INVENTARIO DE SOLEDAD PARA MI CULPA
(ODAS Y ELEGÍAS)
Estas cosas se hacen siempre mal, porque son malas.
CANTO PRIMERO
PRIMERA PARTE
I
No quiero acarrear estos puñales
suministrar alas heladas
ni amputar sueños.
Todos somos el derecho de todos
mientras yo festejo nuevas anclas y brújulas nuevas
tú vas por la casa recogiendo fotografías.
Yo te quería tal vez
tal vez te quiero todavía
tal vez tantas cosas todavía.
Tú estás lejos enhebrada por pasillos y trincheras
por ventanas que la mañana moja
con sábanas infinitas
y yo estibo en mi garganta este árbol de clavos
yo llevo tu muerte
en mis manos que lloran y tiemblan
porque querían ser golondrinas.
Amiga
vieja compañera
mi amor no puede sucumbirte
pero se me escapa del alma.
Esta impotencia de redes
esta agua que se adelgaza entre los hilos
Cómo puedo morirte sin muerte?
cómo puedo vivirte sin morir?
Hay volcanes que tiran de mis ojos
como toros empecinados
hay timones que llueven sobre mi corazón.
Yo te quería.
Y hasta a veces me lamía sediento las heridas
y vigilaba anhelante las espuelas
de nuestras batallas.
Recuerdo nuestra cama
la última
como un barco
tal vez como una mesa sola en una casa sola
recuerdo tu espalda
tus ojos distantes
tantas veces mi mirada naufragada
mis huidos cuadernos
mi fulgor de ceniza
mi ronquera de rincones
recuerdo una por una
cada cosa.
La geografía de mi memoria
se echa a dormir en las bahías de tu cuerpo.
Y yo no quiero dolerte
yo no quiero las palabras del olvido
esas que amordazan los antiguos poemas
las que arrasan el amor con el nombre nuevo del amor.
II
Yo no quiero pisoteando borrar con pies desaforados
aquellos caminos esenciales
aquella amada piedra
el árbol sospechoso
el primer jardín de las distancias.
Durante tanto fracasado milagro
durante tanto extravío he querido quererte
tal vez lo conseguía
he querido juntar en un retablo amanecido
los pedazos indescifrables de mi alma en ruinas.
Y en ese inventario de turbias demoliciones
de escombros de suicidios a los que llegué tarde
tantas veces no encontraba mis pies o mi nombre
o equivocaba el orden de mis dientes
y ponía esa incriminada golondrina
en el lugar sonoro de mi corazón.
Estas páginas son siempre las sábanas del amor
las de los pies fugaces de mi boca.
Y en una ráfaga de agonizadas palomas
veo aquel denodado poema
la letra vegetal del amor que se hinchaba
veo aquella estrella hecha de beso
el muelle tanto pan y algo ventana de la espera
en que nos dábamos la mano para tantear al hijo
que venía
y vena
por tu cuerpo
con su inmóvil galope de duraznos
su naranja de terremoto
sus manos que se han hecho pequeños barquitos de papel.
Perdona que no ponga si lloro mientras escribo.
El canto de la muerte es en silencio.
Yo sé que a veces creías que por vertederos finales
y cerrojos
amainaban esas cartas y esos lejanos meses de lejanía
y esas fotografías ocultas que te dolían silenciosas
en algún cajón
donde se guarecían monstruos
y venenos
y nombres prohibidos.
Yo sé que a veces detrás de mis desnudos antifaces
sentías gemir
crujir
jadear
o suspirar los tallos que se iban despertando
y que contabas con genital paciencia
como las de aquellas plantas que eran casi flores
las hojas nuevas que recuperaban mis pupilas.
Yo sé de mis trincheras
de mis uñas
de mis agónicos recodos
sé de algunas palabras
que se escapaban como humedad o promesa
de esas intrincadas olas del asalto sin besos
de la espuma a veces solitaria
de los arcos iris que no tenían suficiente cielo
y de las otras playas extáticas a veces
donde entre viejas resacas íbamos reconstruyendo
con ansiosos dedos y clavos de saliva
el barco de nuestro primer naufragio.
Todo lo sé.
Sé que las flores serán las de un desierto.
Sé que te di una paloma herida que cuando trató de volar
abrió su tajo en llamas y te mojó de sombras.
Te dije que vinieras y te dije que no vinieras
te regalé las llaves pero clavé la puerta.
Qué puedo hacer.
Cuál es el primer día del fracaso?
cuál es el límite de la derrota?
hasta cuándo se golpea
hasta cuándo se uñas y muñones
en este derrumbado túnel
sin salir o morir?
III
No volvimos a preguntarnos por los anzuelos primeros
por aquel zarpazo de nombres que entró o entré
como una inundación en la casa de nosotros
derrumbando sillas y mordiendo retratos.
O mejor no volví a respondernos.
Fui de nube o peor de humo
anduve escabulléndome como un fusil
con la promesa debatiéndose y la traición furtiva.
IV
Tu dolor me duele con páginas vacías
con días que no supe que iban siendo despedidas
tu dolor me sube como un candado y me muere
me escupe la voz con flores de raza equivocada.
Tu dolor soy delito y sacerdote del otoño.
Pero hay caminos que estallan las anclas
una marea de caminos
una marea alta
una noche de faros ululantes y tiniebla a gritos
y yo zarpo como naciendo o muriendo
y te arranco de cuajo la memoria.
¿Cómo pedirte perdón
con qué palabras
con qué caricias secarte la casa solitaria
con qué besos enjuagarte los besos que no quedo
con qué olvido no haber sido
con qué recuerdo quedarme?
En mí se trama una rosa de desiertos
un nudo de ebriedades sin Dios ni horizonte.
Tantas veces parto
tantas veces apenas llego y apenas parto
después de tanto apenas vuelto.
Tantas veces mi hijo me ata la sombra
con sus atroces juguetes
y me fusila con su voz de colibríes
con su voz pequeña de candentes precipicios.
Tantas veces.
Tantas y estas fotos con que me suicido de a poco.
Este minucioso veneno
qué puedo hacer
cómo quedarme este espantoso equipaje de cuevas
metido siempre hasta los ojos
en mis cuadernos de pozos o trincheras.
Yo quisiera llevarte la mañana
un racimo cotidiano de canciones
y esas rosas que hablaban rojamente
como un pan de velas encendidas
pero te llevo la ronquera de mis manos
mi voz que tropieza
y un espejismo de días sin bandera.
Quise fundar mi memoria
deponer mis lejanías
redimir mis huellas
rendir mis salados recovecos
decirte un día
después de tantos días
que ya había vuelto
darme cuenta de tu mesa congregada
y apreté los dientes y cerré los puños
y contuve el aliento de mi arreciante podredumbre
pero te clavé de desertadas canciones
te crucifiqué de desmentido herrumbre
con altares disfrazados
con cadalsos que tenían voz de sirena.
Tal vez dos muertes no sea bastante
mis pezuñas criminales devastarán cada cúpula sagrada
cada almena depuesta
cada arco de rosas que se te haya caído en la batalla.
Y yo quedaré herido con tu espera
con tus rosas de nuevo
con tu traicionada primavera.
