas no brota.
Es entonces cuando el terreno está ronco.
Los cardos andan recuperándome el alma.
Con esto no digo
que ninguna flor es cierta
o que no podríamos poner
los mismos cardos
en un jarrón
sobre la mesa.
Digo que la arena me intenta
que la piedra me interrumpe
y la aridez logra mis vetas.
No quiero los nombres
cotidianos del amor
para nombrar su muerte.
Sería demasiado doloroso.
Amiga
yo tengo esta enfermedad de tinta
y a veces la piel de mi alma
se oculta debajo de mis costras
se esconde en el agua de las ampollas
bajo el pus enmascarado de las pústulas.
Tú lo sabes
has deletreado mi boca tantas veces.
No puedo emprender este lanzazo
sin disfrazarlo de paloma.
Voy de carta en carta
de nombre en nombre
de amigo en amigo
de recuerdo en recuerdo
palpando a tientas
el óxido y el terciopelo.
Hablo a los amigos con que hablábamos
lloro sobre nuestro cubrecama en mi memoria.
Les sonrío a las macetas del balcón
a través de la distante ventana.
Estoy solo en esta culpa
como un cáncer de carbón en una napa de oro.
Y no sé mentir ni decir la verdad.
No puedo quedarme ni partir.
Lloro o sonrío
le hablo al espejo
al aire
me miro la memoria al espejo
me miro el crimen y el silencio al espejo
me miro la vida y el futuro al espejo
sonrío o lloro
es la única imagen que recojo.
Si pudiera haberte regalado muchas más flores
flamantes puñados de canciones
una camisa de besos para tus hombros
donde hacía pie la tarde...
Recuerdo cuántas veces volvíamos de la rabia
con espuma de cuchillos en la boca
salpicando gritos derretidos aún
y de repente la espuma era de súbita flor
los gritos eran súbitamente tules que volaban
y deponíamos esa especie de odio indesterrable
escondiéndolo bajo la alfombra
detrás de algún párpado
o entre las muelas junto al musgo del tiempo.
Recuerdo cuántas veces
estuve por escribir de nuevo
la palabra amor
y mi garganta se agachaba
o se quebraba en el aire
como un barrilete roto
y te decía apenas una mirada esquiva
un recodo en la boca.
Nunca habré sabido dónde empezaba esta carta.
Tal vez en algún descuidado ademán
en un borbotón de murciélagos
cuando vigilábamos mariposas o atajábamos
guitarras con el pecho.
No lo sé
no lo sabré.
La vida es un laberinto sin retroceso.
La piel de la tierra era toda caminos.
Tuvimos pies para éste.
El destino era cualquiera
y emprendimos esta memoria
con lentitud de empecinados dientes.
Y aquí estamos ahora.
No puedes mirarme a los ojos.
Te llamo para que lo hagas
para que precipites tu última herramienta
tu último anzuelo ávido.
La vida no nos permite
una vuelta de pista preliminar
un recorrido estudioso.
¿Cuántos errores nos quedan-amos
por nacer o morir?
Yo no lo sé.
Ayudémonos a alguna paz cualquiera.
Yo siento que llegamos
a la cima de nuestras manos
a la cúspide de nuestros almanaques.
Aquí nuestro camino cae bifurcado.
Nos queda un único cauce común
la única vaina donde esconder esta ceniza
nuestro hijo.
Él es el guante que guarda
nuestras manos juntas.
Qué más puedo decirte?
Es cuestión de decidir.
Decidir quedarnos o decidir partir.
Decidir durar o decidir decidir.
Y yo tengo miedo de saber
que ya he tomado mi rumbo
que ya he echado a andar el viento
que mis velas se hinchan y tiran
y que el tiempo ya me da la nuca.
Quiero un último tramo de espejismos
para arrancarme si es preciso las manos
buscando el agua en nuestra arena.
Por eso quiero que vengas
para que la tal vez última vez
no haya pasado inadvertida.
Caminar por un muelle como un ciego sin saberlo
es un poco lo que no habría pasado
no es justo resbalar.
Debemos arrojarnos o permanecer de pie.
No elijamos la cobardía del tropiezo.
Ya tanto ha sido casualidad.
Yo no quiero darle llaves al destino.
Soy yo el jinete de mi vida
timonel y fogonero.
Subámonos a la locomotora aunque sea sangrando rieles
pero mereciendo el rastro que dejamos
aunque sea de escombros y gangrena.
2.
He puesto sobre la mesa sus fotografías
no pude acomodar su ausencia
porque hace ya muchos poemas
se disipó con ciertas cosas
Mi ropa está aún en la maleta
He escondido tu retrato en un cajón oscuro
porque no quiero mirarme la memoria
con esta mirada nueva
He dejado el tiempo sobre la mesa
pero se fue a la calle
con la noche a cuestas.
Yo estoy con la tristeza puesta
desnudo sobre la cama
un poco sábana el cuaderno
y esta fría sábana extranjera
A veces me asalta tu nombre
como una actitud de supervivencia
pero me muerdo los labios
y escondo en el cajón la lengua
Todo lo demás lo escondo aquí
quiero que sepas.