Y yo quedo herido pero no me muero
y mi herida es culpa
y mi dolor tendrá sonrientes espejos
cuando no quiera verme frente a frente
con el cuchillo ensangrentado de luna
y el poema ensangrentado de silencio
cara a cara con el crimen.
SEGUNDA PARTE
V
Un día en nosotros fueron todos los ovarios de la tierra
telares de alba nos buscaban la lengua
carcajadas de lava levantaban nuestro aliento
desatados ríos acarreaban
la primavera hasta mi cama sin cenizas.
En el pan nos encontrábamos y en la campana
y el aburrimiento no andaba socavando ni enmoheciendo.
La rutina no lamía las cosas que sostenían el día.
¿Cómo decirte que ahora sí.
Dame tu herida como una sonrisa
para poner mi puñal como una rosa.
Cómo puedo no terminar esta carta
con aquella misma estrella
cómo besar la frente de nuestro hijo
yo cómplice de la noche
polizón de la puerta.
Cómo martillar su mirada desnuda
con mi espalda turbulenta de nuncas?
VI
¿Cómo cambiar tu nombre por el de una hermana
cómo darte de beber estos andenes
cómo asestarte este puñetazo de lágrimas
cómo decirte estas equivocadas brújulas
cómo pedirte que guardes
los zapatos viejos de mi historia?
No me voy de tus altares a otros templos
mi boca no trasborda nombres
mis sueños no se visten de nuevos lenguajes.
Me he quedado sin Dios
eso es todo.
Ahora ya sé que no puedo construir a Dios con sólo rezos
a pesar de que nunca tuve palabras suficientes
ni manos apretadas suficientes
o que ahora nunca las habría tenido.
Pusiste en el teléfono tu voz
como una ofrenda
como una mansa llamarada de campanas.
Yo les arranqué el domingo
les amputé las alas
te escupí la lengua con ronquera.
Siempre el mismo labriego de flores venenosas
de cosas con las que no se puede hacer pan.
VII
Ahora necesito quitarme la coraza
ser mucho más víctima
decirte que lloro
ser menos culpable
estar un poco loco
tener olor a sonámbulo
pasearme por nevadas cornisas
abrir la boca para que entre
alguna herida a raudales.
De par en par el silencio
para tener alguna lápida
que llame a los que vendrán a perdonarme.
Y sin embargo no comprendo el perdón.
No sé siquiera si edifico en esta página
un espejo
si le escribo esta carta a mis insomnios
a mi conciencia
si quiero demorar la copa clandestina
la azotea que se derrama sobre las sirenas
los sueños desterrados.
VIII
No quisiera ser el turbio sacerdote
la ritual cicatriz
la canción que se condensa y lava.
No quisiera ser mi absolución.
Quiero bayonetas ladrándome
jardines ladrándome
arrojándome puñados de sequía
conminatorios hermanos
sin sillas para mi destierro
un inventario de soledad para mi culpa.
IX
No soy un emigrante
prófugo de la tierra
gangrena planetaria.
Pero antes de irrumpirte esta carta
antes de estallarte la boca
de hacharte los ojos
y machacarte hasta la última ceniza
quiero dejarte el mapa de mi cueva
el itinerario de mi despavorido escondrijo
para que si un día
amaina mi crimen en tu carne
y puedes enterrar también
las cruces de tu cementerio
vengas a mis costras sobrevivientes
a encontrar al amigo que también fui
nube
que tampoco claridad
que ni siquiera pañuelo.
CANTO SEGUNDO
TERCERA PARTE
X
He releído esta carta durante la que mi boca
no tropezó
ni acampó para secarse el sudor.
Apenas alguna ventana del avión
el tórax americano
disminuido bajo la altura
como una dentadura de piedra.
Montañas desencadenadas
cráneo
mandíbula geográfica.
No podía detenerme
borbotones de lámparas envenenadas
se me desmoronaban por dentro
y caían al renglón amigo
al silencio ordenado
e inventariado en blanco.
XI
Hay en los hombres la misma
fatigabilidad de la tierra.
A veces se cambian las semillas
a veces se amamanta el polvo
con sus propios hijos
como las gatas que se comen la placenta.
Y a veces a pesar del sudor
de las tempranas fatigas de las lluvias
y las nobles semillas
la primavera sopla en la flauta terrestre
pero la canción de espigas no brota.
Es entonces cuando el terreno está ronco.
Los cardos andan recuperándome el alma.
XII
Con esto no digo
que ninguna flor es cierta
o que no podríamos poner
los mismos cardos
en un jarrón
sobre la mesa.
Digo que la arena me intenta
que la piedra me interrumpe
y la aridez logra mis vetas.
No quiero los nombres
cotidianos del amor
para nombrar su muerte.
Sería demasiado doloroso.
Amiga
yo tengo esta enfermedad de tinta
y a veces la piel de mi alma
se oculta debajo de mis costras
se esconde en el agua de las ampollas
bajo el pus enmascarado de las pústulas.
Tú lo sabes
has deletreado mi boca tantas veces.
No puedo emprender este lanzazo
sin disfrazarlo de paloma.
XIII
Voy de carta en carta
de nombre en nombre
de amigo en amigo
de recuerdo en recuerdo
palpando a tientas
el óxido y el terciopelo.
XIV
Hablo a los amigos con que hablábamos
lloro sobre nuestro cubrecama en mi memoria.
Les sonrío a las macetas del balcón
a través de la distante ventana.
Estoy solo en esta culpa
como un cáncer de carbón en una napa de oro.
Y no sé mentir ni decir la verdad.
No puedo quedarme ni partir.
Lloro o sonrío
le hablo al espejo
al aire
me miro la memoria al espejo
me miro el crimen y el silencio al espejo
me miro la vida y el futuro al espejo
sonrío o lloro
es la única imagen que recojo.
XV
Si pudiera haberte regalado muchas más flores
flamantes puñados de canciones
una camisa de besos para tus hombros
donde hacía pie la tarde...
Recuerdo cuántas veces volvíamos de la rabia
con espuma de cuchillos en la boca
salpicando gritos derretidos aún
y de repente la espuma era de súbita flor
los gritos eran súbitamente tules que volaban
y deponíamos esa especie de odio indesterrable
escondiéndolo bajo la alfombra
detrás de algún párpado
o entre las muelas junto al musgo del tiempo.
Recuerdo cuántas veces
estuve por escribir de nuevo
la palabra amor
y mi garganta se agachaba
o se quebraba en el aire
como un barrilete roto
y te decía apenas una mirada esquiva
un recodo en la boca.
Nunca habré sabido dónde empezaba esta carta.
Tal vez en algún descuidado ademán
en un borbotón de murciélagos
cuando vigilábamos mariposas o atajábamos
guitarras con el pecho.
No lo sé
no lo sabré.
La vida es un laberinto sin retroceso.
La piel de la tierra era toda caminos.
Tuvimos pies para éste.
El destino era cualquiera
y emprendimos esta memoria
con lentitud de empecinados dientes.
Y aquí estamos ahora.
XVI
No puedes mirarme a los ojos.
Te llamo para que lo hagas
para que precipites tu última herramienta
tu último anzuelo ávido.
La vida no nos permite
una vuelta de pista preliminar
un recorrido estudioso.
¿Cuántos errores nos quedan-amos
por nacer o morir?
Yo no lo sé.
XVII
Ayudémonos a alguna paz cualquiera.
Yo siento que llegamos
a la cima de nuestras manos
a la cúspide de nuestros almanaques.
Aquí nuestro camino cae bifurcado.
Nos queda un único cauce común
la única vaina donde esconder esta ceniza
nuestro hijo.
Él es el guante que guarda
nuestras manos juntas.
Qué más puedo decirte?
Es cuestión de decidir.
Decidir quedarnos o decidir partir.
Decidir durar o decidir decidir.
Y yo tengo miedo de saber
que ya he tomado mi rumbo
que ya he echado a andar el viento
que mis velas se hinchan y tiran
y que el tiempo ya me da la nuca.
Quiero un último tramo de espejismos
para arrancarme si es preciso las manos
buscando el agua en nuestra arena.
Por eso quiero que vengas
para que la tal vez última vez
no haya pasado inadvertida.
XVIII
Caminar por un muelle como un ciego sin saberlo
es un poco lo que no habría pasado
no es justo resbalar.
Debemos arrojarnos o permanecer de pie.
No elijamos la cobardía del tropiezo.
Ya tanto ha sido casualidad.
Yo no quiero darle llaves al destino.
Soy yo el jinete de mi vida
timonel y fogonero.
Subámonos a la locomotora aunque sea sangrando rieles
pero mereciendo el rastro que dejamos
aunque sea de escombros y gangrena.
ÚLTIMA
EPIFONEMA
XIX
¿Cuándo empieza la certeza?
XX
Un interminable camino
de certeza.
ÍNDICE
EXPOSICIÓN DE LOS PERÍODOS
DIVISIONES
Prótasis / I
Epítasis / V
Epígrafe y catástrofe / XIX
Avisada estrella (guía en el trayecto): William Blake
Cómo juntar lo que
el dolor destruye.
CARTAS ENCENDIDAS
He puesto sobre la mesa sus fotografías
no pude acomodar su ausencia
porque hace ya muchos poemas
se disipó con ciertas cosas
Mi ropa está aún en la maleta
He escondido tu retrato en un cajón oscuro
porque no quiero mirarme la memoria
con esta mirada nueva
He dejado el tiempo sobre la mesa
pero se fue a la calle
con la noche a cuestas.
Yo estoy con la tristeza puesta
desnudo sobre la cama
un poco sábana el cuaderno
y esta fría sábana extranjera
A veces me asalta tu nombre
como una actitud de supervivencia
pero me muerdo los labios
y escondo en el cajón la lengua
Todo lo demás lo escondo aquí
quiero que sepas.
Ella mira desde mi alma desierta
yo no la miro
yo no la miro a ella
Le he pedido perdón en una carta
Le dije los caminos y también la tristeza
Le dije que las cosas se me escapan
que huyen a veces al poema
y que algunas otras se refugian
mucho más allá de mi cabeza
Le dije que no te he conocido
Le dije que nadie y me mordí las venas
Le dije que me crecen los zapatos
que a veces me entristecen cosas viejas.
Ella no dijo nada estaba inmóvil
en el aire ausente de la pieza
la carta aún no la he cerrado
para que mi corazón la lea.
La he escrito para mí, para mis culpas
para que me indulte aún la primavera
para que vuelva hasta mi insomnio
en los feroces días de la condena.
Mi sentencia es la vida
no hay nada que quede más afuera
Miro otra vez su retrato es siempre el mismo
ella me mira yo no la miro a ella
La tristeza es a veces infinita
del olvido ya perdí la cuenta
el alma vuela se evapora
y se asienta en cada cosa y queda
Ahora ya termino esta paloma
es la hora de ti, es cuando llegas
y atracas tu perfume inmenso
entrando como el alba por la puerta
el recuerdo es una flor nocturna, se abre
mi alma se evapora y vuela
tu imagen la tripula amiga
tu nombre la ilumina compañera
Toda mi historia duerme dolorida
Toda mi historia canta y se despierta
por la ventana entra tu canto amigo
y el silencio huye por la puerta.
He venido con los besos a la página
con los dedos untados de tu ausencia
tu cara pleniluna mi recuerdo
tu vida me está haciendo poeta.
Tengo que hablarla por teléfono
(Tengo que hablarla por teléfono)
Tengo que contarte algunas otras cosas:
tengo una foto mucho más pequeña
que me mira y me hunde ya lo sabes
que me asesta su pálida inocencia
Voy a buscar tu foto ahora, ya la tengo
es esa donde tú me besas
o te beso yo o nos besamos
y el aire hace el amor con la tristeza
(el aire hace el amor con la tristeza)
Ya las tengo todas casi juntas
pero aún no las puedo poner cerca
Él me anuda a su mirada inmóvil
mi alma consiente a su mirada inmensa
Ella me mira yo no la he mirado
Tú que me besas
Yo que creo que comprendes ahora esta tristeza
Ella me mira yo no la he mirado
Tú que me besas
Comprendes ahora esta tristeza?
Ahora debo decirte francamente
que miro su retrato para hacer que vuelva
como una resaca todo lo pasado
Sabrás entonces, si después de ésta
no recibes otras cartas encendidas
que he dado aquellas cosas por perdidas
en el fondo de las fotos y que ella
me sigue mirando y yo también la miro
y que tus fotos quedarán sobre la mesa
cuando esté partiendo cuando me haya ido
por un olvido que tal vez recuerda.
TU BOCA DE GAVIOTA COMO UN PUERTO VACÍO
A veces te pienso
dormida
(porque siempre te pienso cosas fáciles)
en una playa cualquiera
lacia como un pájaro
tu boca de gaviota como un puerto vacío
y yo llego
(en los sueños hago lo que quiero)
pienso que tus ojos cerrados se parecen
a redondas flores de silencio
y te los beso
o busco no sé qué polen
en mi ciega sed de zángano
y no te despiertas
y juego entonces
como enjuagándome las manos del mundo
en tu pelo ronco de arena
y te miro la boca
como una gaviota frutal
tu boca lacia en la mansedumbre del
silencio.
Cuando hayas leído esto
sabrás que ni siquiera en sueños
bajo a beberte la sonrisa.
UN LARGO SUICIDIO MINUCIOSO
Nunca te he contado que cuando yo no había
elegido todavía mis pájaros,
vivía en una casa con rostro verde.
Allí fui feliz.
Vivía en el amor sin conocer su nombre
y en mis sueños aún no había puertos.
Pero un día entró un pájaro ciego, con mirada de azufre.
Creo que yo tenía la sonrisa como la tuya,
como un castillo de marfil.
El pájaro voló esparciendo miedo,
salpicando sombras.
Luego nunca pude olvidar la palabra pecado.
Alguien arrancó las rejas de la casa,
profanaron las flores,
usurparon raíces a la primavera,
echaron escombros al río que ciñe aún el terreno
y la cintura del verano no tuvo nunca más guitarras.
No he vuelto a ver la colmena estelar,
la noche de Casuarinas con mil luciérnagas ancladas.
Esas hojas que arrancamos juntos
para palpar el olor del eucalipto, la savia
en voz alta de la hiedra, me recuerdan
el olor de mi memoria virgen sin ronquera aún,
como los pies de un niño.