Ella mira desde mi alma desierta
yo no la miro
yo no la miro a ella
Le he pedido perdón en una carta
Le dije los caminos y también la tristeza
Le dije que las cosas se me escapan
que huyen a veces al poema
y que algunas otras se refugian
mucho más allá de mi cabeza
Le dije que no te he conocido
Le dije que nadie y me mordí las venas
Le dije que me crecen los zapatos
que a veces me entristecen cosas viejas.
Ella no dijo nada estaba inmóvil
en el aire ausente de la pieza
la carta aún no la he cerrado
para que mi corazón la lea.
La he escrito para mí, para mis culpas
para que me indulte aún la primavera
para que vuelva hasta mi insomnio
en los feroces días de la condena.
Mi sentencia es la vida
no hay nada que quede más afuera
Miro otra vez su retrato es siempre el mismo
ella me mira yo no la miro a ella
La tristeza es a veces infinita
del olvido ya perdí la cuenta
el alma vuela se evapora
y se asienta en cada cosa y queda
Ahora ya termino esta paloma
es la hora de ti, es cuando llegas
y atracas tu perfume inmenso
entrando como el alba por la puerta
el recuerdo es una flor nocturna, se abre
mi alma se evapora y vuela
tu imagen la tripula amiga
tu nombre la ilumina compañera
Toda mi historia duerme dolorida
Toda mi historia canta y se despierta
por la ventana entra tu canto amigo
y el silencio huye por la puerta.
He venido con los besos a la página
con los dedos untados de tu ausencia
tu cara pleniluna mi recuerdo
tu vida me está haciendo poeta.
Tengo que hablarla por teléfono
(Tengo que hablarla por teléfono)
Tengo que contarte algunas otras cosas:
tengo una foto mucho más pequeña
que me mira y me hunde ya lo sabes
que me asesta su pálida inocencia
Voy a buscar tu foto ahora, ya la tengo
es esa donde tú me besas
o te beso yo o nos besamos
y el aire hace el amor con la tristeza
(el aire hace el amor con la tristeza)
Ya las tengo todas casi juntas
pero aún no las puedo poner cerca
Él me anuda a su mirada inmóvil
mi alma consiente a su mirada inmensa
Ella me mira yo no la he mirado
Tú que me besas
Yo que creo que comprendes ahora esta tristeza
Ella me mira yo no la he mirado
Tú que me besas
Comprendes ahora esta tristeza?
Ahora debo decirte francamente
que miro su retrato para hacer que vuelva
como una resaca todo lo pasado
Sabrás entonces, si después de ésta
no recibes otras cartas encendidas
que he dado aquellas cosas por perdidas
en el fondo de las fotos y que ella
me sigue mirando y yo también la miro
y que tus fotos quedarán sobre la mesa
cuando esté partiendo cuando me haya ido
por un olvido que tal vez recuerda.
3.
A veces te pienso
dormida
(porque siempre te pienso cosas fáciles)
en una playa cualquiera
lacia como un pájaro
tu boca de gaviota como un puerto vacío
y yo llego
(en los sueños hago lo que quiero)
pienso que tus ojos cerrados se parecen
a redondas flores de silencio
y te los beso
o busco no sé qué polen
en mi ciega sed de zángano
y no te despiertas
y juego entonces
como enjuagándome las manos del mundo
en tu pelo ronco de arena
y te miro la boca
como una gaviota frutal
tu boca lacia en la mansedumbre del
silencio.
Cuando hayas leído esto
sabrás que ni siquiera en sueños
bajo a beberte la sonrisa.
4.
Amo tus dedos de mimbre que he visto
latir como palomas
y tu silencio sin principio
al que no pude asestar una palabra.
Amaré tus cosas (ya lo sé)
una por una mientras sean,
y amaré tal vez, el quizás odio
con que te nombre a lo mejor mi abandono de mañana.
Te amaré como cumpliendo una lejana
profecía,
te amaré y sabré ese desde siempre
con que se esperan sin saber las
cosas que serían
Amo tus mil quizás con que supongo
tus cosas,
y tu tiempo a la espalda que me duele
porque ahora sé que era una espera
que ignoraba.
Amo tu vida azul que no me has
dicho
la piel de tu voz nunca tocada
y esta duda de todo que te vuelve incierta
Amo tus ojos de luna quemada
y de ombligo y remanso o caracol ausente
Amo el lanzazo o la ternura de tu
dedo que apacigua
tu pelo de tormentas y de olas amansadas.
Y esa dócil entrega en que mis mejores
palabras se hacen tuyas y esta
primera manera de hachar como
un náufrago un muro de silencio.
Amo este rito de mirarte a la distancia
y tu tal vez lateral sospecha de miradas.
Amo el estruendo de silencio
en que te callas
y esta aún lejanía que te acerca y te
hace sueño.
5.
Para tus uñas como olas detenidas
para tus párpados de sepulcro y uva rota
para tus rincones que no descifra el sueño
para tus encías de sandía y tu seno
de miga
para tus dedos de caña y de guitarra
para tu silencio después de tu palabra,
para todas tus maneras que yo ignoro
para las cosas más simples con que eres
para tu olor madurado y tu ensimismamiento
para ellos tengo un sueño, una
palabra y una costumbre que no
empieza
6.