Y desde que empecé a dejar de rezar,
a perder de vista el miedo y mucho más la esperanza,
desde que mi vida se volvió un largo suicidio minucioso,
no había vuelto a anticiparme
al nombre del amor,
a sorprenderme enamorado,
a encontrármelo dentro sin haberlo hecho pasar.
Por eso me gusta verte.
Decididamente no hay nada
que me guste más.
Saber que estás viva,
contenerte con mis ojos lanzados
insaciablemente hacia ti.
AMO TUS DEDOS DE MIMBRE QUE HE VISTO LATIR COMO PALOMAS
Amo tus dedos de mimbre que he visto
latir como palomas
y tu silencio sin principio
al que no pude asestar una palabra.
Amaré tus cosas (ya lo sé)
una por una mientras sean,
y amaré tal vez, el quizás odio
con que te nombre a lo mejor mi abandono de mañana.
Te amaré como cumpliendo una lejana
profecía,
te amaré y sabré ese desde siempre
con que se esperan sin saber las
cosas que serían
Amo tus mil quizás con que supongo
tus cosas,
y tu tiempo a la espalda que me duele
porque ahora sé que era una espera
que ignoraba.
Amo tu vida azul que no me has
dicho
la piel de tu voz nunca tocada
y esta duda de todo que te vuelve incierta
Amo tus ojos de luna quemada
y de ombligo y remanso o caracol ausente
Amo el lanzazo o la ternura de tu
dedo que apacigua
tu pelo de tormentas y de olas amansadas.
Y esa dócil entrega en que mis mejores
palabras se hacen tuyas y esta
primera manera de hachar como
un náufrago un muro de silencio.
Amo este rito de mirarte a la distancia
y tu tal vez lateral sospecha de miradas.
Amo el estruendo de silencio
en que te callas
y esta aún lejanía que te acerca y te
hace sueño.
LA CARTA DEL OLVIDO
Amiga mía. No sé ni siquiera cómo decirte querida Graciela.
Ya no te goteo de las manos a la hora de la poesía que tu soledad acomoda.
Y sigues tejiendo pariendo o sangrando
pero ya tu voz no me busca
como un barco
—yo me quedo con el humo y la sirena—
que pone más allá la lejanía
que se va y me hace espalda
que pone más acá la soledad de haber quedado o de haber sido partido
olvidado
o ya no más o peor, ya nunca.
Ahora pierdo tu costado
tu tácita presencia
tu sitio regular.
Ya tus palabras no me hacen casa.
Tu barco parte y me regala un muelle.
¡Qué triste amiga no andarte la poesía!
Qué triste el desembarco o el destierro
la culpa o el olvido porque sí.
He sido vaciado de tus cosas.
Tus ritos me derogan, y en la clausura
tu silencio
la manera final y la más anónima de tus palabras
me asuela como la tristeza de no ser
de haber sido y ya no ser.
Ya no doblegamos el imperativo de los astros
los astros nos preceden y ya no nos esperan
para no equivocarse.
Ya somos obligados y libres en nosotros como en una jaula redonda.
Nuestro albedrío no excede nuestras manos
nuestro sueño.
Abrimos la reja de los pájaros, como para irnos
y nos quedamos.
Somos peceras y somos los peces de adentro.
Y nuestra libertad redonda o cuadrada
o qué más da si mensurable
está crucificada cuatro veces por cadenas.
Amiga, hicimos una ruta
y éramos testigos.
Ahora nos volvemos y la tierra se quema.
¿Cómo señalar el regreso?
Es cierto
el que encuentra una razón para volver
ya no parte por lo mismo que se fue
y, sin embargo, ¿quién tiene la razón de desandarnos
de evacuarnos el recuerdo
de nombrarnos con olvido como lavando el veneno
o cerrando con tierra por las manos
puñado por puñado el pozo y el abismo?
Ya no será el desierto alrededor.
Ya no hay alrededor.
La arena pierde el cerrojo el vientre o la garganta.
La arena toda.
Ya no somos el agua la fantasía el espejismo
el pozo o el aljibe.
¡Qué raro haber sido! Es como conocerse en otro.
Y aquí hemos sido porque recién se ha sido cuando se fue.
Y yo amigo de verdad amigo
de verdad aunque no tuve la rosa
la fruta, como tuviste la rosa y la fruta y la bandera
te hice mi casa de poesía sin poeta
con la flor por adentro de la tierra
y el hormiguero que te hacía mi garganta
—como el agua en la arena del silencio—
aún te llama
aún te canta o te levanta
con ronquidos, con voz de palo sucia o ensuciada
aunque ya no me espere tu voz que me dejó a la espalda
aunque me haya atrasado a tu costado y tu tristeza.
Hoy te busqué
me busqué por los jardines de tu canto
revisé las tumbas y las cruces como el último muerto que se busca en la tierra ya sin tiempo
en los soldados de la guerra final sin derrotados
y no hallé mi nombre, no hallé mi tumba ni mi muerto.
Como si no me hubiese llamado o no hubiera sido nunca.
Un día hallarás mi carta del olvido
esperando que tú también te vuelvas sobre los jardines.
Tú tienes una flor y una campana con tu nombre
pero no hay tumba ni partida bajo tierra.
Allí me asumirán los siglos
esperando que me halles en la espera
hasta que leas esto o hasta que no vuelvas.
TENGO UN SUEÑO PARA TI
Para tus uñas como olas detenidas
para tus párpados de sepulcro y uva rota
para tus rincones que no descifra el sueño
para tus encías de sandía y tu seno
de miga
para tus dedos de caña y de guitarra
para tu silencio después de tu palabra,
para todas tus maneras que yo ignoro
para las cosas más simples con que eres
para tu olor madurado y tu ensimismamiento
para ellos tengo un sueño, una
palabra y una costumbre que no
empieza
Y TODO SERÁ MI PAÍS COMO UNA ISLA CONQUISTADA
Arrasaré tus territorios de silencio
con teas de alaridos
y amansaré tu hermetismo huraño y temeroso
como inventando contigo algún lenguaje
primero
y esperaré sentado ante tu tierra
como un labriego
Lavaré de sombras tus recodos
y responderé con tu verdad mi incertidumbre,
y ahuyentaré el pájaro de miedo que te
habita para que, niña, llores o
retoces instintiva
Acurrucaré una palabra tierna en tus
zaguanes
enjuagaré una mano en tu pelo
silente
Amamantaré tu silencio que yo mismo
clausuré, y callaré con él,
porque habré arrostrado tu manera y arredrado
tu hermetismo,
y todo será mi país,
como una isla conquistada.
Al pie de tu sangre vertida,
erigiré los momentos de principios,
y ante mi sudor llorado,
blandiré mi tesón que será fervor y devoción
mañana.
Aprenderé a Dios en ti que lo descubres en mis
cosas,
y seremos mutuamente tú,
en un nosotros completado.
Luego diremos el amor y el tiempo,
clavaremos estacas
y las proas desenterrarán las oquedades del
hambre,
gritaremos en las bocas de las catacumbas
y anticiparemos historias.