Arrasaré tus territorios de silencio
con teas de alaridos
y amansaré tu hermetismo huraño y temeroso
como inventando contigo algún lenguaje
primero
y esperaré sentado ante tu tierra
como un labriego
Lavaré de sombras tus recodos
y responderé con tu verdad mi incertidumbre,
y ahuyentaré el pájaro de miedo que te
habita para que, niña, llores o
retoces instintiva
Acurrucaré una palabra tierna en tus
zaguanes
enjuagaré una mano en tu pelo
silente
Amamantaré tu silencio que yo mismo
clausuré, y callaré con él,
porque habré arrostrado tu manera y arredrado
tu hermetismo,
y todo será mi país,
como una isla conquistada.
Al pie de tu sangre vertida,
erigiré los momentos de principios,
y ante mi sudor llorado,
blandiré mi tesón que será fervor y devoción
mañana.
Aprenderé a Dios en ti que lo descubres en mis
cosas,
y seremos mutuamente tú,
en un nosotros completado.
Luego diremos el amor y el tiempo,
clavaremos estacas
y las proas desenterrarán las oquedades del
hambre,
gritaremos en las bocas de las catacumbas
y anticiparemos historias.
Tildaremos planisferios,
el beso sedentario aprenderá la ruta
del salvaje y místico calvario
El viento o río blanco se enredará
en las cúpulas de ventisqueros.
Se enrollará como una bandera de la
espera o un primer heraldo del otoño claudicado
correrá un barco de víspera
por la sonora vena,
y la vigilia tendrá un rostro imaginario contra un
puerto.
7.
A veces un viento de soledad me pasa
entre las manos.
y recoge de mis oquedades
esa larga espera y sueño
de aunque sea hacer buches
con las hebras de la brisa.
Es una manera de vejez.
Todo ha quedado
y el polvo
tiene en las cosas olvidadas
la extensión del más acá
después de una última vez.
¡Si las últimas veces se supieran
de verdad
dimitiendo sueños
y cerrando eternamente ventanas
de vigilia!...
Pero es una como todas,
con una espera infinita
que no espera.
Ya nada llegará.
El viento ha muerto
y las manos como hélices
de molinos acalambrados
están tendidas
, árboles mutilados
con rictus dolorosos y de asombro
en las ramas detenidas.
El mar ha bajado
aquí sobre mi arena
de playa con recuerdos que parecen
fantasía
los barcos secos
—que nunca echaron anclas
de renuncia y paz
pero que no auscultarán ya el
pulso de las olas—
los barcos muertos,
las manos
de tanto olvido
que casi ignoran los senderos
de la piel
las manos untadas de silencio y
delirio
que ya no podrán acariciar
que tienen para la caricia
la carraspera hostil
del pan viejo y la madera
y que sin embargo
revolotearán otras frentes
austeras como las vasijas
y aprendidas como la ternura
que mienten
los que ya no pero que deben
amar todavía.
8.
El acoso de mi imagen
te propaga en los
lugares infinitos que te ahuecan
hacia el sueño
un murciélago de sombra
te descifra los suburbios del
miedo.
Donde el paso fatigado claudica
la persecución del infinito
comienza la duda de tus márgenes
y más allá el eco te responde
como un pájaro de diluvios
que averigua tus orillas.
En tus recintos con palomas resumidas
el grito va a buscar sus alas en el
eco
recoge las viejas alas y canta.
Eres sonora de silencio como un templo
y en ti hace casa y puerto mi
palabra.
Un día apoyaré el fuego en la leña
de tus manos.
y la sangre que se alarga y medra
en tus laberintos
tiritará con palomas de campana
De tus dedos de caña humeará
el olor del pasto
como un incienso bueno
y el pelo silvestre
tendrá nudos de agua
Los caracoles de tu oreja
tragarán tormentas
porque desde ellos
tocarás mi alma.
Seremos poco a poco
entre los dos nosotros
y dejaremos el rastro de las veces
que nos morderá la espalda.
Hasta que un día un hijo
de miedo te ensanche el
pensamiento,
y yo apague
(para culminar un
rito)
un dogma de fogata,
y me arranque
el pasado de la
espalda,
y te deje con cenizas en
las manos.
y campanas sin domingos
en las venas.
9.
Desmantelo tus altares
estatua por estatua.
vez por vez
vuelvo un solo antes arbitrario
la historia renegada
Y dejo tu imagen
como sólo un hueco
donde pensar un rostro
nuevo
Pero la noche
recupera
tu rostro de exilio
que merodea
en mi recuerdo sin destierro
10.
Antes de morderte el pelo con las
manos,
lavaré un pájaro de miedo
entre tus dedos.
y acostumbraré
mi silencio a tu silencio
para que baste tu paz
para mi enmimismamiento
11.
Cuando seas apóstata del mundo y yo sea la verdad
cuando desde el pie del alma yo te crezca como un himno
y te desnudes del pagano rito de fingir ante los otros
cuando me hables con la voz descalza y con los ojos limpios
Cuando tras la espera sin barcos seas capaz de buscarme
abolida la mentira de callar con mil palabras
cuando un imperativo presentido te pregone en la sangre
un índice divino: es la persona esperada.
Entonces amada mía arrasaré tu coraza
mutilaré tus candados y venceré cerrojos
y amansaré con ternura tu marea desbocada
para clavarte mi rostro al otro lado de los ojos.