Tildaremos planisferios,
el beso sedentario aprenderá la ruta
del salvaje y místico calvario
El viento o río blanco se enredará
en las cúpulas de ventisqueros.
Se enrollará como una bandera de la
espera o un primer heraldo del otoño claudicado
correrá un barco de víspera
por la sonora vena,
y la vigilia tendrá un rostro imaginario contra un
puerto.
LAS MANOS DE TANTO OLVIDO
A veces un viento de soledad me pasa
entre las manos.
y recoge de mis oquedades
esa larga espera y sueño
de aunque sea hacer buches
con las hebras de la brisa.
Es una manera de vejez.
Todo ha quedado
y el polvo
tiene en las cosas olvidadas
la extensión del más acá
después de una última vez.
¡Si las últimas veces se supieran
de verdad
dimitiendo sueños
y cerrando eternamente ventanas
de vigilia!...
Pero es una como todas,
con una espera infinita
que no espera.
Ya nada llegará.
El viento ha muerto
y las manos como hélices
de molinos acalambrados
están tendidas
, árboles mutilados
con rictus dolorosos y de asombro
en las ramas detenidas.
El mar ha bajado
aquí sobre mi arena
de playa con recuerdos que parecen
fantasía
los barcos secos
—que nunca echaron anclas
de renuncia y paz
pero que no auscultarán ya el
pulso de las olas—
los barcos muertos,
las manos
de tanto olvido
que casi ignoran los senderos
de la piel
las manos untadas de silencio y
delirio
que ya no podrán acariciar
que tienen para la caricia
la carraspera hostil
del pan viejo y la madera
y que sin embargo
revolotearán otras frentes
austeras como las vasijas
y aprendidas como la ternura
que mienten
los que ya no pero que deben
amar todavía.
UN MURCIÉLAGO DE SOMBRA TE DESCIFRA LOS SUBURBIOS DEL MIEDO
El acoso de mi imagen
te propaga en los
lugares infinitos que te ahuecan
hacia el sueño
un murciélago de sombra
te descifra los suburbios del
miedo.
Donde el paso fatigado claudica
la persecución del infinito
comienza la duda de tus márgenes
y más allá el eco te responde
como un pájaro de diluvios
que averigua tus orillas.
En tus recintos con palomas resumidas
el grito va a buscar sus alas en el
eco
recoge las viejas alas y canta.
Eres sonora de silencio como un templo
y en ti hace casa y puerto mi
palabra.
Un día apoyaré el fuego en la leña
de tus manos.
y la sangre que se alarga y medra
en tus laberintos
tiritará con palomas de campana
De tus dedos de caña humeará
el olor del pasto
como un incienso bueno
y el pelo silvestre
tendrá nudos de agua
Los caracoles de tu oreja
tragarán tormentas
porque desde ellos
tocarás mi alma.
Seremos poco a poco
entre los dos nosotros
y dejaremos el rastro de las veces
que nos morderá la espalda.
Hasta que un día un hijo
de miedo te ensanche el
pensamiento,
y yo apague
(para culminar un
rito)
un dogma de fogata,
y me arranque
el pasado de la
espalda,
y te deje con cenizas en
las manos.
y campanas sin domingos
en las venas.
TU ROSTRO DE EXILIO QUE MERODEA
Desmantelo tus altares
estatua por estatua.
vez por vez
vuelvo un solo antes arbitrario
la historia renegada
Y dejo tu imagen
como sólo un hueco
donde pensar un rostro
nuevo
Pero la noche
recupera
tu rostro de exilio
que merodea
en mi recuerdo sin destierro
LAVARÉ UN PÁJARO DE MIEDO ENTRE TUS DEDOS
Antes de morderte el pelo con las
manos,
lavaré un pájaro de miedo
entre tus dedos.
y acostumbraré
mi silencio a tu silencio
para que baste tu paz
para mi enmimismamiento
ENTONCES AMOR MÍO
Cuando seas apóstata del mundo y yo sea la verdad
cuando desde el pie del alma yo te crezca como un himno
y te desnudes del pagano rito de fingir ante los otros
cuando me hables con la voz descalza y con los ojos limpios
Cuando tras la espera sin barcos seas capaz de buscarme
abolida la mentira de callar con mil palabras
cuando un imperativo presentido te pregone en la sangre
un índice divino: es la persona esperada.
Entonces amada mía arrasaré tu coraza
mutilaré tus candados y venceré cerrojos
y amansaré con ternura tu marea desbocada
para clavarte mi rostro al otro lado de los ojos.
Y arrodillaré mi voz a tu silencio azul como una estaca
para que amarres tus primeras palabras como barcos
y amordazaremos el mundo que nos gritará por las ventanas
para aprender a callarnos con las manos
Y tus manos de pan y tus manos de gaviota
y las mías roncas de remar en tu mutismo
mitigarán tanta espera clausurada y rota
con esa mansa ternura que nos hará uno mismo
Ámame entonces con devoción de abeja
encenderé mil velas en tu sótano que es templo
y enjuagaré en tu pelo mis manos, para amarte
como quiero que me ames; en silencio.
ANCHAS NOCHES SONORAS DE MÍ MISMO
Te nombro con silencios
y con soledad de un solo principio.
Te toco con espacios vacíos
como acercándote mi costado
al sueño de mi vigilia en que llegas.
Anchas noches sonoras de mí mismo
son inexorable oficio cotidiano
por eso noche a noche te acomodo
ese rostro sin facciones y sin rictus
(esa manera de poder ser tú
cualquier primera)
Nada me sorprendería
Podría aprenderte como
desenterrando rostros que fueron
Todo puede ser tú, si paso sólo
a recoger tu nombre.
ESA ETERNIDAD DESDE MAÑANA
Te he despreciado tal vez como si sólo pudieras ser apariencias y no obstante golpeé todo lo que pude para saltarte la pintura, para hacer un lugar en tu coraza y poder mirar el frío y el miedo que abuzan por adentro. Entonces me encontré. Como si tu segunda defensa fuera pintarte de espejo debajo de tu primera apariencia. Me encontré y me sentí solo rodeado del miedo de haber entrado imprudentemente, en el que comprendía era mi último minuto, mi último sitio, como alguien que comprende en un salón de espejos que lo acaban de matar.
Cuánto tiempo, tal vez la eternidad, para presenciar la propia muerte.
_____________________
Y qué estamos dispuestos a decir, sino nuestros propios parapetos. Hacer un caracol de grito y escondernos. Topos en nuestra propia garganta indescifrable. Y las cosas siguen en pie, fantasmas impalpables, como asir las ideas con palabras.
Y las cosas siguen en pie, mientras haya alguien que las piense.
(El pensamiento es una manera de existir que no se repite.)
Pero decimos diariamente como haciendo camino hacia nosotros que nunca termina.
_____________________
El silencio es un sitio para cualquier palabra. Allí esperamos siempre.
_____________________
Cada día te digo adiós, cada día me despido de algo tuyo, cada cosa nueva es un nunca para nosotros.
A veces no sé si contribuir a las ocasiones es imprudencia o no hacerlo es cobardía.
Abrir un ciego cuando todo lo visible es espantoso, en un rostro bajo la mano fundamental como una red o un buzo.