Y arrodillaré mi voz a tu silencio azul como una estaca
para que amarres tus primeras palabras como barcos
y amordazaremos el mundo que nos gritará por las ventanas
para aprender a callarnos con las manos
Y tus manos de pan y tus manos de gaviota
y las mías roncas de remar en tu mutismo
mitigarán tanta espera clausurada y rota
con esa mansa ternura que nos hará uno mismo
Ámame entonces con devoción de abeja
encenderé mil velas en tu sótano que es templo
y enjuagaré en tu pelo mis manos, para amarte
como quiero que me ames; en silencio.
12.
Cuando el mundo evacua los tímpanos de mis dedos,
y la piel de mis ojos queda tendida
sin búsqueda ni encuentro
ni tampoco soledad o exilio de silencio
se abren las glándulas secretas
del místico y profundo pensamiento
y con callada devoción de abeja
apoyo mi fervor en la imagen que te pienso.
Basta en ese instante tu nombre para el rezo
y mi apretada paz para el oficio nuevo.
Sobra para el infinito mi recuerdo incierto
La duda que te agrega algún rictus o algún gesto.
Y falta tu verdad y tu lugar que es templo
para llenar el vacío a mi costado hueco.
y falta tu certeza para comprobar la imagen
y una sola cercanía para clausurarnos dos silencios
Por eso cuando bajo al sótano del sueño
y acomodo tus cosas sobre lo que quiero
y aún falta un principio para enumerar el tiempo
y eres sólo una vez y muchas de recuerdo
tal vez entonces sube al púlpito secreto
la bandera de tu rostro que es la cruz de mi templo
y se expande por la sangre (como la primavera a un huerto)
todo esto tuyo que me levanta y crezco
Y ése es todo mi encontrado misterio
creer haber hallado el rostro de un presentimiento
morder con las manos las ramas del silencio
y alzarme con un grito callado que es un credo
y nombrarte llorarte o cantarte con la luz al cuello
y tal vez haberte perdido desde siempre sin saberlo
porque ésa es parte de tu quizás presentimiento.
13.
Para que me nombren tus palabras
ordenaré mis cosas sobre tus idiomas
y cuando quieras pensar tendrás mis cosas
como el único lenguaje que te canta
14.
Este odio insensato que te arrasa
este necio derrocar que te apostata
la imagen con un sordo silencio que te
reemplaza.
15.
Para la calma celeste que te aquieta
tengo el rezo ensimismado que es recuerdo
y a la luna desbocada en tu marea
la caricia que te amansa desde el pelo.
Para el ojo que amamantan lejanías
llevo el rostro que penetra hasta la imagen
y a la melancolía que el tiempo resucita
la palabra nueva que te ahonde y te
socave.
16.
Quiero amarte con piedad infinita de vigilia
masticando el fervor a las imágenes
para desnudar ovarios en el néctar
y erigir telares de tu nombre.
17.
A la última garza de tus manos,
la guardaré a pesar del tiempo que te atrapa
para que en las tardes melancólicas como ésta
te alcance mi recuerdo con devoción lejana.
Al místico sosiego que te esparce
la íntima miel que te apacigua
lo podré como intentando un rito
cuando tu honda perduración me sea guarida.
Y a la silvestre inquietud que te desboca
cuando la savia de la vida te recorre,
la perderé porque serán tus días nuevos
mientras mi mente te detiene contra un cofre
Y quedarás como las cosas viejas
un poco porque fuiste un día
y más porque todo te es un canto
cuando te rescata de las tardes mi
melancolía.
18.
Si tú no sabes por qué para tus noches sin luna
dejo mi lámpara en tu ventana
Por qué quiero que tengas mi canto que
tal vez no sirve
si quieres saber por qué te acerco mi
mano de barro
por qué tras el rastro del silencio mi
fervor te sigue.
Si quieres saber por qué no ha sido tanta
la agonía de la tierra
que después de morir de sed tres veces
en algún lugar se sacude el invierno
y en una flor despierta,
si quieres saber por qué lloran los
soldados cuando la muerte los acosa
por delante
y aunque tengan un fusil una sangre y un camino
se olvidan de las balas parados al lado de
un cadáver,
aprenderás a acompañar a esperar y a llorar
por un amigo.
19.
El buzo que puede el coral de tu rostro
cuando ya todo es noche
y el rastro hace un recodo espalda atrás
se ha vuelto ciego sueño a sueño
y tu imagen destituida
ya no tiene carne para tu nombre
Todo lo inunda la soledad
Tú, un viejo faro
un mástil con un ancla perpetua
para un puerto sin velas
ni esperanza terminada con sirenas
Tú,
también tienes una lápida de espuma
y un poco mi rezo cotidiano
por lo que no alcanzo
que tiene algo de mi mano.
El galeote derrotado dimite y cuando la luna
echa amarras y leva anclas el sueño
piedra por piedra
recobro ojos adentro tu ciudad en ruinas
Sólo tu voz,
alguna sirena aprendida y conservada
alucina tu verdad desmantelada
cuando el insomnio acosa
y el espejismo te intenta y no te logra.
Yo quise, talón atrás,
desclavarte la luna de una ventana
bebiendo tu sonrisa sin vez y sin campana
pero mis manos de palabras
se desnucaron al viento
tal vez porque una ciega paloma
no pudo hallar el rumbo.
Ahora,
ya sin tu espina tal vez,
sin tu jardín,
te acerco mi labriego extraviado
para recuperar los pájaros que le crecen a tu sueño
cuando el cielo florece
y la luna te lava la tristeza
con palabras sin garganta.
20.
la noche, esgrimo mi grito vacío
un candado sin adentro
un sitio sin espacio.
tu actitud de intiempo me
desmiente
y detrás de la clausura de los templos
renegados,
¡qué importa si la verdad es un
pasillo que pierde el número
y ya el ciego irremediable que
seguirá buscando...
buscará...
21.
Amiga yo no tengo recuerdo
mi tiempo acaba en tu distancia
allí donde se nos instala el silencio
para después cambiarlo por palabras.
Amiga yo no tengo distancia
vivir es siempre aquí en un tiempo
y el tiempo es todo lo que pasa
22.
Ahora se abre mi garganta
por ella vengo quedando todo el tiempo
aunque el tiempo es lo que pasa
y nosotros nada más que eso.
Quiero que sepas que mañana
recogerás tus manos de otros dedos
se irá poblando con campanas
de renegado altar de tu silencio
Y más allá mucho más de eso
porque vinieron también de la distancia
quedarán temblando en mi silencio
sin testigo. dormidas mis palabras.
Más allá de nunca más allá de siempre
todo el tiempo que nos asistimos
la historia vacía que nos quede
nos vendrá en los ojos del olvido.
23.
Hasta aquí hemos sido todo el tiempo
Más allá de nosotros. mañana
trae rostros nuevos
24.
Ahora descalzo como un grito
se levanta mi olvido sin cerrojos
para que no llegue en los ojos del olvido
lo que aún no nos llega por los ojos.
Quererte es fácil como el hambre
es una nueva manera de las cosas
es el hábito de sernos desde antes
que se abre en un instante sin ahora.
Yo soy menos que todas las palabras
Por eso amiga yo no tengo
mi recuerdo en la inhóspita distancia
tengo distancia en el recuerdo
Y a pesar de quererte como quiero
y a pesar de quererte con palabras
existo mucho más de lo que quedo
que es siempre mucho más lo que se calla
25.
Yo no digo adiós, espero
Nosotros queda aquí conmigo
éste es el sitio de encontrarnos
Me quedo a alumbrarte tu regreso
Pero eso sí amor, hay dos caminos
hay uno de volver y otro que vamos
y los dos son uno solo, hacia el olvido
y hacia el día de recuperarnos.
26.
En la soledad, racimos de palomas
templaban contra la mañana.
Yo soy donde te duele haber
partido,
pero tengo tu imagen, el refugio
más hermoso donde guardar
los ojos de adentro. Los de la
cara, ya puedo rasparlos
sobre los días; los del alma,
crecen contigo. Como el silencio
con las palabras. ¿Lo que hicimos
ahora? Cada gesto que hacemos
nos vive por dentro. Pero en los
ojos estamos solos, distintos,
incomprensibles como la relatividad
de las palabras.
Cada cosa que digo me deja un
vacío, como si no lo volcara todo.
(Sí, está bien, qué pobre sería si sólo
palabras.) En cada cosa que digo se me sube
el alma a la boca del silencio.
27.
Todo te quiero
En ti todo lo quiero
He llegado hasta ti
para descubrirme el amor
para saber que es una
mano de silencio
que sólo responde a la verdad
como una raíz que sólo
crece en cierta tierra
Es tan hermoso quererte.
Quiero quererte.
Quisiera poner un sobre alrededor de los
días y mandarte mi vida en un canto
"Dejemos la poesía para"... ahora sólo
hacemos eso.
28.
Esta carta me acerco.
Busca entre las cosas más simples
en cualquier momento y elige una.
Entonces tómala como si fuera mi boca
enjuágala en tus manos como si
fueran mis manos roncas y torpes
Yo estoy contigo
en este silencio que ya me llega al cuello
mi costado busca tu soledad para encontrarte.
29.
Y mi beso aprenderá a amanecer y a ponerse
en el labio horizontal de tu cuerpo como el sol.
tu latido marino
mi boca te atrapará como el grito seco y vacío
te atrapará en la ferocidad de la luna
en la taquicardia del mar
el mar
y tu corazón campanario
aleteando en la agonía de la locura
y tu íntimo bocado de mis lanzas.
30.
Está bien, soy un animal
un animal como el mar o como un sueño
o como el silencio que siempre queda
girándote detrás de los ojos.
Soy animal como tus manos
y pretendo clavarte las mías de raíz
como una lámpara.
Sí, soy el animal
hermoso e implacable en la ferocidad
de las estrellas
y ya me ha sangrado la boca
de raspar en el silencio
como en un huevo infinitamente duro
mucho más que mi instinto de
nacer
o peor mucho peor
como un muerto equivocado
que despierta.
Como un animal que soy tengo
algo de pájaro
la lejanía.
que siempre es lo que está más
allá de nuestro tiempo.
tendrá mis horas.