A veces se naufraga, se pierden los hitos, los árboles que numeran el camino, alguna cosa cualquiera que sea otra y nos pueda un rumbo. A veces se ciego todo como la nada.
_____________________
Qué más da si llego o si parto, si soy o me imagina. ¿Qué es una línea a partir de nada? ¿Qué importaba entonces saciar mi vez en dos? Me sentí transparente como una hache.
LOS HORMIGUEROS DEL AGUA
I
Algo cayó, como un signo
se acomodaron las palabras
actitudes fantásticas del silencio
como las íntimas luciérnagas de los ciegos.
¿cómo desmentir lo que se sueña
con la voz y las manos que me sueñan?
II
Caíamos hacia arriba. Estatismo infinito de
lo que nunca llega.
Cielo remoto.
III
hacha de estrella en la piedra
potro cerrado
fuego de música vacío
espacio innumerable de la nada.
IV
a la orilla
De tu savia nómada como el verano
fui degollando flores
que se convertían en mariposas.
V
Perdido el tiempo de recoger actitudes
de alguna mañana que me exista los ojos
sentenciado a sal
de barro proverbial
descifrado
o templo desmentido
la trinchera abandonada
el acecho sitial de los ojos de un muerto
rictus infinito que no desmentirán los gusanos.
descifrado.
VI
Pero un espejo no me responde
y no hay testimonio indudable.
VII
Puse dos espejos paralelos y sin finitud
andaba el infinito por afuera.
VIII
Interrumpir el infinito interceptado
al medio de dos espejos con mi cabeza
que busca lo inalcanzable.
IX
era un salón con una pared de espejos, Cuando yo dejé de mirarme
(tenía cara de tristeza, recuerdo) vi que había
otros, que se miraban y veían casi sin disimulo
Entonces yo también me reí.
X
Cuando haga sombra mi sombra
como un silencio pleno de palabras
cuando ya sea silencio en todas partes
silencio sin principio
de lo incomenzado
como la sombra de nadie
historia vacía
que no acorta el tiempo
cuando me vientas
XI
Abro todas las ventanas que conozco
pero no llega el viento desconocido.
MI FANTASÍA MÁS REAL
desde aquí mi adorada azul
tengo la noche al hombro y una luna de sangre a media asta
he perdido la voz como la dulzura de las manos en las piedras
y mis telares vacíos se levantan de invierno hacia el horizonte de los labriegos partidos
desde aquí
soy
busco y donde el mundo pierde las palabras y las manos
levanto tu imagen que es mi soledad
las trincheras profieren las batallas
las esquinas deponen su pavor de fuga
y huyen las ciudades
también los silencios y los cementerios
huyen de cal o de terror frontal
hacia el espanto
hacia el silencio vivo donde se pierden las palomas mensajeras
los muertos no tienen la culpa de su sangre
las hormigas se agremian en los vientres dulces
feroces
finales
para siempre
bullen relámpagos desiertos en las catacumbas quietas de las sangres y yo no estoy quieto de sangre aún
no acabo
y sigo con el rencor de las solas medianoches atascando el dolor de mis cerrojos como un sabor a la mitad del cuello
de vino
de náuseas y de beso
aquí
desde aquí
crucifico mi abismo vertical sobre la tierra
remoto grito sin raíces que viene de la profecía que se duda o se pregunta cada día
mejor será dar paso a los ratones
taller ansioso del olvido
donde el sueño pierde el rastro contra el vino
de la tarde que pierde testimonio
hoy peregrino de mi suicidio de silencio recorro mi ermita sin estrellas con la noche al hombro y el hambre de las manos aturdido sobre el pan de los espejos
venía desde otra orilla
el día es siempre aquí
la hora es siempre ahora
y porque tengo todavía todavía
todavía vive mi despojo de garganta como un obstinado suicidio en golondrina
porque el mar es más extenso que las alas
yo sí he sido feliz queridísima azul
pero recién lo supe hace un rato
se sienten ganas de atravesar la lejanía y acercarse a la carne para amamantar la imagen
fui feliz una vez
hace dos días cuando terminé de leer tu carta y estaba lleno de sol como una iglesia de cristal en el medio del verano
la alegría se me caía de las manos y todas mis abejas visitaban tu imagen de manzana
un himno de sol resucitaba
tu tristeza fue mi lámpara
como un alto faro en la tormenta
gracias por ser buena
por mi mano que se vuelve pájaro para volar hasta tu distancia
gracias por tu tristeza que se da la mano con mi honda soledad sin testigos
yo soy tu amigo desde el silencio y desde este grito desbocado
como un mar borracho desenfrenado de luna
que te busca y te encuentra
más allá de la angustia y de la hora sola
yo te quiero porque tus veces están donde yo existo
porque pasamos a recoger el nosotros
donde esperaba la profecía que nos nombra
yo te quiero porque mi verano crece de tu hondo sol donde no se bañan otras manos que las mías
por eso me gusta enjuagar mi silencio en tu silencio como haciendo corazón con nuestras manos
atravesamos la noche para encontrarnos a la mitad del sueño
deponemos larga historia de cerrojos para abolir la lejanía
y estamos aquí desde aquí y desde siempre con ayer y mañana caídos hacia nosotros que nos damos las manos como un beso demorado desde el largo miedo
el sol endereza nuestros recodos y sin pasar por el mundo mi alma cae a tu alma como la dulce lluvia de tu voz recuperada
sobre nuestra savia que se enreda en sangre somos dos tristezas derrocadas y una sola alegría iluminada que nos llama
por eso te quiero
y porque te querría igual desde tu propia y sola existencia
hoy que existes en la soledad que no me deja solo
todo mi vacío se llena de presagios
y estoy aquí anticipando tu mirada desnuda
desde lejanas tumbas que se descalzan en tu garganta para soltar amarras a tus palomas que me llegan como te buscan desde hoy las mías
abro una puerta que no se ha cerrado nunca y encuentro nuestras manos que han estado juntas desde nosotros como dos horneros consagrados de barro
mi beso se te acerca como una abeja recién empezada
para inaugurar el rito de comerte la sonrisa y la tristeza
INVENTARIO DE SOLEDAD PARA MI CULPA
No quiero acarrear estos puñales
suministrar alas heladas
ni amputar sueños.
Todos somos el derecho de todos
mientras yo festejo nuevas anclas y brújulas nuevas
tú vas por la casa recogiendo fotografías.
Yo te quería tal vez
tal vez te quiero todavía
tal vez tantas cosas todavía.
Tú estás lejos enhebrada por pasillos y trincheras
por ventanas que la mañana moja
con sábanas infinitas
y yo estibo en mi garganta este árbol de clavos
yo llevo tu muerte
en mis manos que lloran y tiemblan
porque querían ser golondrinas.
Amiga
vieja compañera
mi amor no puede sucumbirte
pero se me escapa del alma.
Esta impotencia de redes
esta agua que se adelgaza entre los hilos
Cómo puedo morirte sin muerte?
cómo puedo vivirte sin morir?
Hay volcanes que tiran de mis ojos
como toros empecinados
hay timones que llueven sobre mi corazón.
Yo te quería.
Y hasta a veces me lamía sediento las heridas
y vigilaba anhelante las espuelas
de nuestras batallas.
Recuerdo nuestra cama
la última
como un barco
tal vez como una mesa sola en una casa sola
recuerdo tu espalda
tus ojos distantes
tantas veces mi mirada naufragada
mis huidos cuadernos
mi fulgor de ceniza
mi ronquera de rincones
recuerdo una por una
cada cosa.
La geografía de mi memoria
se echa a dormir en las bahías de tu cuerpo.
Y yo no quiero dolerte
yo no quiero las palabras del olvido
esas que amordazan los antiguos poemas
las que arrasan el amor con el nombre nuevo del amor.
Yo no quiero pisoteando borrar con pies desaforados
aquellos caminos esenciales
aquella amada piedra
el árbol sospechoso
el primer jardín de las distancias.
Durante tanto fracasado milagro
durante tanto extravío he querido quererte
tal vez lo conseguía
he querido juntar en un retablo amanecido
los pedazos indescifrables de mi alma en ruinas.
Y en ese inventario de turbias demoliciones
de escombros de suicidios a los que llegué tarde
tantas veces no encontraba mis pies o mi nombre
o equivocaba el orden de mis dientes
y ponía esa incriminada golondrina
en el lugar sonoro de mi corazón.
Estas páginas son siempre las sábanas del amor
las de los pies fugaces de mi boca.
Y en una ráfaga de agonizadas palomas
veo aquel denodado poema
la letra vegetal del amor que se hinchaba
veo aquella estrella hecha de beso
el muelle tanto pan y algo ventana de la espera
en que nos dábamos la mano para tantear al hijo
que venía
y vena
por tu cuerpo
con su inmóvil galope de duraznos
su naranja de terremoto
sus manos que se han hecho pequeños barquitos de papel.
Perdona que no ponga si lloro mientras escribo.
El canto de la muerte es en silencio.
Yo sé que a veces creías que por vertederos finales
y cerrojos
amainaban esas cartas y esos lejanos meses de lejanía
y esas fotografías ocultas que te dolían silenciosas
en algún cajón
donde se guarecían monstruos
y venenos
y nombres prohibidos.
Yo sé que a veces detrás de mis desnudos antifaces
sentías gemir
crujir
jadear
o suspirar los tallos que se iban despertando
y que contabas con genital paciencia
como las de aquellas plantas que eran casi flores
las hojas nuevas que recuperaban mis pupilas.
Yo sé de mis trincheras
de mis uñas
de mis agónicos recodos
sé de algunas palabras
que se escapaban como humedad o promesa
de esas intrincadas olas del asalto sin besos
de la espuma a veces solitaria
de los arcos iris que no tenían suficiente cielo
y de las otras playas extáticas a veces
donde entre viejas resacas íbamos reconstruyendo
con ansiosos dedos y clavos de saliva
el barco de nuestro primer naufragio.
Todo lo sé.
Sé que las flores serán las de un desierto.
Sé que te di una paloma herida que cuando trató de volar
abrió su tajo en llamas y te mojó de sombras.
Te dije que vinieras y te dije que no vinieras
te regalé las llaves pero clavé la puerta.
Qué puedo hacer.
Cuál es el primer día del fracaso?
cuál es el límite de la derrota?
hasta cuándo se golpea
hasta cuándo se uñas y muñones
en este derrumbado túnel
sin salir o morir?
No volvimos a preguntarnos por los anzuelos primeros
por aquel zarpazo de nombres que entró o entré
como una inundación en la casa de nosotros
derrumbando sillas y mordiendo retratos.
O mejor no volví a respondernos.
Fui de nube o peor de humo
anduve escabulléndome como un fusil
con la promesa debatiéndose y la traición furtiva.
Tu dolor me duele con páginas vacías
con días que no supe que iban siendo despedidas
tu dolor me sube como un candado y me muere
me escupe la voz con flores de raza equivocada.
Tu dolor soy delito y sacerdote del otoño.
Pero hay caminos que estallan las anclas
una marea de caminos
una marea alta
una noche de faros ululantes y tiniebla a gritos
y yo zarpo como naciendo o muriendo
y te arranco de cuajo la memoria.
¿Cómo pedirte perdón
con qué palabras
con qué caricias secarte la casa solitaria
con qué besos enjuagarte los besos que no quedo
con qué olvido no haber sido
con qué recuerdo quedarme?
En mí se trama una rosa de desiertos
un nudo de ebriedades sin Dios ni horizonte.
Tantas veces parto
tantas veces apenas llego y apenas parto
después de tanto apenas vuelto.
Tantas veces mi hijo me ata la sombra
con sus atroces juguetes
y me fusila con su voz de colibríes
con su voz pequeña de candentes precipicios.
Tantas veces.
Tantas y estas fotos con que me suicido de a poco.
Este minucioso veneno
qué puedo hacer
cómo quedarme este espantoso equipaje de cuevas
metido siempre hasta los ojos
en mis cuadernos de pozos o trincheras.
Yo quisiera llevarte la mañana
un racimo cotidiano de canciones
y esas rosas que hablaban rojamente
como un pan de velas encendidas
pero te llevo la ronquera de mis manos
mi voz que tropieza
y un espejismo de días sin bandera.
Quise fundar mi memoria
deponer mis lejanías
redimir mis huellas
rendir mis salados recovecos
decirte un día
después de tantos días
que ya había vuelto
darme cuenta de tu mesa congregada
y apreté los dientes y cerré los puños
y contuve el aliento de mi arreciante podredumbre
pero te clavé de desertadas canciones
te crucifiqué de desmentido herrumbre
con altares disfrazados
con cadalsos que tenían voz de sirena.
Tal vez dos muertes no sea bastante
mis pezuñas criminales devastarán cada cúpula sagrada
cada almena depuesta
cada arco de rosas que se te haya caído en la batalla.
Y yo quedaré herido con tu espera
con tus rosas de nuevo
con tu traicionada primavera.
Y yo quedo herido pero no me muero
y mi herida es culpa
y mi dolor tendrá sonrientes espejos
cuando no quiera verme frente a frente
con el cuchillo ensangrentado de luna
y el poema ensangrentado de silencio
cara a cara con el crimen.
Un día en nosotros fueron todos los ovarios de la tierra
telares de alba nos buscaban la lengua
carcajadas de lava levantaban nuestro aliento
desatados ríos acarreaban
la primavera hasta mi cama sin cenizas.
En el pan nos encontrábamos y en la campana
y el aburrimiento no andaba socavando ni enmoheciendo.
La rutina no lamía las cosas que sostenían el día.
¿Cómo decirte que ahora sí.
Dame tu herida como una sonrisa
para poner mi puñal como una rosa.
Cómo puedo no terminar esta carta
con aquella misma estrella
cómo besar la frente de nuestro hijo
yo cómplice de la noche
polizón de la puerta.
Cómo martillar su mirada desnuda
con mi espalda turbulenta de nuncas?
¿Cómo cambiar tu nombre por el de una hermana
cómo darte de beber estos andenes
cómo asestarte este puñetazo de lágrimas
cómo decirte estas equivocadas brújulas
cómo pedirte que guardes
los zapatos viejos de mi historia?
No me voy de tus altares a otros templos
mi boca no trasborda nombres
mis sueños no se visten de nuevos lenguajes.