Por eso digo que mis ojos se pondrán
en tu cabeza
como la luna
inimposible y brutal
hasta tu mansedumbre de acatarme
con la ferocidad del mar.
31.
Un día me iré
y quedarás lamiendo mi sombra
como una gata ciega
Nada habrás olvidado
pero tampoco responderás
de nosotros
Te parecerá atroz haber subido a mi costado
atrozmente dulce como el suicidio que
obtenemos.
Recordarás que te decía reina
cuando me enjuagaba los pies en tu
pelo
mientras me pedías perdón por ti
como una esclava
todo lo recordarás.
cuando te lamía los vértices como un
—gato ciego lamiendo tu sombra—
como el mar que respira contra el
muelle.
Un día me iré
y el genital imperio de los astros
que te hice sombra
te quedará en tu orgullo
como de hembra
orgullosa por el soldado muerto
32.
Dame la mano
Dame los ojos
voy a ponerte la vida
Dame un lugar para clavarte el coraje
si no tienes nada de eso.
Dame la sonrisa vacía
para calentarte los dientes con palabras vivas
Déjame lavarme los ciegos con la savia de tu
luna
33.
En el pelo de musgo
te ataré mi canto de lluvia
como un río
En el pelo de musgo y vino
como un río enjugado por los hombres
de la guerra
mi canto será viento de sangre
Y cantará por siglos el caracol de vientre
mi garganta es una rama
que no tiene invierno
y tus ojos viajarán el silencio
y las manos panecidas
34.
Ojos atrás de los hombres
el mundo existe.
(ojos afuera existe
sin medida.
Allí tú eres verdad a veces
como Dios cuando me alcanza el miedo
Por eso somos enormes
en la garganta súbita del sueño
Y ahora te regalo el tiempo,
alguna hora vacía
O como una colmena de piedra
donde las trincheras hacen miel
de sangre
35.
Es hora de voz, de savia
de tierra abierta en el grito de fuego
de las alas y el infinito de los ciegos
y la sangre irrumpiendo en los candados
como en rabia
es hora de lanza de sol grito de acero y rayo
de trincheras maduradas en colmenas
de barro de sangre en la garganta de las venas
de flor y pájaro emergido en canto
Aquí soy
las flores son palabras del canto de la tierra
un oficio me descubre la colmena
y mi campana se vuelca
de sol.
Designado un pan se ha abierto un templo
qué más da si tus manos de palomas de luna
qué más da los ojos la garganta, alguna cosa tuya
Ya está erigida la verdad del ciego.
36.
Los hombres flotan en los ojos de los hombres
como peceras respectivamente
como peceras como espejos
conjugando el los otros
desde una ventana entre yo y el
mundo
y soy el mundo tantas veces
en las ventanas de cada hombre en
vive
y todos somos yo y todos, los otros.
37.
Serás detenida
como la savia
en el invierno último
Y yo que me voy hacia el nunca
seré detenido también
como una flor a media rama
largo último invierno
la primavera desde ayer siempre tendrá
nunca
Y qué habrá detenido la flor de
rama adentro?
como un naufragio previo
como un mañana ciego
38.
estaba encerrado en las paredes de mí mismo
ya en la lengua hecho saliva el sabor de la ceguera
sin saber desde dónde se fue la última luz ya olvidada
y soñé que alguien entraba y me despertaste con la puerta
se aturdieron mis manos al tocarte
y tu voz me encandiló y me asusté de creer en tu existencia
y tuve miedo de ser muda baldosa en el oído de tus pasos
o que estuviera en mí la impotencia de una campana sin mano en su cadena.
Por eso me gusta desnudarte poco a poco de las sombras
y comprobar mi despertar no soñado
y el cadáver de tu ausencia.
39.
Un día echaré mis ciegos salvajes
a hacer tribus
de hormigas
de gigantes o de horneros
a viajarte los siglos del vientre
cíclope
a saberte la música por los ojos rotos
en el sabor de espadas que te invada
mientras la tierra se puebla con la
lluvia
por la garganta que alargan las hormigas.
Ah
tus montañas vegetadas
qué infinito albedrío beberte en las
venas de la tierra
Sólo el agua te puede
como tú me puedes garganta
un día lloveré sobre ti
como irrumpen los diluvios que te invaden
a romper la miel sobre las piedras
de luna
bebiéndote ya toda la tierra
toda la soledad
toda la sombra
todo el silencio
guardado tantos siglos guardado
tantos viajeros y tantas dulzuras
tantos muriendo
y tantos ciegos sin candados al fin
40.
Aquí estoy (es decir aquí soy)
ciego una vez más
el naufragio es por detrás
por eso no podría saber nadar nunca.
La gente me trepa
(como una isla vertical cuando el mar
ha sido completo).
La gente me trepa
como hormigas ciegas
y desde mí saltan al vacío
(allí tal vez hacen tribus de
tumbas, y los niños juegan
debajo de la tierra).
Siempre es ahora.
siempre es aquí
Pero ahora, aquí no soy el de siempre
como muriendo.
Cómo puedo parecerme a mí,
si muero por primera vez.
Alta marea de sombras,
la tierra convocada en las raíces
Relámpago de acceso al viento.
Y mi tierra? y mis raíces.
El viento me pasa por nunca
como moviendo unas hojas que no soy.
Igual un día me hundiré,
pez de la tierra
como un topo de sangre buscando
la colmena de la tierra.
Quién podrá vivir en mi destiempo
ni los locos,
ni los desterrados de la hora.
sé que las manos se juntan algunas
veces, o en la larga vez de sepultura
¡Qué soledad morir a una muerte
diferente
el único muerto de mi muerte despoblada!
Ése es el temor que he tenido de hombre
presentía que la muerte era un poco soledad.
y ahora este destiempo,
este intiempo
en que la gente me trepa
y ni siquiera me intenta algún lenguaje.
Yo soy inesperado
(siempre existe alguna voz)
mi voz es inesperada
Pero se me trepa,
sólo soy un aquí, ni siquiera un
ahora, un dolor una culpa,
¡qué va una razón!
41.
A todos los hombres del mundo
a los sordos
y también a los sordos del espíritu,
a los mudos
y a los mudos del alma
a los ciegos
(a los muertos) a los ciegos del alma
(no olvido que los muertos sólo son
ciegos del cuerpo totalmente).
A todos los hombres que me vengan,
que me sean,
Que seamos
que nos vivamos y nos muramos
mutuamente
a todos los hombres del mundo
a los poetas y a los borrachos
a los novelistas
y a los locos
a los científicos
y a los mecánicos
y a los desahuciados
a los hambrientos
y a los que no tienen el placer de tener
hambre
a los que mueren de hambre
a los que odian
a los que no les alcanza el dolor
hasta el odio
y a los que les sobró el valor para
salvar a Dios
a los que les faltó la serenidad e inventaron el cielo en las trincheras
A los que llevaron el pan en el bolsillo
y a los que dieron frutas de pan donde
el alma
a los hombres que ángeles
a los hombres que hombres
y a los hombres que... hombres,
a todos los hombres del mundo
a los que celebraban en alcohol el niño
buscando la ceguera suficiente
a los que dijeron lo mismo que yo
a los que tuvieron mejores palabras
A todos los hombres... "¡qué manera absurda
de decir a cada uno!"
quiero ponerles mi garganta de una
vez por todos,
que hasta aquí han hablado
por mi voz hacia afuera o hacia
adentro.
Y lo quiero hacer
para que seamos lo mismo en ese
instante, de recorrernos el tiempo
sin haber rendido a la vigencia de los
rostros la verdad
que es mucho más cuando no tiene palabras
Si en vez de enviar palabras vacías
pudiera echar a vuelo
campanadas sin campana
como darnos las manos desde
siempre
desde hombres...
que hombres...
42.
Porque cuando miro el mundo como si fuese
un párpado
nada veo si no te he visto
quiero verte pues estoy ciego de ti,
quiero mis cerrados ojos abrirlos.
43.
Mi convicción de tu presencia tiene
el seudónimo de: tus manos.
44.
todo el secreto de mi silencio
con mi pluma, soñando con un
luego en que me dieras a leer una
carta de amor
45.
mis horizontes comprimidos
los renglones de una prisión
46.
Entraré en ti hasta el exterminio
las hordas de mi sangre
te confinarán en tus propios rincones
mataré tus rebaños para dar
de comer a mis soldados
De todos los palacios que me sobren
haré lugares para mis caballos
violaré tus cementerios
y te obligaré nuevos Dioses
te comeré las manos y lo que
sobre engordará mis perros
y no me traicionarás ni con veneno en
mi vino
ni cuando duerma la embriaguez
de las orgías.
Afilarás mis espadas y mis lanzas
y curarás con tu polen las heridas
que los tuyos hayan clavado en mis
soldados.
Y luego, manso como un rey
te diré que te he amado mucho.
47.
entiendo tu miedo y tu
Algo nos asusta al empezar
a ser trascendentes para alguien
No todas las cosas vuelven a su
origen, tal vez sí en lo absoluto,
pero no siempre en el tiempo.
me basta pensar en mi madre
por eso es aquí, esto no es para
sino por vos,. qué tiene que ver eso
del origen, tiene, porque si bien
digo que antes y eso implica bastante
"antes para llegar a hoy" y eso
implica antes pero fundamen-
talmente hoy, y hoy que es un
ahora, un desde y un hasta digo
ahora tú, hasta que tú y desde
nosotros, y éste es el origen de
vos en mí y de que todas las cosas
sean por vos y para siempre
entiendo tu miedo y tu
orgullo. Ni siquiera te lo pregun-
to. Cuento con ellos como
conmigo. Y sobre eso de preguntar
te diré algo que siento sobre las
cosas y sus palabras. Hay algunas
que son retóricas, otras viven más
en el silencio y en el vivir las palabras
más abajo de la piel de las palabras
mismas. Otras son dulces.
Brutal y ferozmente dulces como
te putita o te quiero
o mujer mientras morderte
la boca y muelle muelle
muelle y agua muelle agua
y el mar como un gato cabecean-
do y te quiero y entiendo
tu miedo y envainarme en
vos como un topo ciego redondos
de tan enteros iluminados
con la dulzura de los locos y la
ferocidad de la dulzura. niños
viejos y leones tocándose con
los ojos los astros que nos entran
por el tiempo y como ves todas
las palabras perdidas porque
vale más vivirnos que pensarnos
y hasta equivocarnos que saber.