Me he quedado sin Dios
eso es todo.
Ahora ya sé que no puedo construir a Dios con sólo rezos
a pesar de que nunca tuve palabras suficientes
ni manos apretadas suficientes
o que ahora nunca las habría tenido.
Pusiste en el teléfono tu voz
como una ofrenda
como una mansa llamarada de campanas.
Yo les arranqué el domingo
les amputé las alas
te escupí la lengua con ronquera.
Siempre el mismo labriego de flores venenosas
de cosas con las que no se puede hacer pan.
Ahora necesito quitarme la coraza
ser mucho más víctima
decirte que lloro
ser menos culpable
estar un poco loco
tener olor a sonámbulo
pasearme por nevadas cornisas
abrir la boca para que entre
alguna herida a raudales.
De par en par el silencio
para tener alguna lápida
que llame a los que vendrán a perdonarme.
Y sin embargo no comprendo el perdón.
No sé siquiera si edifico en esta página
un espejo
si le escribo esta carta a mis insomnios
a mi conciencia
si quiero demorar la copa clandestina
la azotea que se derrama sobre las sirenas
los sueños desterrados.
No quisiera ser el turbio sacerdote
la ritual cicatriz
la canción que se condensa y lava.
No quisiera ser mi absolución.
Quiero bayonetas ladrándome
jardines ladrándome
arrojándome puñados de sequía
conminatorios hermanos
sin sillas para mi destierro
un inventario de soledad para mi culpa.
No soy un emigrante
prófugo de la tierra
gangrena planetaria.
Pero antes de irrumpirte esta carta
antes de estallarte la boca
de hacharte los ojos
y machacarte hasta la última ceniza
quiero dejarte el mapa de mi cueva
el itinerario de mi despavorido escondrijo
para que si un día
amaina mi crimen en tu carne
y puedes enterrar también
las cruces de tu cementerio
vengas a mis costras sobrevivientes
a encontrar al amigo que también fui
nube
que tampoco claridad
que ni siquiera pañuelo.
He releído esta carta durante la que mi boca
no tropezó
ni acampó para secarse el sudor.
Apenas alguna ventana del avión
el tórax americano
disminuido bajo la altura
como una dentadura de piedra.
Montañas desencadenadas
cráneo
mandíbula geográfica.
No podía detenerme
borbotones de lámparas envenenadas
se me desmoronaban por dentro
y caían al renglón amigo
al silencio ordenado
e inventariado en blanco.
Hay en los hombres la misma
fatigabilidad de la tierra.
A veces se cambian las semillas
a veces se amamanta el polvo
con sus propios hijos
como las gatas que se comen la placenta.
Y a veces a pesar del sudor
de las tempranas fatigas de las lluvias
y las nobles semillas
la primavera sopla en la flauta terrestre
pero la canción de espigas no brota.
Es entonces cuando el terreno está ronco.
Los cardos andan recuperándome el alma.
Con esto no digo
que ninguna flor es cierta
o que no podríamos poner
los mismos cardos
en un jarrón
sobre la mesa.
Digo que la arena me intenta
que la piedra me interrumpe
y la aridez logra mis vetas.
No quiero los nombres
cotidianos del amor
para nombrar su muerte.
Sería demasiado doloroso.
Amiga
yo tengo esta enfermedad de tinta
y a veces la piel de mi alma
se oculta debajo de mis costras
se esconde en el agua de las ampollas
bajo el pus enmascarado de las pústulas.
Tú lo sabes
has deletreado mi boca tantas veces.
No puedo emprender este lanzazo
sin disfrazarlo de paloma.
Voy de carta en carta
de nombre en nombre
de amigo en amigo
de recuerdo en recuerdo
palpando a tientas
el óxido y el terciopelo.
Hablo a los amigos con que hablábamos
lloro sobre nuestro cubrecama en mi memoria.
Les sonrío a las macetas del balcón
a través de la distante ventana.
Estoy solo en esta culpa
como un cáncer de carbón en una napa de oro.
Y no sé mentir ni decir la verdad.
No puedo quedarme ni partir.
Lloro o sonrío
le hablo al espejo
al aire
me miro la memoria al espejo
me miro el crimen y el silencio al espejo
me miro la vida y el futuro al espejo
sonrío o lloro
es la única imagen que recojo.
Si pudiera haberte regalado muchas más flores
flamantes puñados de canciones
una camisa de besos para tus hombros
donde hacía pie la tarde...
Recuerdo cuántas veces volvíamos de la rabia
con espuma de cuchillos en la boca
salpicando gritos derretidos aún
y de repente la espuma era de súbita flor
los gritos eran súbitamente tules que volaban
y deponíamos esa especie de odio indesterrable
escondiéndolo bajo la alfombra
detrás de algún párpado
o entre las muelas junto al musgo del tiempo.
Recuerdo cuántas veces
estuve por escribir de nuevo
la palabra amor
y mi garganta se agachaba
o se quebraba en el aire
como un barrilete roto
y te decía apenas una mirada esquiva
un recodo en la boca.
Nunca habré sabido dónde empezaba esta carta.
Tal vez en algún descuidado ademán
en un borbotón de murciélagos
cuando vigilábamos mariposas o atajábamos
guitarras con el pecho.
No lo sé
no lo sabré.
La vida es un laberinto sin retroceso.
La piel de la tierra era toda caminos.
Tuvimos pies para éste.
El destino era cualquiera
y emprendimos esta memoria
con lentitud de empecinados dientes.
Y aquí estamos ahora.
No puedes mirarme a los ojos.
Te llamo para que lo hagas
para que precipites tu última herramienta
tu último anzuelo ávido.
La vida no nos permite
una vuelta de pista preliminar
un recorrido estudioso.
¿Cuántos errores nos quedan-amos
por nacer o morir?
Yo no lo sé.
Ayudémonos a alguna paz cualquiera.
Yo siento que llegamos
a la cima de nuestras manos
a la cúspide de nuestros almanaques.
Aquí nuestro camino cae bifurcado.
Nos queda un único cauce común
la única vaina donde esconder esta ceniza
nuestro hijo.
Él es el guante que guarda
nuestras manos juntas.
Qué más puedo decirte?
Es cuestión de decidir.
Decidir quedarnos o decidir partir.
Decidir durar o decidir decidir.
Y yo tengo miedo de saber
que ya he tomado mi rumbo
que ya he echado a andar el viento
que mis velas se hinchan y tiran
y que el tiempo ya me da la nuca.
Quiero un último tramo de espejismos
para arrancarme si es preciso las manos
buscando el agua en nuestra arena.
Por eso quiero que vengas
para que la tal vez última vez
no haya pasado inadvertida.
Caminar por un muelle como un ciego sin saberlo
es un poco lo que no habría pasado
no es justo resbalar.
Debemos arrojarnos o permanecer de pie.
No elijamos la cobardía del tropiezo.
Ya tanto ha sido casualidad.
Yo no quiero darle llaves al destino.
Soy yo el jinete de mi vida
timonel y fogonero.
Subámonos a la locomotora aunque sea sangrando rieles
pero mereciendo el rastro que dejamos
aunque sea de escombros y gangrena.
JORGE LEMOINE Y BOSSHARDT