48.
Dime, a ver
acaso nuestras distancias no son todas mentales?
—en la misma agua quedaron flotando
mezclándose infinitamente como la sombra en los
ciegos
los pequeños náufragos de nuestra transpiración.
Hemos estornudado en la misma calle
y en infinitesimales hojas
quedamos anudándonos en la tierra
como todas las hojas del otoño.
Y ahora aquí
hablamos del amor y de la
inimposible lejanía
sólo porque soy cobarde
y no te violo
y no aprendemos entonces
el amor por el principio.
49.
(Perdóname,
yo sé que tengo derecho de gritarte
sé que soy superior a ti porque soy hombre
y si te retobás te cago a palos
pero ponete mis besos como una bufanda
y pisame la lengua
y si querés meteme las tetas
en los ojos que yo te voy a seguir diciendo que
te quiero.)
50.
Nos tanteábamos como ciegos recelosos
Los tibios países de trapo y de durazno
y las manos avisaban nuestros
territorios
como tildando el lugar donde éramos
51.
Voy a buscarte
donde puedo mirarte varias
veces en el mismo instante
Donde puedo contemplarte horas
sin que tu momento se inquiete
en la corriente de esas horas
y me estucho en mis recuerdos
e ignoro qué luz visita mis
ojos abiertos
en qué frío me desvisto de mi
desnudez sin fuegos y sin hielo
mientras soy un trago de
mi propia hambre
y en el estómago de la
mente me disuelvo
y reconstruyo mi antes gastado o
cambiado
o me agrego a mí en un día ese día
imposible de ser
y visito mis ojos visitados por ti
Allí te eres como fuiste.
tu imagen se enganchó
como el musgo en las piedras
y te caíste de las horas,
o yo fui goteando migas
de donde puedes estar en mí
para tenerte en uno solo, en
todos tus minutos.
Tus imágenes son quietas y
duras.
Las horas pasaron como las olas
y tu presente y mi conciencia
de ti viajaron en pos de la siempre hora
nueva, como el agua recorrida
por la onda,
Y voy eligiendo entre las
gotas de tu rastro revisando
pie por pie hasta llegar
al beso que aún no se secó
a la puerta que se impone
como yéndome a buscar al
fondo de mi enmimismamiento
o que a mi súbita estación en
mí durante el momento
que será pasado está sin principio,
por la que te has ido
como todos los días y desde
la que empiezo solo y me alegro
de nuestra realidad
Y me vuelvo a hundir a bucear
las imágenes que viven en los
juntos.
y empiezo a extrañarte,
e intento traerte y meto
las manos en el agua
y el agua me dé la respuesta
de su carne vacía de ti
que te desordenas en ella como
las cosas a través de las llamas
y no puedo atraparte
y mis manos son jaulas de leones
y puedes irte como un gorrión
cansada de tu curiosidad
y dejarme con mi impotencia
de caja para encerrar la luz
fantástica entre mis dedos de piedra
con mi impotencia de caja
para vaciarme del vacío de ti
que me llena como la oscuri-
dad de una caja cerrada.
52.
Tengo en la ternura la ferocidad de la lluvia
voy a navegarte
soy tu capitán
y me tengo en las manos
para untarte mi sombra caliente
mar mío
capitán en tu estrella de sangre
apenas te he visto mirarme
y ya te digo mujer porque hasta conmigo.
53.
Gracias por ser
y no yo
a través de ti
sino tu verdad testificable
Gracias por descansarme los ojos
con un silencio
entre tanto estruendo de fealdad
54.
Mi necesidad de ti es
tan grande como tu
existencia por eso
serías suficiente sólo
si pudieras esconderte
en mi conciencia
y dejar la ropa de tu
cuerpo en mis sentidos
55.
Una palabra es como un animal azul
que se mueve dentro de tu vientre
como una isla o una estrella en la noche oceánica
un sitio
donde hay silencio de silencio
o el silencio tiene luna
o la puerta del silencio una ventana
Tal vez un día se mueva este animal azul
que echo a vivir debajo de tus ojos,
tal vez se mueva como pareciéndose
a algo,
como encontrando los rostros de los nombres
este animal azul, que tiene un nombre,
tal vez algún día se te vuelque por los
ojos
buscando una mano original
para llenarse al final
como una campana completada
que llama a oficio
aquí te dejo este animal
esta infinita palabra
que sólo existe a soledad
pero que la gente se busca hasta la
mentira.
...amor...
qué animal absurdo
cuando no se delira
Detrás de tus ojos
hay un hornero de manos azules
para los pájaros huérfanos.
amor, este animal es un pájaro sin
raza
que va a buscarse las alas en los hombres
cada uno tiene un ala
para darle el nombre
cuando se mueva azul en las entrañas.
A veces vuela con un ala sola,
pero se vuelve ciego y torpe
o con dos alas diferentes que lo rompen
hasta que al fin nos viene por la boca
y se te mueve en el vientre del hornero
haciendo nido en las manos azules.
Éste es mi animal, amor, te lo dejo
para que eche raíces, hasta que me
busques.
JORGE LEMOINE Y BOSSHARDT
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